Donnerstag, Februar 08, 2018

Deus Caritas Est. Cantar de los cantares

Toda esta semana, poco a poco, estuve leyendo la encíclica del Papa Benedicto XVI, Deus Caritas Est, Dios es amor. La verdad desde hace tiempo que yo había conseguido el librito que contiene este hermoso documento pero no me había dado la suficiente oportunidad de leerlo.

Desde hace días o semanas yo quería hablarles a los muchachos de preparatoria sobre esta carta papal y hablarles sobre el amor de Dios. Mi idea era realizar una presentación en PowerPoint, pero quería hacer algo muy atractivo, algo que los atrape.

Por varios días estuve buscando formatos de diapositivas que me gustaran. También quise encontrar algún sitio de internet el cual ofreciera el servicio de realizar presentaciones en línea. De este tipo sí encontré varias, pero sólo una página me gustó mucho: Canva.

Para registrarse a la página es muy sencillo. Puedes hacerlo con tu cuenta de Facebook o tu cuenta de Google. Yo lo hice con la segunda opción. No te cobran por usar el material presentado en la página; aunque sí hay elementos que sí tienen un costo, y si se tiene la intención de descargar el material, te querrán pedir realizar un pago para ahora sí poder accesar al documento creado.

En cuanto a la encíclica, no la terminé de leer. Ésta está dividida en dos partes. La primera trata sobre aspectos filosóficos o religiosos del amor y de sus distintos tipos, especialmente, el Eros y el Agapé.

Claro que hubo varios detalles donde vimos nosotros los coordinadores del grupo (Gaby, Iván y yo) en los cuales debemos poner más atención y evitar cometer errores, para tener mejores resultados y hacer una junta más enriquecedora.

Primero que nada, esta semana aprendí que para utilizar un salón, el cual no se tenga asignado oficialmente, se debe pedir un permiso a las oficinas parroquiales. Ya con este permiso ahora sí se puede usar el aula que se haya pactado. Más tarde algún guardia en turno pasará por el pase para asegurarse del uso correcto del salón.

Otra cosa que aprendí fue que hay algunos salones que ya incluyen su propio proyector. El detalle es que éste no trae los cables para ser habilitado. Los cables se deben pedir al mismo guardia de los pases. Esta noche, al desconocer este detalle, nos vimos obligados a no poder proyectar la presentación y tener que mostrársela a los muchachos desde la laptop de Gaby a unos pocos metros de distancia.

Y otro detalle que nos dimos cuenta, es que el tiempo pasa muy rápido, y no podemos permitir que se nos vaya el tiempo en platicar o hacer cosas que no estaban contempladas para la junta. Ésta en sí comenzó cerca de las 8:20 pm, cuando debimos de haber comenzado a más tardar a las ocho de la noche, no después.

Espero algún día yo tener mi propia computadora personal y mi proyector. La verdad me gusta mucho enseñar, dar temas y preparar las presentaciones. Me gusta mucho porque ahí es donde soy escuchado y puedo expresarme ampliamente y compartir conocimientos.

Para la junta, además del tema Dios es amor, Gaby tenía pensado realizar una o dos actividades de integración. Pero mientras yo estaba en el cibercafé i24h de la plaza Belén, frente a la parroquia, se me ocurrió una gran idea.

Dentro de la primera parte de la encíclica, el Papa Benedicto XVI, hablando sobre el eros y el agapé, menciona el libro bíblico del Cantar de los cantares. Fue así que me dio la curiosidad de investigar qué tan largo era el libro, pues en toda mi vida no lo había leído.

Lo busqué por internet, pues hoy yo no traía ninguna biblia conmigo. Ya en un sitio católico, descubrí que este libro lírico consta de ocho capítulos, los cuales no son largos. Es así como se me ocurrió una idea:

¿Y si leemos el Cantar de los Cantares?

Sabía que este libro era algo controversial, pues se toca el tema de la pasión, de lo erótico. No quería cometer el error de poner a leer a los muchachos algo que pudiera ofenderlos o molestarles, especialmente a las chicas.

Lo leí capítulo por capítulo. Seleccioné los versículos más tranquilos, sin tantos detalles sensuales ni corporales. Y asigné ciertos versículos para que fueran leidos por las mujeres del grupo, y otros versículos para los hombres.

Me dio gusto que los muchachos sí cooperaron con la actividad. Claro que fueron un poco irrespetuosos porque se burlaban continuamente al escuchar a los demás decir tantas cosas románticas o melosas, además de encontrarse entre los versículos algunos detalles muy eróticos o simples, a pesar que estábamos leyendo la Palabra de Dios. Aunque tampoco los culpo, pues la verdad yo también me reí junto con ellos.