Mittwoch, Dezember 28, 2022

'La mujer' por Edith Stein. Parte 2. Continuación de la Introducción

La mujer
por Edith Stein

Parte 2

[Continuación de la Introducción]


En aquel año, la Primera Guerra Mundial estaba en pleno desarrollo. Edith mantenía los altos ideales éticos de su familia. Para ella fue lo más normal interrumpir su carrera universitaria para ayudar como voluntaria en un hospital militar donde ingresaban enfermos de tifus y los soldados con heridas más graves. "Cuando haya terminado la guerra y yo siga viviendo, entonces podré pensar de nuevo en mis asuntos privados", explicará más tarde. Ayudó día y noche, con tanto desinterés, arrojo y cariño que consiguió cambiar poco a poco el ambiente moralmente degradante de su entorno. Ella, a su vez, se quedó muy conmovida cuando encontró un papelito con una oración en la agenda de un soldado recién fallecido.

Después de que se cerrara aquel hospital, Edith siguió a Husserl a la Universidad de Freiburg, e hizo el doctorado en 1916 sobre "El problema de la intuición". Trabajó como ayudante de aquel gran filósofo, cosa muy extraordinaria para una mujer en aquellos tiempos. Durante esta época ocurrieron algunos otros sucesos que la acercaron a la fe católica. Una vez, por ejemplo, estaba paseando con la hermana del filósofo Reinach por el casco viejo de la ciudad de Frankfurt. Entraron unos momentos en la Catedral, y mientras admiraban la belleza de la arquitectura en silencio, entró una mujer sencilla con su cesta de mercado, se arrodilló y rezó una breve oración. "Esto me sorprendió mucho," confesó Edith más tarde. "A la sinagoga sólo íbamos para celebrar las fiestas y el culto oficial. Pero allí vi a una mujer que había interrumpido sus negocios cotidianos para hablar confidencialmente con su Dios. Esto nunca lo pude olvidar".

Un poco más tarde, Edith tuvo otra experiencia orientadora. Su amigo Reinach había muerto en la guerra, y le encargaron a ella ordenar su herencia científica. Le gustó mucho, pero temía visitar a la mujer de Reinach, que era católica, ya que, siendo atea, no sabía cómo consolarle. Sin embargo, en vez de ver a una persona triste y desesperada, se encontró con una mujer llena de paz, dispuesta a aceptar su dolor como voluntad de Dios. La joven viuda dejó muy pensativa a Edith cuando le explicó que sacaba fuerzas de la fe en Jesucristo crucificado que resucitó. "En este momento, mi incredulidad se hundía, y yo vislumbré por primera vez la fuerza de la Cruz", cuenta Edith. Empezó a leer el Nuevo Testamento con mucha atención, aunque todavía no tenía fe.

En 1918, Edith se separó de Husserl, porque su filosofía le parecía entonces, a pesar del método genial, cada vez más estrecha, como un callejón sin salida que no le llevaba a la verdad tan deseada. Volvió a Breslau. Le sucedió Heidegger en su puesto en la universidad. Fue una experiencia desilusionante para Edith que tanto Husserl como más tarde también Heidegger y otros colegas mostraran serios reparos a que ella, siendo una mujer, quisiera hacer oposiciones a una cátedra universitaria. Todos sus intentos al respecto fracasaron. Pero la valiente filósofa no reaccionó con depresión o enfado; por el contrario, ante las injusticias maduraba su personalidad. Confesó en una carta: "Me parece muy cómico que no admitan a las mujeres, pero, al fin y al cabo, no me importa demasiado por mí. No pienso que sea tan importante el puesto que obtenemos en esta vida". Sin embargo, se esforzaba en abrir la docencia a todos los niveles a las mujeres de las futuras generaciones y logró realmente, en 1920, que el gobierno publicara un decreto en favor de que las mujeres tuvieran acceso a las posiciones a cátedras universitarias.

En este mismo año, Edith pasó por una profunda crisis interior. Sufría por no encontrar el último porqué de su vida. Cuando preguntó a un judío conocido por su imagen de Dios, recibió una respuesta breve: "Dios es espíritu. Más no se puede decir". Tampoco le bastaron las explicaciones del filósofo danés Kierkkegaard, cuyas ideas sobre el cristianismo había estudiado con interés.

El acontecimiento decisivo para la conversión de Edith tuvo lugar durante unas vacaciones en el pequeño pueblo de Bergzabern. Edith se encontraba en la casa de su amiga Hedwig Conrad-Martius. Una tarde, cuando estaba sola, buscó un libro para entretenerse, y sacó de una estantería la autobiografía de Santa Teresa de Jesús. La leyó durante toda la noche con verdadero entusiasmo y pensó al final: "Esta es la verdad". Había encontrado al Dios vivo y personal, bueno y misericordioso, que invita a todos los hombres a una vida de amor. En seguida se compró un catecismo católico, lo estudió por su cuenta y, después de terminar esta tarea, entró en una iglesia, participó en la Santa Misa y pidió al sacerdote ser bautizada. Algunos meses más tarde, el 1 de enero de 1922, fue recibida en la Iglesia católica. "Mis ansias por conocer la verdad eran una única oración", confesó reflexionando sobre los años anteriores al bautismo, en los que buscaba el sentido de su vida con tanto afán y dolor.

Desde aquel momento, Edith tuvo el deseo de entrar en la orden de Santa Teresa, haciéndose carmelita. Pero algunos sacerdotes amigos le aconsejaron emplear sus talentos intelectuales para servir en la Iglesia en el mundo. Como también quería respetar a su madre, que no comprendía su conversión -es más, la consideró una traición a su pueblo-, Edith prescindió de sus planes; pero tampoco podía volver al ambiente judío de su casa familiar. Así, en los años siguientes, fue profesora en el colegio de las dominicas en Speyer. Cambió allí sus posturas filosóficas todavía más a fondo. Tradujo las cartas y los diarios de Newman y descubrió, poco a poco, el modo de pensar desde la perspectiva del cristianismo. Sobre todo, las obras de Tomás de Aquino le ayudaron a comprender el fundamento racional de la fe católica. "Aprendí de Santo Tomás que se puede hacer un oficio divino incluso de la ciencia... y que se puede vivir en medio de este mundo una vida contemplativa", dice Edith en una carta, y prosigue: "Cuanto más profundamente una persona entra en Dios, tanto más tiene que salir de sí mismo para llevar la vida divina a los hombres". Además de su tarea docente y la dedicación a las alumnas escribió una "Carta mensual para mujeres profesionales" ofreciendo ayudas para la meditación personal.

Montag, Dezember 26, 2022

'La mujer' por Edith Stein. Parte 1. Introducción

La mujer
por Edith Stein

[Parte 1]

Introducción


1. Semblanza biográfica

Edith Stein nació el 12 de octubre de 1891 en Breslau (entonces Alemania, hoy ciudad polaca de Wroclaw). Era la más joven de los once hijos de una familia judía. En aquel tiempo cuatro de sus hermanos ya habían muerto siendo niños. El padre, Siegfried Stein, fue maderero de profesión. La pequeña Edith le perdió cuando tenía unos dos años. Desde entonces la madre Auguste se encargó de la tienda familiar y la sacó adelante, pasando de una situación de crisis a otra de gran prestigio. Era una mujer decidida, judía firme y fiel, que influía con energía en sus hijos. Edith tenía en ella el modelo de una madre de familia que sabía compaginar perfectamente las exigencias de la profesión con las de la casa, y que se dedicaba con esmero a la educación de sus hijos.

A los seis años Edith fue matriculada en un colegio de su ciudad. Como era una alumna excelente, los parientes le reprochaban ser ambiciosa y le llamaban "la niña inteligente". "Esto me dolía mucho", confiesa más tarde, "porque sabía ya desde pequeña que es más importante ser buena que ser inteligente". A pesar de la fuerte personalidad de su madre, la hija pequeña empezó pronto a recorrer su propio camino. A los catorce años declaró -contra la voluntad de todos sus profesores- que no le gustaba estudiar más, y se dio de baja en el colegio. Fue a Hamburgo para vivir con su hermana Else, que estaba casada con un médico. Ayudó a Else en las cosas del hogar y fue conociendo aquella gran ciudad del norte de Alemania. A partir de ese momento se retiró más y más del Dios de la Antigua Alianza, que su madre le había enseñado, siguiendo en esto el ejemplo de unos hermanos suyos. Decidió "con mucha conciencia y libertad" no rezar ya más. A la vez estaba convencida de haber nacido para algo muy grande.

Después de un año, Edith volvió a Breslau y entró de nuevo en el colegio. Simpatizaba entonces con los movimientos que luchaban por los derechos legítimos de la mujer: una formación profesional adecuada, la igualdad política y social, un trabajo realizable en condiciones humanas, etcétera. Sus inquietudes con respecto a estos temas se revelan en un pequeño poema que fue publicado por sus compañeras en el periódico del colegio cuando Edith hizo el bachillerato, en 1911. En un tiempo en el que las mujeres todavía no tenían el derecho de voto (sufragio), se caracterizó a la joven bachiller de esta manera:

"Igualdad para la mujer y para el varón,
así clama la sufragista.
Ciertamente la veremos algún día
en el ministerio".

Después del bachillerato, Edith se consideró atea durante diez años. Comenzó entonces para ella la gran búsqueda de la verdad, que quería lograr con las solas fuerzas de la razón. Todavía no comprendía lo que muchos años más tarde iba a afirmar: "Quien busca la verdad, busca a Dios, sea consciente, sea inconscientemente".

Por de pronto Edith se quedó en Breslau siendo una de las primeras universitarias de Alemania. Estudió germánicas, historia y también psicología. Sin embargo, aquella "ciencia sin alma", como se llamaba a la psicología de su tiempo, le decepcionó profundamente y se apartó rápidamente de ella. Interesada vivamente por las cuestiones femeninas se hizo miembro de la "Asociación prusiana para el sufragio  de las mujeres" (la meta del voto se consiguió sólo en 1918). "Siendo alumna y universitaria joven, fui una feminista radical", dice de ella misma. Cuenta en sus memorias que solía discutir fuertemente con su hermana Erna y sus dos mejores amigas sobre la tarea y misión de la mujer. Mientras que las otras tres estaban dispuestas a dejar la profesión en favor de una familia futura, sólo ella declaraba que jamás haría semejante cosa. Pero añade con buen humor que, años más tarde, cuando Erna y sus amigas estaban casadas, las tres trabajaban también fuera de casa; ella, en cambio, que siguió la vocación religiosa, contrajo un compromiso de amor al que sacrificó su profesión con alegría. Pero hasta entonces faltaba todavía mucho camino por recorrer.

En 1913, Edith se trasladó a Göttingen donde enseñaba Edmund Husserl (1859-1938), el famoso fundador de la fenomenología, que iba a ser su maestro por algún tiempo. Entre sus discípulos se encontraban también Max Scheler, Adolf Reinach, Hedwig Conrad-Martius y muchos otros pensadores jóvenes. En este círculo, Edith aprendió a estudiar filosofía sin prejuicios ni tabúes de ninguna clase. Quedó impresionada tanto por la objetividad de la fenomenología como por el rigor de su método científico; fue, en última instancia, "el ethos de la rectitud de intención" (para conocer la verdad) lo que le impulsó a seguir adelante en sus estudios. A raíz de este ethos, no pocos discípulos de Husserl llegaron a abrazar la religión católica. Entre ellos se encontró también Max Scheler, que inició este camino a la fe a partir de algunos pensamientos filosóficos, realmente fascinantes. Para Edith fue el primer contacto con el cristianismo, hasta entonces completamente desconocido. Su modo de pensar se estaba transformando ya notablemente cuando hizo la licenciatura en 1915.

Mittwoch, September 21, 2022

Mis libros leídos al momento. Septiembre 2022

Me gusta mucho leer. Me fascina el uso del lenguaje, el juego de palabras e ideas y contar una historia. Admiro el cómo está escrita una narración, las descripciones que parecen que no terminan y las conversaciones inteligentes. Me gustan los libros de ediciones atractivas, pero más el lenguaje utilizado.

Desde que comencé a trabajar, en el verano del 2012, comencé a comprar libros, que es algo que me gusta mucho. Antes compraba libros usados. Desde ese verano, comencé a comprar libros nuevos. Libros académicos, en especial de ciencias (como matemáticas) o de ingeniería química, libros de literatura clásica y algunos títulos de no ficción, biografías o novelas contemporáneas.

Fue así que fue creciendo mi biblioteca y así se fueron acumulando los libros de mi lista de libros por leer.

Hay libros que les tengo un enorme cariño, ya sea porque los leí de niño o adolescente. Hay libros que aunque sean usados me enamoraron, ya fuese por algún recuerdo ajeno contenido en el libro (como algún separador incluido), o porque traen notas interesantes

Fue en la época del año 2014 cuando comencé a leer de manera más comprometida, y en el año 2015 fue muy productivo en cuanto a lectura.

Curiosamente, en el año 2016, cuando comencé mi relación de noviazgo con Bela Garim, disminuyó increíblemente mi lectura. Hay que tomar en cuenta que también me encontraba en ese entonces en clases de Biblia y comencé a leer más la Biblia. Aunque no todo era la Palabra, sino también vivir el Amor en Dios y en mi novia, viví muy enamorado y distraído de las lecturas de antes.

A continuación estos fueron los títulos que ya leí y una fecha aproximada de cuándo los leí.


The Last Tycoon
de Francis Scott Fitzgerald
(2014-2015)
Recuerdo que lo leía en la segunda mitad del año 2014. Me encontraba leyéndolo cuando tuve una cita con una chica, [Marina], a quien conocí en la página de POF.com. Recuerdo esos meses de otoño e invierno y la lectura de las vidas de Monroe Stahr y de la enigmática Kathleen Moore.

Quiet
de Susan Cain
(2015)
Libro sobre la introversión. Hermoso libro. Lleno de evidencias científicas sobre el poder de la introversión. Bello libro. Tanta gente que a veces me decía que por qué soy serio, que por qué no sonrío o por qué no hablo. Así soy. Entiendo que hay que mostrar mejor semblante. Lo sé. Pero también, así soy. Así somos. Libro muy recomendado.

To Kill A Mockingbird
de Harper Lee
(2015)
¡Hermosísimo libro! Malamente censurado actualmente en las escuelas de los Estados Unidos. ¿Racismo? Si muestra tal cual cómo fue la historia de la gente real. Maravillosa historia. ¿No han visto la película? ¡Véanla! Me da mucha ternura, sentimiento, esta historia. Una gran historia que deberían leer y conocer todos.

The Catcher in the Rye
de J. D. Salinger
(2015)
¡No me gustó! ¡Nada! No lo quise descartar, ya que es un libro algo conocido, por no decir que clásico. La historia, si bien tenía que contarse por alguien, no me gustó. Sí, es original, pero no me gustó lo que leí. Gracias a que no me gustó fue que tuve una razón para leerlo pronto: Leer algo que sí me llamaba mucho la atención y que seguramente disfrutaría. Siguiente libro: ...

Wuthering Heights
de Emily Brontë
(2015-2016)
¡Por fin leí un libro que sí me gustó! Novela clásica de un romance tormentoso, tóxico, pero sin dejar de ser romántico. Historia de tres familias que se cruzan entre las generaciones. Conocemos las vidas de Heathcliff y Catherine, personajes que quedaron para siempre unidos, a pesar de las uniones con otras personas. Increíble cómo Emily creó esta historia. Un clásico que todos deberían leer alguna vez en su vida.

Little Women
de Louisa May Alcott
(2016)
Muy bonita historia. Un clásico más. Malamente ha tenido adaptaciones al cine donde se muestra una historia muy feminista, cosa que detesto. En esta bella historia, escrita por una mujer donde los personajes principales son mujeres y el protagonista es una mujer, muestran siempre a una mujer servicial, educada, respetuosa, que busca crecer y desarrollarse, no ser más que un hombre, sino al mismo nivel. Una obra que toda mujercita, u hombrecito, debe leer.

Dracula
de Bram Stoker
(2016-2018)
¡Vaya que sí me tardé con este título! Comencé a leerle ya en mi noviazgo con Bela Garim. Ya fuese por salir con Gaby, por las clases de Biblia, las actividades en los grupos de Iglesia, el preparar temas o clases, todo esto fue retrasando mis avances en la lectura de esta obra. Recuerdo que tardé mucho para salir del primer capítulo, el cual me resultó algo aburrido. Pero para el tercer capítulo recuerdo algunas imágenes narradas que sí me causaban algo de terror, por no decir que aversión a cierto suceso. Hubo cosas que no me gustaron de la obra. Fue así que entendí por qué la Iglesia Católica no estaba a favor de este libro. Lo entiendo completamente. El uso de artículos de valor religioso, por no decir que de Hostias Consagradas, el mismísimo Cuerpo de Jesucristo, usado para espantar a vampiros. Digo, no lo dudo, que la Sagrada Eucaristía tenga ese poder, pero el ser utilizado por un cazador, Van Helsing, no me agradó. Fuera de eso, buena historia, en especial porque mucha de la narración es por cartas, epístolas. Un paseo por Europa, desde Inglaterra hasta Rumanía. Una obra que ha sido muy productiva, pero creo que pocas veces leída. Un clásico.

Es así que estos han sido los títulos que he leído completamente desde finales del 2014 hasta el 2018.

Después de Dracula he leído algunos otros títulos, pero ninguno lo he terminado. La idea es que termine de leer The Mysteries of Udolpho para seguir con mi lista de mis libros por leer.

¡Sigamos leyendo!

Freitag, Mai 13, 2022

Chapitre I: Les trois présents de M. D'Artagnan père

I

Les trois présents de M. D'Artagnan père

Le premier lundi du mois d'avril 1625, le bourg de Meung, où naquit l'auteur du Roman de la Rose, semblait être dans une révolution aussi entière que si les huguenots en fussent venus faire une seconde Rochelle. Plusieurs bourgeois, voyant s'enfuir les femmes du côte de la Grande-Rue, entendant les enfants crier sur le seuil des portes, se hâtaient d'endosser la cuirasse et, appuyant leur contenance quelque peu incertaine d'un mousquet ou d'une pertuisane, se dirigeaient vers l'hôtellerie du Franc Meunier, devant laquelle s'empressait, en grossissant de minute en minute, un groupe compact, bruyant et plein de curiosité.

En ce temps-là les paniques étaint fréquentes, et peu de jours se passaint sans qu'une ville ou l'autre enregistrât sur ses archives quelque événement de ce genre. Il y avait les seigneurs qui guerroyaient entre eux ; il y avait le roi qui faisait la guerre au cardinal ; il y avait l'Espagnol qui faisait la guerre au roi. Puis, outre ces guerres sourdes ou publiques, secrètes ou patentes, il y avait encore les voleurs, les mendiants, les huguenots, les loups et les voleurs, les mendiants, les huguenots, les loups et les laquais, qui faisaient la guerre à tout le monde. Les bourgeois s'armaient toujours contre les voleurs, contre les loups, contre les laquais, souvent contre les seigneurs et les huguenots, quelquefois contre le roi, — mais jamais contre le cardinal et l'Espagnol. Il résulta donc de cette habitude prise, que, ce susdit premier lundi du mois d'avril 1625, les bourgeois entendant du bruit, et ne voyant ni le guidon jaune et rouge, ni la livrée du duc de Richelieu, se précipitèrent du côte de l'hôtel du Franc Meunier.

Arrivé là, chacun put voir et reconnaître la cause de cette rumeur.

Un jeune homme... — traçons son portrait d'un seul trait de plume : figurez-vous don Quichotte à dixhuit ans, don Quichotte décorcelé, sans haubert et sans cuissards, don Quichotte revêtu d'un pourpoint de laine dont la couleur bleue s'était transformée en une nuance insaissable de lie-de-vin et d'azur céleste. Visage long et brun ; la pommette des joues saillante, signe d'astuce ; les muscles maxillaires énormément développés, indice infaillible auquel on reconnaît le Gascon, même sans béret, et notre jeune homme portait un béret orné d'une espèce de plume ; l'œil ouvert et intelligent ; le nez crochu, mais finement  dessiné ; trop grand pour un adolescent, trop petit pour un homme fait, et qu'un œil peu exercé eût pris pour un fils de fermier en voyage, sans sa longue épée qui, pendue à un baudrier de peau, battait les mollets de son propriétaire quand il était à pied, et le poil hérissé de sa monture quand il était à cheval.

Car notre jeune homme avait une monture, et cette monture était même si remarquable, qu'elle fut remarquée : c'était un bidet du Béarn, âge de douze ou quatorze ans, jaune de robe, sans crins à la queue, mais non pas sans javarts aux jambes, et qui, tout en marchant la tête plus bas que les genoux, ce qui rendait inutile l'application de la martingale, faisait encore également ses huit lieues par jour. Malheureusement les qualités de ce cheval étaient si bien cachées sous son poil étrange et son allure incongrue, que dans un temps où tout le monde se connaissait en chevaux, l'apparition du susdit bidet à Meung, où il était y avait un quart d'heure à peu près par la porte de Beaugency, produisit une sensation dont la défaveur rejaillit jusqu'à son cavalier.

Et cette sensation avait été d'autant plus pénible au jeune d'Artagnan (ainsi s'appelait le don Quichotte de cette autre Rossinante), qu'il ne se cachait pas le côte ridicule que lui donnait, si bon cavalier qu'il fût, une pareille monture ; aussi avait-il fort soupiré en acceptant le don que lui en avait fait M. d'Artagnan père. Il n'ignorait pas qu'une pareille bête valait au moins vingt livres ; il est vrai que les paroles dont le présent avait été accompagné n'avaient pas de prix.

« Mon fils, avait dit le gentilhomme gascon — dans ce pur patois de Béarn dont Henri IV n'avait jamais pu parvenir à se défaire —, mon fils, ce cheval est né dans la maison de votre père, il y a tantôt treize ans, et y est resté depuis ce temps-là, ce qui doit vous porter à l'aimer. Ne le vendez jamais, laissez-le mourir tranquillement et honorablement de vieillesse, et si vous faites campagne avec lui, ménagez-le comme vous ménageriez un vieux serviteur. A la cour, continua M. d'Artagnan père, si toutefois vous avez l'honneur d'y aller, honneur auquel, du reste, votre vieille noblesse vous donne des droits, soutenez dignement votre nom de gentilhomme, qui a été porté dignement par vos ancêstres depuis plus de cinq cents ans. Pour vous et pour les vôtres — par les vôtres, j'entends vos parents et vos amis, ne supportez jamais rien que de M. le cardinal et du roi. C'est par son courage, entendez-vous bien, par son courage seul, qu'un gentilhomme fait son chemin aujourd'hui. Quiconque tremble une seconde laisse peut-tre

Montag, April 05, 2021

The Mysteries of Udulpho. Chapter IV

‘In truth he was a strange and wayward wight,

Fond of each gentle, and each dreadful scene,

In darkness, and in storm he found delight;

Nor less than when on ocean-wave serene

The southern sun diffus'd his dazzling sheen.

Even sad vicissitude amus'd his soul;

And if a sigh would sometimes intervene,

And down his cheek a tear of pity roll,

A sigh, a tear, so sweet, he wish'd not to controul.’

[Beattie] The Minstrel

 

St. Aubert awoke at an early hour, refreshed by sleep, and desirous to set forward. He invited the stranger to breakfast with him; and, talking again of the road, Valancourt said, that, some months past, he had travelled as far as Beaujeu, which was a town of some consequence on the way to Rousillon. He recommended it to St. Aubert to take that route, and the latter determined to do so.

‘The road from this hamlet’, said Valancourt, ‘and that to Beaujeu, part at the distance of about a league and a half from hence; if you will give me leave, I will direct your muleteer so far. I must wander somewhere, and your company would make me this a pleasanter ramble than any other I could take.’

St. Aubert thankfully accepted his offer, and they set out together, the young stranger on foot, for he refused the invitation of St. Aubert to take a seat in his little carriage.

The road wound along the feet of the mountains through a pastoral valley, bright with verdure, and varied with groves of dwarf oak, beech, and sycamore, under whose branches herds of cattle reposed. The mountain-ash too, and the weeping birch, often threw their pendant foliage over the steeps above, where the scanty soil scarcely concealed their roots, and where their light branches waved to every breeze that fluttered from the mountains.

The travellers were frequently met at this early hour, for the sun had not yet risen upon the valley, by shepherds driving immense flocks from their folds to feed upon the hills. St. Aubert had set out thus early, not only that he might enjoy the first appearance of sun-rise, but that he might inhale the first pure breath of morning, which above all things is refreshing to the spirits of the invalid. In these regions it was particularly so, where an abundance of wild flowers and aromatic herbs breathed forth their essence on the air.

Mittwoch, März 25, 2020

Fragmentos de "The Mysteries of Udolpho". Capítulo I

Descripción de paisajes:

On the pleasant banks of the Garonne, in the province of Gascony, stood in the year 1584, the chateau of Monsieur St. Aubert. From its windows were seen the pastoral landscapes of Guienne and Gascony, stretching along the river, gay with luxuriant woods and vines, and plantations of olives. To the south, the view was bounded by the majestic Pyrenées, whose summits, veiled in clouds, or exhibiting awful forms, seen, and lost again, as the partial vapours rolled along, were sometimes barren, and gleamed through the blue tinge of air, and sometimes frowned with forests of gloomy pine, that swept downward to their base. These tremendous precipices were contrasted by the soft green of the pastures and woods that hung upon their skirts; among whose flocks, and herds, and simple cottages, the eye, after having scaled the cliffs above, delighted to repose. To the north, and to the east, the plains of Guienne and Languedoc were lost in the mist of distance; on the west, Gascony was bounded by the waters of Biscay.

To this spot he had been attached from his infancy. He had often made excursions to it when a boy, and the impressions of delight given to his mind by the homely kindness of the grey-headed peasant, to whom it was intrusted,  and whose fruit and cream never failed, had not been obliterated by succeeding circumstances. The green pastures along which he had so often bounded in the exultation of health, and youthful freedom - the woods, under whose refreshing shade he had first indulged that pensive melancholy, which afterwards made a strong feature of his character - the wild walks of the mountains, the river, on whose waves he had floated, and the distant plains, which seemed boundless as his early hopes - were never after remembered by St. Aubert but with enthusiasm and regret. At length he disengaged himself from the world, and retired hither, to realize the wishes of many years.


Mittwoch, Januar 01, 2020

Plan de lectura para The Mysteries of Udolpho

Este año pasado, el 2019, no terminé de leer el libro que debí haber terminado en dos o tres meses máximo: Los misterios de Udolfo, de Ann Radcliffe. Este libro lo conseguí allá por el 2012 o 2013. La verdad aún no recuerdo. Lo pedí en la librería sampetrina Book Smart.

Hoy, primero de enero del presente año, 2020, me propongo terminar este libro en menos de seis meses. Y seis meses ya es mucho. Haciendo cuentas, el libro se divide en cuatro volúmenes. En libro tiene 622 páginas.

Si yo leyera cinco páginas por día, todos los días, lo terminaría en casi cuatro meses.

Si yo leyera diez páginas por día, todos los días, lo terminaría en casi dos meses.

Si leyera quince páginas por día, lo lograría en casi mes y medio.

Si leyera veinte páginas por día, lo lograría en un mes.

Demasiado retador.

Mi apuesta más segura es lograr leer este inquietante libro en dos meses, leyendo por día diez páginas en promedio.

Espero en dos o tres meses reportar mi avance o mi conclusión de esta lectura.

¡Ya quiero terminarlo!

Montag, September 17, 2018

Libros por leer a partir de septiembre del 2018

A continuación muestro los libros que planeo leer los próximos meses o años a partir del presente mes.

1. Dracula, de Bram Stoker
Actualmente lo estoy leyendo. Comencé con este libro hace casi dos años, pero por mi falta de constancia no he podido avanzar. En ocasiones, leí en una semana dos capítulos diarios, y fue la única manera en que pude leer muchas páginas. El libro tiene 27 capítulos, y voy empezando el capítulo 20. La idea es que antes de que finalice este mes, yo ya haya terminado este libro de la literatura gótica.

2.The Mysteries of Udolpho, de Ann Radcliffe
Este libro lo conocí gracias a la película The Jane Austen Book Club, donde un grupo de mujeres y un hombre se reúnen para leer todos los libros de la autora inglesa Jane Austen. Supe que la obra de Northanger Abbey era una paradia de Los misterios de Udolfo. Me imagino que es como el Quijote a los libros de caballerías. He leído pocos capítulos de este libro, como tres o cuatro. Me gusta mucho el estilo que usa Ann Radcliffe, aunque pienso que no a pocos les podría parecer aburrida esta obra.

3. Gone With The Wind, de Margaret Mitchell
Nunca he leído este libro. Conseguí una edición especial de aniversario hace unos años. He visto la películas como dos o tres veces. La primera vez que la vi yo estaba en los últimos semestres de la carrera. Lo poco que sé es que la autora es católica y en esta obra suya narra la historia de una mujer que le tocó vivir los sufrimientos de la guerra civil norteamericana, perteneciendo a los territorios de lo que se conocía como la Confederación.

4.The Iliad (La ilíada), de Homero

5. The Great Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald

6. Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra

Montag, Mai 21, 2018

El vizconde de Bragelonne. Capítulo I. La carta (fragmento)

El vizconde de Bragelonne
por Alexandre Dumas

Capítulo I: La carta

[…] Los ocho guardias, que comprendieron estaba terminado su servicio por el resto del día, se acostaron al sol sobre sus bancos de piedra, los palafreneros desaparecieron con sus caballos en las cuadras, y a excepción de algunos pájaros, que se picoteaban unos a otros con chillidos agudos en la espesura de los alhelíes, hubiérase dicho que todos dormían en el castillo del mismo modo que Monsieur.

         De pronto, en medio de este silencio tan dulce, resonó una risotada nerviosa que hizo abrir un ojo a alguno de los alabarderos que hacían la siesta.

         Esta carcajada salía de una ventana del castillo, visitada en aquel instante por el sol, que la conglobaba en uno de esos grandes ángulos que dibujaban mirando al mediodía, sobre los patios, los perfiles de las chimeneas.

         El balconcillo de hierro cincelado, que sobresalía más allá de esta ventana, estaba adornado con un tiesto de flores rojas, otro de primaveras, y un rosal, cuyo follaje, de un verde encantador, estaba salpicado de capullos rojos, precursores de rosas.

         En la habitación a que daba luz esta ventana, distinguíase una mesa cuadrada, revestida de antigua tapicería con muchas flores de Harlem; sobre esta mesa había una redomita de piedra, en la cual estaban sumergidos algunos lirios, y a cada extremo de dicha mesa, una joven.

         La actitud de estas dos jóvenes era particular; se las hubiera tomado por dos pensionistas escapadas del convento. Una de ellas, con los codos apoyados en la mesa y una pluma en la mano, trazaba caracteres sobre una hoja de papel de Holanda; la otra, arrodillada sobre una silla, lo que le permitía adelantar la cabeza y el busto por encima del espaldar hasta la mitad de la mesa, miraba a su compañera cómo vacilaba al escribir. De aquí provenían los gritos y las risas, una de las cuales, más ruidosa que las otras, había espantado a los pájaros que saltaban en los alelíes y turbado el sueño de los guardias de Monsieur.

         La que estaba apoyada sobre la silla, la más ruidosa, la más risueña, era una linda muchacha de diecinueve a veinte años, morena, de cabellos negros y ojos encantadores, que ardían bajo unas cejas vigorosamente trazadas, con unos dientes que resplandecían como perlas entre labios de coral.

         Todos sus movimientos parecían el resultado de un gesto; su vida no era vivir, sino saltar.

         La otra, la que escribía, miraba a su bulliciosa compañera con ojos azules y limpios como el cielo de aquel día. Sus cabellos, de un rubio ceniciento, peinados con delicado gusto, caían en trenzas sedosas sobre sus nacaradas mejillas; posaba sobre el papel una mano delicada, pero cuya delgadez denunciaba su juventud. A cada risotada de su amiga, alzaba como despechada sus blancos hombros, de una forma poética y suave, mas a los cuales faltaba esa elegancia de vigor y de modelo que también se deseaba ver en sus brazos y manos.

         ―¡Montalais! ¡Montalais! ―exclamó por fin con voz dulce y cariñosa como un cántico―. Reís demasiado fuerte, como un hombre, y no solamente os notarán los señores guardias, sino que tampoco oiréis la campanilla de Madame, cuando llame.

         La joven, llamada Montalais, no cesó de reír ni de gesticular por esta amonestación, y contestó:

         ―No decís lo que pensáis, querida Luisa; sabéis que los señores guardias, como vos los llamáis, empiezan ahora su sueño, y que ni un cañón los despertaría; sabéis también que la campanilla de Madame se oye desde el puente de Blois, y que, por consiguiente, la oiré cuando mi obligación me llame a su cuarto. Lo que os molesta, hija mía, es que yo me ría cuando escribís; lo que teméis es que la señora de Saint-Remy, vuestra madre, suba aquí, como hace veces cuando reímos estrepitosamente; que nos sorprenda, y que vea esa enorme hoja de papel, en la cual, después de un cuarto de hora, no habéis trazado más que estas palabras: “Caballero Raúl”. Tenéis razón, amada Luisa, porque después de esas palabras, caballero Raúl, se pueden poner tantas otras, tan significativas y tan incendiarias, que la señora de Saint-Remy, vuestra madre, tendría derecho para arrojar fuego y llamas. ¡Eh! ¿No es esto? ¡Hablad!

         Y Montalais aumentó sus risas y provocaciones turbulentas.

         La joven rubia se enfureció de repente; desgarró el papel en que estaban escritas las palabras Caballero Raúl con hermosa letras, y, arrugándolo entre sus nerviosos dedos, lo arrojó por la ventana.

         ―¡Hola, hola! ―dijo la señorita de Montalais―. ¡Cómo se enoja nuestro corderito, nuestro niño Jesús, nuestra paloma!... no tengáis miedo, Luisa; la señora de Saint-Remy no vendrá, y si viniera, ya sabéis que tengo el oído muy fino. Además, ¿qué cosa más natural que escribir a un antiguo amigo que data de doce años, sobre todo, cuando se empieza la carta con las palabras Caballero Raúl?

         ―Está bien, no le escribiré ―dijo la joven.

         ―¡Ah!... ¡Ya está Montalais bien castigada! ―exclamó, sin dejar de reír, la morenita burlona― Vamos, vamos, otro pliego de papel, y concluiremos pronto nuestra correspondencia. ¡Bien! ¡Ahora sí que suena la campanilla! ¡Tanto peor! Madame pasará la mañana sin su primera camarista.

         En efecto, la campanilla anunciaba que Madame había concluido su tocado y esperaba a Monsieur, que le daba la mano en el salón para pasar al comedor.

         Hecha esta formalidad con grande ceremonia, los dos esposos almorzaban y se separaban hasta la hora de comer, fijada invariablemente a las dos de la tarde.

         El sonido de la campanilla hizo abrir en la repostería, a la izquierda del patio, una puerta por la cual desfilaron dos maestresalas, seguidos de ocho marmitones con una parihuela cargada de manjares cubiertos con tapaderas de plata.

        

Sonntag, Juni 05, 2016

Rescatando a Fogler del esoterismo

Este día tenía pensado ir al centro de Harlzbornn. Iría a misa a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, pero antes, tenía pensado realizar un pendiente: conseguir el libro Essentials of Chemical Reaction Engineering del grandioso ingeniero químico H. Scott Fogler.

Tomé la ruta 225 Huinalá San Pablo y me bajé sobre la avenida Colón, a la altura de la calle Zaragoza. Caminé hasta la avenida Madero con la calle Mariano Escobedo, y cerca de la esquina se encuentra la librería a donde quería llegar. Esta librería me gusta porque tiene varios libros académicos, en español e inglés, a muy buenos precios. También es de notar que venden muchos títulos de obras de temas esotéricos, hinduistas o de la Nueva Era.

Había otros títulos académicos que llamaron mi atención, como uno de bioquímica de la editorial española Reverté. Al notar que dentro del libro había una amplia hoja doblada que contenía todos los procesos bioquímicos, recordé a un compañero del trabajo, un ingeniero químico de Veracruz, que mencionaba que cuando él estaba en la universidad, un profesor les exigía a sus alumnos que se aprendieran todos esos procesos bioquímicos. Al ver todos los procesos me sorprendí mucho, pues eran bastantes, y al parecer complejos. Espero algún día aprender sobre bioquímica.

Luego, tras haberme decidido por comprar el libro de Fogler, el cual se encontraba a un precio de ganga (¡menos de setecientos pesos!), le di muchas vueltas a los libreros viendo otros títulos no académicos, hasta que me topé con el título de Las ventajas de ser invisible (The Perks of Being a Wallflower) de Stephen Chbosky. Este libro ya había captado mi interés desde hace tiempo. Creo que lo conocí por referencias de alguna chica con la que llegué a salir hace pocos años. Siempre tuve curiosidad de leer el libro y ver la película.

Fue así que salí de la librería con dos libros que muy bien sé que no necesitaba, especialmente el académico, pues ya tengo una edición usada en español que compré en la primavera de hace siete años. Pero quería saber qué cambios había de la edición que yo tenía a la edición que compré. La verdad es que al hojearlo no noté gran diferencia. Pero me sentía satisfecho al haber conseguido la edición en inglés, nueva, ¡por menos de setecientos pesos!