Últimamente, desde hace ya varios años, se ha venido fomentando en todo el mundo, en la sociedad, el tema de la inclusión. Aunque en un inicio es muy buena, pues todos somos iguales a los ojos de Dios, hay unos detalles que pueden parecer indefensos y es justamente ahí donde se puede inmiscuir la maldad.
Hay cosas muy buenas por las que la inclusión lucha: la igualdad de oportunidades, ya sea de estudio o laborales; respeto a la libertad de expresión (aún amedrentada) o de creencias (entre las cuales se encuentra la muy extensa Nueva Era). Pero también hay ciertos puntos muy, muy sensibles, que se refieren a los temas de identidad u orientación sexual.
Es aquí donde entra la ideología de género, lo cual no es sino una abominable y oscura trampa de un sinfín de perversiones sexuales enmascaradas de gente buscando ser amadas y con muchas ganas de amar, cuando en sí son personas heridas, con traumas, con distorsiones de lo que es natural y que quieren ser dictadores de sus propias fantasías erotizadas.
Sí, dentro de la ideología de género se busca normalizar las conductas homosexuales y demás vertientes no naturales de la sexualidad humana. En un principio así no era: "Hombre y mujer los creó [Dios]". Incluso el término correcto, sexo, va yendo en desuso, siendo sustituido malamente por el "moderno", o progresista, término de género, lo cual no debería aplicar para los seres humanos, sino sólo para los animales u objetos inanimados.
Y bien, es aquí donde se desata la polémica. Muchos individuos quieren buscar la igualdad, no equidad, entre el hombre y la mujer. La igualdad de los sexos. Peor aún, la desaparición de los sexos, y la aparición del género, definido por un individuo, en libertad y en consciencia.
La ciencia, la verdadera ciencia, reconoce las diferencias físicas entre un hombre y una mujer, y no sólo los atributos físicos, sino también la forma en que la mente, el cerebro, está constituido. La forma de pensar y de sentir de un hombre difiere, por naturaleza, de la de una mujer. Hasta ahí, uno no puede sentirse ofendido o discriminado pues, si uno es hombre, se tiene un comportamiento y esencia definidos por la genética. Si uno es mujer, tendrá su forma de pensar, de ver, de sentir, distinta a la del hombre. Ambas formas son complementarias.
El hombre y la mujer fueron creados para procrear, para unirse. Es bien conocido que un hombre nunca podrá procrear con otro hombre, y lo mismo puede decirse de una mujer con otra mujer. La ciencia, la naturaleza, nos enseñan esto. No hay alternativas. La vida sólo viene de esta manera.
¡Por eso, lo que no da vida, da muerte!
Sí, dentro de la ideología de género se busca normalizar las conductas homosexuales y demás vertientes no naturales de la sexualidad humana. En un principio así no era: "Hombre y mujer los creó [Dios]". Incluso el término correcto, sexo, va yendo en desuso, siendo sustituido malamente por el "moderno", o progresista, término de género, lo cual no debería aplicar para los seres humanos, sino sólo para los animales u objetos inanimados.
Y bien, es aquí donde se desata la polémica. Muchos individuos quieren buscar la igualdad, no equidad, entre el hombre y la mujer. La igualdad de los sexos. Peor aún, la desaparición de los sexos, y la aparición del género, definido por un individuo, en libertad y en consciencia.
La ciencia, la verdadera ciencia, reconoce las diferencias físicas entre un hombre y una mujer, y no sólo los atributos físicos, sino también la forma en que la mente, el cerebro, está constituido. La forma de pensar y de sentir de un hombre difiere, por naturaleza, de la de una mujer. Hasta ahí, uno no puede sentirse ofendido o discriminado pues, si uno es hombre, se tiene un comportamiento y esencia definidos por la genética. Si uno es mujer, tendrá su forma de pensar, de ver, de sentir, distinta a la del hombre. Ambas formas son complementarias.
El hombre y la mujer fueron creados para procrear, para unirse. Es bien conocido que un hombre nunca podrá procrear con otro hombre, y lo mismo puede decirse de una mujer con otra mujer. La ciencia, la naturaleza, nos enseñan esto. No hay alternativas. La vida sólo viene de esta manera.
¡Por eso, lo que no da vida, da muerte!