Mittwoch, November 09, 2022

La purificación del Templo.

Del evangelio según San Juan
Jn 2, 13-22

B. La primera pascua

La purificación del Templo.

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Entonces hizo un látigo con cuerdas, echó a todos afuera del Templo, con las ovejas y los bueyes, desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los vendedores de palomas: «Quitad eso de aquí. No convirtáis la casa de mi Padre en un mercado.» Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito:

El celo por tu casa me devorará.

Los judíos entonces le dijeron: «¿Que signo puedes darnos que justifique que puedes obrar así?» Jesús les respondió: «Destruid este santuario y en tres días lo levantaré.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se ha tardado en construir este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del santuario de su cuerpo. Cuando fue levantado de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de esto que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había pronunciado Jesús.

Salmo 46 (45). Dios con nosotros

Salmo 46 (45)

Dios con nosotros

Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Para oboes. Cántico.

Dios es nuestro refugio y fortaleza,
socorro en la angustia, siempre a punto.
Por eso no tememos si se altera la tierra,
si los montes vacilan en el fondo del mar,
aunque sus aguas bramen y se agiten,
y su ímpetu sacuda las montañas.

(¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
nuestro baluarte el Dios de Jacob!)
Pausa.

¡Un río!
Sus brazos recrean la ciudad de Dios,
santifican la morada del Altísimo.
Dios está en medio de ella, no vacila,
Dios la socorre al despuntar el alba.
Braman las naciones, tiemblan los reinos,
lanza él su voz, la tierra se deshace.

¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
nuestro baluarte el Dios de Jacob!
Pausa.

Venid a ver los prodigios de Yahvé,
que llena la tierra de estupor.
Detiene las guerras por todo el orbe;
quiebra el arco, rompe la lanza,
prende fuego a los escudos.
«Basta ya, sabed que soy Dios,
excelso sobre los pueblos, sobre la tierra excelso».

¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
nuestro baluarte el Dios de Jacob!
Pausa.

La fuenta del templo.

Del libro del profeta Ezequiel
Ez 47, 1-12

La fuente del templo.

Me llevó a la entrada del templo, y observé que, por debajo del umbral del templo, salía agua en dirección a oriente, porque la fachada del templo miraba hacia oriente. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar. Luego me hizo salir por el pórtico septentrional y dar la vuelta por el exterior; hasta el pórtico exterior que miraba hacia oriente con la cuerda que tenía en la mano; midió mil codos y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros mil codos y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió mil más y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros mil codos, pero era ya un torrente que no pude atravesar; el caudal había crecido de tal modo, que sólo podía pasarse a nado (un torrente que no se podía atravesar). Entonces me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?» Después me condujo y me hizo volver a la orilla del torrente. Al llegar, vi que ambas orillas del torrente había gran cantidad de árboles. Me dijo: «Esta agua sale hacia la región oriental, baja a la Arabá, desemboca en el mar, en el agua hedionda, y el agua queda saneada. Por dondequiera que pase el torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Los peces serán muy abundantes, porque allí donde penetra esta agua lo sanea todo, y la vida prospera en todas partes adonde llega el torrente. A sus orillas vendrán los pescadores; tenderán redes desde Engadí hasta Enegláin. Los peces serán de la misma especie que los del mar Grande, y muy numerosos. Pero sus marismas y sus lagunas no serán saneadas, sino abandonadas a la sal. A ambas márgenes del torrente crecerán todas clase de árboles frutales, cuyo follaje no se marchitará y cuyos frutos no se agotarán: producirán todos los meses frutos nuevos, porque esta agua viene del santuario. Sus frutos servirán de alimento, y sus hojas de medicina.»

Dienstag, November 08, 2022

Servir con humildad.

Del evangelio según San Lucas
Lc 17, 7-10

Servir con humildad

«¿Quién de vosotros, si tiene un siervo arando o pastoreando, le dice cuando regresa del campo: 'Pasa al momento y ponte a la mesa'? ¿No le dirá más bien: 'Prepárame algo para cenar y cíñete para servirme; y, después que yo haya comido y bebido, entonces comerás y beberás tú'? ¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os han mandado, decid: 'No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.'»

Salmo 37 (36). Destinos del justo y del impío

Salmo 37 (36)
Destinos del justo y del impío

De David.

Alef
No te acalores por los malvados,
ni envidies a los que hacen el mal,
pues pronto se secan como el heno,
como la hierba tierna se marchitan.

Bet.
Confía en Yahvé y obra el bien,
vive en la tierra y practica la lealtad,
disfruta pensando en Yahvé
y te dará lo que pida tu corazón.

Guímel.
Encomienda tu vida a Yahvé,
confía en él, que actuará;
hará brillar como luz tu inocencia
y tu honradez igual que el mediodía.

Dálet.

Descansa en Yahvé, espera en él,
no te acalores contra el que prospera,
contra el hombre que urde intrigas.

He.
Desiste la ira, abandona el enojo,
no te acalores, que será peor;
pues los malvados serán extirpados,
mas los que esperan en Yahvé heredarán la tierra.

Vau.
Un poco más, y no hay malvado,
buscas su lugar, y ya no está;
mas los humildes poseerán la tierra
y gozarán de inmensa paz.

Zain.
El malvado maquina contra el honrado,
rechina los dientes contra él;
pero el Señor de él se ríe,
pues ve que llega su día.

Jet.
Desenvainan la espada los malvados,
tensan su arco contra el mísero y el pobre,
para matar a los hombres honrados;
su espada penetrará en su corazón
y sus arcos quedarán destrozados.

Tet.
Más vale lo poco del honrado
que la enorme riqueza del malvado;
se quebrarán los brazos del malvado,
pero Yahvé sostiene a los honrados.

Yod.
Conoce a Yahvé la vida de los íntegros
su heredad durará para siempre;
en tiempo de escasez no se avergonzarán,
en días de penuria gozarán de hartura.

Kaf.
Los malvados, en cambio, perecerán,
todos los enemigos de Yahvé;
se agostarán como el verdor de los prados,
como humo se desvanecerán.

Lámed.
El malvado toma prestado y no devuelve,
pero el honrado se compadece y da;
los que él bendice poseerán la tierra,
los que maldice serán exterminados.

Mem.
Yahvé da firmeza a los pasos del hombre,
se complace en su camino;
aunque caiga, no queda tirado,
pues Yahvé lo sostiene por la mano.

Nun.
Fui joven, ya soy viejo,
nunca vi a un justo abandonado,
ni a sus hijos pidiendo pan.
A diario es compasivo y presta,
a sus hijos les aguarda la bendición.

Sámek.
Apártate del mal y obra el bien,
y siempre tendrás una morada;
porque Yahvé ama la justicia
y no abandonará a sus amigos.

Ain.
Los criminales son exterminados,
la descendencia del malvado cercenada;
los honrados poseerán la tierra,
habitarán en ella para siempre.

Pe.
La boca del honrado susurra sabiduría,
su lengua habla con rectitud;
la ley de su Dios está en su corazón,
sus pasos nunca vacilan.

Sade.
Espía el malvado al honrado,
tratando de acabar con él;
mas Yahvé no lo entrega en su mano,
ni deja que en el juicio lo condenen.

Qof.
Espera en Yahvé, sigue por su senda,
él te exaltará y heredarás la tierra,
contemplarás el exterminio del malvado.

Reš.
He visto al malvado arrogante
empinarse como cedro del Líbano;
pasé luego y ya no estaba,
lo busqué y no lo encontré.

Šin.
Observa al íntegro, mira al honrado,
tendrá futuro el hombre de paz;
mas el rebelde será aniquilado
y el futuro del malvado frustrado.

Tau.
La salvación del honrado viene de Yahvé,
él es su refugio en tiempo de angustia;
Yahvé lo ayuda y lo libera,
él lo libra del malvado,
lo salva porque se acoge a él.

Deberes propios de algunos fieles. Fundamento dogmático de estas exigencias.

De la epístola a Tito
Tt 2, 1-15

Deberes propios de algunos fieles.

Tú, sin embargo, enseña lo que es conforme a la sana doctrina. Que los ancianos sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia, en el sufrimiento. Igualmente, que las ancianas se comporten como conviene a los creyentes: sin calumniar ni dándose en exceso al vino; siendo maestras del bien, para que enseñen a las jóvenes a ser amantes de sus maridos y de sus hijos, sensatas, castas, hacendosas, bondadosas y sumisas a sus maridos, de modo que no sea injuriada la palabra de Dios. Exhorta igualmente a los jóvenes para que sean sensatos en todo. Muéstrate dechado de bellas obras: pureza de doctrina, dignidad y palabra sana e intachable, para que el adversario se avergüence, no teniendo nada malo que decir de nosotros. Que los esclavos estés sometidos en todo a sus dueños; que sean complacientes y no los contradigan; que no les roben, sino que muestren una fidelidad perfecta para honrar en todo la doctrina de Dios nuestro Salvador.

Fundamento dogmático de estas exigencias.


Porque se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres, que nos enseña a que renunciemos a la impiedad y a las pasiones mundanas, y vivamos con sensatez, justicia y piedad en el tiempo presente, aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo. Él se entregó por nosotros a fin de rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo que fuese suyo, deseoso de bellas obras.

Así has de enseñar, exhortar y reprender con toda autoridad. Que nadie te menosprecie.

Montag, November 07, 2022

El escándalo. Corrección fraterna. Poder de la fe.

Del evangelio según San Lucas
Lc 17, 1-6


El escándalo.

Dijo a sus discípulos: «Es imposible que no haya escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vinieren! Le iría mejor si le pusieran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar; antes que escandalizar a uno de estos pequeños. Andad, pues, con cuidado.

Corrección fraterna.

«Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: 'Me arrepiento', le perdonarás.»

Liturgia de entrada en el santuario

Salmo 24 (23)

Liturgia de entrada en el santuario


Salmo. De David.

De Yahvé es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y cuantos lo habitan,
pues él lo fundó sobre los mares,
lo asentó sobre los ríos.

¿Quién subirá al monte de Yahvé?,
¿quién podrá estar en su santo recinto?
El de manos limpias y puro corazón,
el que no suspira por los ídolos
ni jura con engaño.

Ése logrará la bendición de Yahvé,
el perdón de Dios, su Salvador.
Ésta es la generación que lo busca,
la que acude a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Puertas, alzad los dinteles,
levantaos, antiguos portones,
y que entre el rey de la gloria!

¿Quién es el rey de la gloria?
Yahvé, el fuerte, el valiente,
Yahvé, valiente en la lucha.

¡Puertas, alzad los dinteles,
levantaos, antiguos portones,
y que entre el rey de la gloria!

¿Quién es el rey de la gloria?
Yahvé Sebaot,
él es el rey de la gloria.

Saludo. Institución de presbíteros

De la epístola de San Pablo a Tito
Tt 1, 1-9


Saludo

Pablo, siervo de Dios, apóstol de Jesucristo, encargado de llevar a los elegidos de Dios a la fe y al pleno conocimiento de la verdad basada en la piedad, con la esperanza de la vida eterna prometida desde toda la eternidad por Dios, que no miente; y ahora, llegado el tiempo oportuno, Dios nuestro salvador ha manifestado su palabra por la predicación que me ha encomendado. A Tito, verdadero hijo según la fe común, gracia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Salvador.

Institución de presbíteros

El motivo de haberte dejado en Creta fue que acabaras de organiza lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené. El candidato debe ser irreprochable, casado con una sola mujer, cuyos hijos sean creyentes, no tachados de libertinaje ni de rebeldía. Porque el epíscopo, como administrador de Dios, debe ser irreprochable. No ha de ser arrogante, ni colérico, ni bebedor, ni violento, ni dado a negocios sucios, sino hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, piadoso, dueño de sí. Que esté adherido a la palabra fiel, conforme a la enseñanza, para que sea capaz de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que la contradicen.

Freitag, April 22, 2022

Epílogo. Aparición a orillas del lago de Tiberíades. Conclusión

Epílogo

Aparición a orillas del lago de Tiberíades
Del evangelio según San Juan Jn 21, 1-23

Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Le contestaron ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Les preguntó Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis nada que comer?» Le contestaron: «No.» Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y no conseguían arrastrarla por la gran cantidad de peces*. El discípulo a quien Jesús amaba dijo entonces a Pedro: «Es el Señor». Cuando Simón Pedro oyó «es el Señor», se vistió —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces, pues sólo distaban de tierra unos doscientos codos.

Nada más saltar a tierra, vieron preparadas unas brasas y un pez sobre ellas, y pan. Jesús les dijo: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.» Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aún siendo tantos, no se rompió la red*. Jesús les dijo: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», pues sabían que era el Señor. Vino entonces Jesús, tomó el pan y se lo dio; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos despues de resucitar de entre los muertos.

Después de haber comido, preguntó Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Respondió él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.» Volvió a preguntarle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Respondió él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dijo Jesús: «Apacienta mis ovejas.» Insistió por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció* Pedro de que le preguntase por tercera vez ‘¿Me quieres?’ y le dijo: «Señor; tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero*.» Le dijo Jesús: «Apacienta mis ovejas*.»

«En verdad, en verdad te digo
que cuando eras joven,
tú mismo te ceñías
e ibas adonde querías;
pero cuando llegues a viejo,
extenderás tus manos
y otro te ceñirá
y te llevará adonde tú no quieras.»

Con esto indicaba la clase de muerte* con que se iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme*.»

Pedro se volvió y vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» Viéndole Pedro, preguntó a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga*, ¿qué te importa? Tú, sígueme.» Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro ‘No morirá’, sino ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga’*.

Conclusión
Del evangelio según San Juan Jn 21,24-25

Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos* que su testimonio es verdadero.

Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se pusieran por escrito una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.

Salmo 118 (117) En la fiesta de las Tiendas

Salmo 118 (117)
En la fiesta de las Tiendas

¡Aleluya!

¡Dad gracias a Yahvé, porque es bueno,
porque es eterno su amor!

¡Diga la casa* de Israel:
es eterno su amor!
¡Diga la casa de Aarón:
es eterno su amor!
¡Digan los que están por Yahvé:
es eterno su amor!

En mi angustia grité a Yahvé,
me respondió y me dio respiro;
Yahvé está por mí, no temo,
¿qué puede hacerme el hombre?
Yahvé está por mí y me ayuda,
y yo desafío a los que me odian.

Mejor refugiarse en Yahvé
que poner la confianza en el hombre;
mejor refugiarse en Yahvé
que poner la confianza en los nobles.

Me rodeaban todos los gentiles,
en el nombre de Yahvé los rechacé*;
me rodeaban una y otra vez,
en el nombre de Yahvé los rechacé.
Me rodeaban lo mismo que avispas,
llameaban* cual fuego de zarzas,
en el nombre de Yahvé los rechacé.

¡Cómo me empujaban* para tirarme!,
pero Yahvé vino en mi ayuda.
Mi fuerza y mi canto es Yahvé,
él fue mi salvación.

Clamor de júbilo y victoria
se oye en las tiendas de los justos:
«La diestra de Yahvé hace proezas,
magnífica es la diestra de Yahvé,
la diestra de Yahvé hace proezas».

No he de morir, viviré
y contaré las obras de Yahvé.
Me castigó, me castigó Yahvé,
mas a la muerte no me entregó.

¡Abridme las puertas del triunfo,
y entraré dando gracias a Yahvé!
Aquí está la puerta de Yahvé,
los triunfadores entrarán por ella.
Te doy gracias por escucharme,
por haber sido mi salvación.

La piedra que desecharon los albañiles
se ha convertido en la piedra angular;
esto ha sido obra de Yahvé,
nos ha parecido un milagro*.
¡Éste es el día que hizo Yahvé,
exultemos y gocémonos en él*!

¡Yahvé, danos la salvación!
¡Danos el éxito, Yahvé!
¡Bendito el que entra en nombre de Yahvé*!
Os bendecimos desde la Casa de Yahvé.
Yahvé es Dios, él nos ilumina.

¡Cerrad la procesión, ramos en mano,
hasta los ángulos del altar*!

Tú eres mi Dios, te doy gracias,
Dios mío, quiero ensalzarte.

¡Dad gracias a Yahvé, porque es bueno,
porque es eterno su amor!

Pedro y Juan ante el Sanedrín

Pedro y Juan ante el Sanedrín
Del libro de Hechos de los apóstoles Hch 4, 1-2

Estaban hablando al pueblo, cuando se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos*, indignados porque enseñaban al pueblo y anunciaban en la persona de Jesús la resurrección de los muertos. Los echaron mano y los pusieron bajo custodia hasta el día siguiente, pues caía ya la tarde. Sin embargo, muchos de los que habían oído el discurso creyeron; y el número, contando sólo los hombres, era de unos cinco mil.

Al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus jefes, los ancianos y los escribas*, el Sumo Sacerdote Anás, Caifás, Jonatán*, Alejandro y cuantos pertenecían a la familia de sumos sacerdotes. Los colocaron en medio y les preguntaron: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?» Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y ancianos, puesto que, con motivo de una obra buena realizada en un enfermo, se nos interroga hoy por quién ha sido éste curado, *sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesucristo, el Nazoreo, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos. Por su nombre, y no por ningún otro, tenéis a éste aquí sano, ante vosotros. Él es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despreciado y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos*.»

Todos quedaron sorprendidos al ver la valentía de Pedro y Juan, sabiendo además que eran hombres sin instrucción ni cultura. Por una parte, reconocían que Pedro y Juan habían estado con Jesús; y, al mismo tiempo, veían de pie, junto a ellos, al hombre que había sido curado; así que no podían replicar. Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar. Decían: «¿Qué haremos con estos hombres? Todos los habitantes de Jerusalén han podido ver el signo tan manifiesto que han realizado; no podemos negar eso. Pero vamos a amenazarles para que no hablen ya más a nadie en nombre de ése, a fin de que el asunto no se divulgue más entre la gente.»

Los llamaron y les mandaron* que de ninguna manera hablasen o enseñasen en el nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan le respondieron: «Pensad si Dios considera justo que os obedezcamos a vosotros antes que a Él. Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.» Ellos volvieron a amenazarles, pero tuvieron que soltarlos, pues no hallaban manera de castigarlos; además, toda la gente alababa a Dios por los que había ocurrido, pues el hombre en quien se había realizado este signo de curación tenía más de cuarenta años.

Mittwoch, April 13, 2022

Traición de Judas. Preparativos para la cena pascual. Anuncio de la traición de Judas

Traición de Judas
Del evangelio según San Mateo Mt 26, 14-16

Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes y les dijo: «¿Qué me daréis, si os lo entrego?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata*. Desde ese momento  andaba buscando una oportunidad para entregarlo.


Preparativos para la cena pascual
Del evangelio según San Mateo Mt 26, 17-19

El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?» Él respondió: «Id a la ciudad, donde fulano, y decidle: ‘El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; voy a celebrar en tu casa la Pascua con mis discípulos.’» Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.


Anuncio de la traición de Judas
Del evangelio según San Mateo Mt 26,20-25

Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían*, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me entregará.» Muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?» Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le habría valido a ese hombre no haber nacido!» Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Le respondió: «Tú lo has dicho.»

Salmo 69 (68) Lamentación

Salmo 69 (68)
Lamentación

Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios...» De David.

¡Sálvame, oh Dios,
que estoy con el agua al cuello!
Me hundo en el cieno del abismo
y no puedo hacer pie;
me he metido en aguas profundas
y me arrastra el oleaje.

Estoy exhausto de gritar, me arde la garganta,
mis ojos se consumen de esperar a mi Dios

Más que los pelos de mi cabeza
son los que me odian sin motivo;
son poderosos los que me destruyen,
los que me hostigan sin razón.
(¿Tengo que devolver lo que no he robado?)

Tú conoces, oh Dios, mi torpeza,
no se te ocultan mis ofensas.
¡Que por mí no queden defraudados
los que esperan en ti, Yahvé Sebaot*!
¡Que por mí no queden confundidos
los que te buscan, Dios de Israel!

Pues por ti soporto el insulto,
la vergüenza cubre mi semblante;
a mis hermanos resulto un extraño,
un desconocido a los hijos de mi madre;
pues el celo por tu Casa me devora,
y si te insultan sufro el insulto.

Si me mortifico con ayunos,
lo aprovechan para insultarme;
si me pongo un sayal por vestido,
me convierto en objeto de burla:
los que están a la puerta murmuran,
los borrachos me sacan coplas.

Pero yo te dirijo mi oración, Yahvé,
en el tiempo propicio:
por u inmenso amor respóndeme, oh Dios,
por la firmeza de tu salvación.

¡Sácame del cieno, no me hunda,
líbrame de los que me odian,
de las aguas profundas!
¡Que no me arrastre el oleaje,
que no me trague el abismo,
ni se cierre el pozo sobre mí!

¡Respóndeme, Yahvé, por tu amor y tu bondad,
por tu inmensa ternura vuelve a mí tus ojos;
no apartes tu rostro de tu siervo,
que estoy angustiado, respóndeme ya;
acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos!

Tú sabes de mi oprobio,
de mi afrenta y mi vergüenza,
conoces a mis opresores.
El oprobio me rompe el corazón,
me siento desfallecer*.

Espero en vano compasión,
consoladores y no encuentro.

Me han echado veneno en la comida,
han apagado mi sed con vinagre.
Que su mesa se convierta en un lazo,
que su abundancia sea una trampa;
que se nublen sus ojos y no vean,
que sus fuerzas flaqueen sin cesar.

Derrama sobre ellos tu enojo,
los alcance el ardor de tu cólera;
que su morada se convierta en erial,
que nadie habite en sus tiendas.
Porque acosan al que tú has herido
y aumentan la herida de tu víctima*.

Añade culpa a su culpa,
no tengan acceso a tu justicia;
sean borrachos del libro de la vida,
no sean inscritos con los justos.

Pero a mí, desdichado y malherido,
tu salvación, oh Dios, me restablecerá.
Celebraré con cantos el nombre de Dios,
lo ensalzaré dándole gracias;
le agradará a Yahvé más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.

Lo han visto los humildes y se alegran,
animaros los que buscáis a Dios.
Porque Yahvé escucha a los pobres,
no desprecia a sus cautivos.
¡Alábenlo los cielos y la tierra,
el mar y cuanto bulle en él!

Pues Dios salvará a Sión,
reconstruirá los poblados de Judá:
la habitarán y la poseerán;
la heredará la estirpe de sus siervos,
en ella vivirán los que aman su nombre.

Tercer canto del Siervo

Tercer canto del Siervo
Del libro del profeta Isaías 50, 1-11

El Señor Yahvé me ha dado
una lengua avezada,
que sabe decir al cansado
palabras de aliento.
Muy temprano despierta mi oído
para escuchar, como los discípulos.
El Señor Yahvé me ha abierto el oído,
y no me resistí, ni me hice atrás.
Ofrecí mi espalda a los golpes,
mi cara a los que mesaban mi barba.
Y no hurté mi rostro
a insultos y salivazos*.

Pero el Señor Yahvé me ayuda,
por eso no sentía los insultos;
y ofrecí mi cara como el pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.
Cerca está el que me justifica:
¿quién disputará conmigo?
Presentémonos juntos:
¿quién es mi demandante?,
¡que se llegue a mí!

Si el Señor Yahvé me ayuda,
¿quién podrá condenarme?
¡Todos ellos se gastarán como la ropa,
la polilla los irá devorando!
Quien de entre vosotros tema a Yahvé
que escuche la voz de su Siervo.
Quien ande a oscuras, sin claridad,
que confíe en el nombre de Yahvé
y se apoye en su Dios*.
Si vosotros todos sois brasas
y andáis encendiendo* teas,
id a la lumbre de vuestro fuego,
de las brasas que habéis encendido.
Esto os vendrá de mi mano:
yaceréis entre tormentos.

Dienstag, April 12, 2022

Anuncio de la traición de Judas. La despedida

Anuncio de la traición de Judas
Del evangelio según San Juan Jn 13, 21-30

Cuando pronunció estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró:

«En verdad, en verdad os digo
que uno de vosotros me entregará.»

Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa a lado de Jesús*. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale de quién está hablando.» Él, recostándose sobre el pecho, de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?» Le respondió Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.» Entonces mojó el bocado, lo tomó y se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y, tras el bocado, entró en él Satanás*. Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto.» Pero ninguno de los comensales entendió por que se lo decía. Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres. En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche*.


La despedida
Del evangelio según San Juan Jn 13,31-38

Cuando salió, dijo Jesús:

«Ahora* ha sido glorificado el Hijo del hombre
y Dios ha sido glorificado en él.
Si Dios ha sido glorificado en él,
Dios también le glorificará en sí mismo*
y le glorificará pronto.

«Hijos míos,
me queda poco tiempo de estar con vosotros.
Vosotros me buscaréis,
pero ahora os digo lo mismo
que les dije a los judíos*:
que vosotros no podéis ir
adonde yo voy*.
Os doy un mandamiento nuevo*:
que os améis los unos a los otros;
que, como yo os he amado,
así os améis también entre vosotros.
Todos conocerán que sois discípulos míos en una cosa: en que os tenéis amor los unos a los otros.»

Simón Pedro le preguntó: «Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió: «A donde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde*.» Pedro replicó*: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.» Contestó Jesús: «¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo que no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces.»

Salmo 71 (70) Súplica de un anciano

Salmo 71 (70)
Súplica de un anciano

A ti me acojo, Yahvé,
¡nunca quede confundido!
¡Por tu justicia sálvame, líbrame,
préstame atención y sálvame!

Sé mi roca de refugio*,
alcázar donde me salve,
pues tú eres mi peña y mi alcázar.
¡Líbrame, Dios mío, de la mano del impío,
de las garras del perverso y el violento!

Pues tú eres mi esperanza, Señor,
mi confianza desde joven, Yahvé.
En ti busco apoyo desde el vientre,
eres mi fuerza* desde el seno materno.
¡A ti dirijo siempre mi alabanza!

Soy el asombro de muchos*,
pero tú eres mi refugio seguro.
Mi boca rebosa de tu alabanza,
de tu elogio todo el día.

No me rechaces ahora que soy viejo,
no me abandones cuando decae mi vigor,
pues mis enemigos hablan mal de mí,
los que me espían se ponen de acuerdo:

«¡Dios lo ha desamparado, perseguidlo,
apresadlo, que no hay quien lo libre!».
¡Oh Dios, no te quedes tan lejos,
Dios mío, ven pronto a socorrerme!

Queden confundidos y avergonzados
los que atentan contra mi vida;
acaben en la vergüenza y la ignominia
los que buscan mi mal.

Pero yo esperaré sin cesar,
reiteraré tus alabanzas;
mi boca publicará tu justicia,
todo el día tu salvación*.

Publicaré* las proezas de Yahvé,
recordaré tu justicia, tuya sólo.
¡Oh Dios, me has instruido desde joven,
y he anunciado hasta hoy tus maravillas!

Ahora, viejo y con canas,
¡no me abandones, Dios mío*!,
hasta que pueda anunciar tu brazo*
a las futuras generaciones;
tu poderío y tu justicia,
llegan, oh Dios, hasta el cielo.

Tú que has hecho grandes cosas,
¡oh Dios!, ¿quién como tú?
Tú que me has hecho pasar
por tantos aprietos y desgracias,
me devolverás de nuevo la vida,
y de las simas de la tierra
me sacarás otra vez;
sustentarás mi dignidad,
te volverás a consolarme.

Y te daré gracias con el arpa,
Dios mío, por tu fidelidad;
tañaré para ti la cítara,
¡oh Santo de Israel!

Te aclamarán mis labios,
mi vida que has rescatado;
y mi lengua todo el día
musitará tu justicia:
pues se avergüenzan afrentados
los que buscaban mi desgracia.

Segundo canto del Siervo

Segundo canto del Siervo
Del libro del profeta Isaías Is 49, 1-7

¡Oídme, islas,
atended, pueblos lejanos!
Yahvé me llamó desde el seno materno;
ya desde el vientre recordó mi nombre*.
Hizo mi boca como espada afilada,
en la sombra de su mano me escondió;
hizo de mí saeta aguda,
en su carcaj me guardó.
Me dijo: «Tú eres mi siervo (Israel*),
en ti se manifestará mi gloria.»
Yo decía: «Por nada me he fatigado,
en vano, por viento he gastado mi vigor.
Pero Yahvé se ocupaba de mi causa,
mi recompensa estaba en mi Dios.»
Ahora, pues, esto dice Yahvé,
que me hizo siervo suyo
ya desde el seno materno,
para hacer que Jacob vuelva a él,
y para que se le una* Israel
—y yo era valioso a los ojos de Yahvé,
mi Dios era mi fuerza—:
«Poco es que seas mi siervo,
para restaurar las tribus de Jacob
y hacer volver lo que quede de Israel.
Te voy a hacer luz de las gentes,
para que mi salvación alcance
hasta los confines de la tierra.»
Eso dice Yahvé,
el rescatador, el Santo de Israel*,
de aquel cuya vida es despreciada,
y es abominado de las gentes*,
del esclavo de los dominadores:
«Lo verán reyes y se pondrán en pie,
los príncipes se postrarán reverentes,
a causa de Yahvé, que es leal,
del Santo de Israel, que te ha elegido.»

Montag, April 11, 2022

La unción en Betania

La unción en Betania
Del evangelio según San Juan Jn 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua*, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Allí le prepararon una cena. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se llenó del olor del perfume. Comentó Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?» Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: «Déjala que lo guarde para el día de mi sepultura*. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis.»

Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.

Salmo 27 (26) Junto a Dios no hay temor

Salmo 27 (26)
Junto a Dios no hay temor

De David

Yahvé es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
Yahvé, el refugio de mi vida,
¿ante quién temblaré?

Cuando me asaltan los malhechores
ávidos de mi carne,
ellos, adversarios y enemigos,
tropiezan y sucumben.

Aunque acampe un ejército contra mí,
mi corazón no teme;
aunque estalle una guerra contra mí,
sigo confiando.

Una cosa pido a Yahvé,
es lo que ando buscando:
morar en la Casa de Yahvé
todos los días de mi vida,
admirar la belleza de Yahvé
contemplando su templo.

Me dará cobijo en su cabaña
el día de la desgracia;
me ocultará en lo oculto de su tienda*,
me encumbrará en una roca.

Entonces levantará mi cabeza
ante el enemigo que me hostiga;
y yo ofreceré en su tienda
sacrificios de victoria.

Escucha, Yahvé, el clamor de mi voz,
¡ten piedad de mí, respóndeme!
Digo para mis adentros:
«Busca su rostro*».
Sí, Yahvé, tu rostro busco:
no me ocultes tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio.
No me abandones, no me dejes,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
Yahvé me acogerá.

Señálame, Yahvé, tu camino,
guíame por senda llana,
pues tengo enemigos.
No me entregues al ardor de mis rivales,
pues se alzan contra mí testigos falsos,
testigos violentos además.

Creo que gozaré*
de la bondad de Yahvé
en el país de la vida.
Espera en Yahvé, sé fuerte,
ten ánimo, espera en Yahvé.