Hoy durante la mañana, mientras me encontraba en el trabajo, estuve revisando las publicaciones en Facebook y me topé con una muy importante. Resulta que hoy, 31 de diciembre, iban a haber confesiones en la parroquia de Santa Teresa de Ávila, la cual queda al norte de Monterrey, por la avenida Luis Donaldo Colosio.
Estos días había perdido la gracias por algunos pecados repetitivos. Se suponía que el domingo pasado, el 29 de diciembre, me iba a confesar, pero la noche anterior mi novia y yo nos despedimos tarde y ya no me levanté a tiempo para ir al templo de San José donde normalmente voy a confesarme.
Así que no iba a perder la oportunidad de hoy, la cual para mí fue única, pues normalmente en las fiestas de precepto hay menos confesiones, a comparación de los días regulares. Doy muchas gracias a Dios que me haya regalado esta posibilidad de recuperar Su gracia.
Salí del trabajo poco después de la una y media de la tarde. Me fui por Nogalar, continué por la avenida Fidel Velázquez y di vuelta en Lincoln donde está la clínica 25 del IMSS. Toda esa avenida me fui varios kilómetros hasta llegar a la avenida Colosio.Casi a las dos y cuarto de la tarde me encontraría llegando a la parroquia de Santa Teresa de Ávila.
Junto con la parroquia del Rosario de la colonia Roma, Santa Teresa de Ávila es de las iglesias con mayor cantidad de misas dominicales. La verdad admiro mucho que en una iglesia haya gran cantidad de misas. Eso refleja mucho de la comunidad y del compromiso de los sacerdotes y demás servidores por llevar la celebración eucarística a cabo para todos los feligreses.
Cuando entré al templo noté que había gente sentada en unas bancas haciendo fila. Me acerqué a una mujer preguntándole sobre si esta era la fila de la confesión, a lo cual asintió. Me puse a lado de ella y comencé a esperar mi turno. No había divisado muy bien, pero el sacerdote que estaba confesando se encontraba a unas pocas bancas más adelante de nosotros.
Al ser mi turno, noté que el sacerdote quería que las confesiones fueran breves y concisas, pero al yo mostrarle, por segunda vez, mis tan recurrentes pecados, asumió darme consejos llenos de sabiduría y misericordia. Necesito ser un hombre más maduro.
Como penitencia me pidió ir al Santísimo y pedirle a Dios el don de la pureza. Tanto es lo que necesito mejorar como persona que debo cuidar mucho mis acciones, por más mínimas que sean, y ser muy constante en la oración.
Al entrar al Santísimo, noté que tienen una imagen de María Siempre Virgen y una figura de San Miguel Arcángel. Me arrodillé unos minutos y estuve adorando y platicando con nuestro Señor. Es hermoso poder estar frente a Él, con tanta paz y tranquilidad. Me gustaría frecuentarlo más este nuevo año.
Al salir del templo, me sentí muy aliviado de que finalmente me encontraba en gracia otra vez. La verdad se siente muy padre poder terminar el año de tal manera. Se los recomiendo mucho.
Tras esto, me dirigí hacia mi hogar, regresándome nuevamente por la avenida Lincoln, para más tarde incorporarme a Gonzalitos. Llegaría a mi casa cerca de las tres y media. Tenía hambre y un poco de dolor de cabeza, además de cansancio. No había comido nada desde la noche anterior, pero quise ofrecerlo a Dios, para hacer mi sacrificio penitencial para recuperar la gracia.
Ahora sí puedo decir que terminé muy bien este año 2019: ¡en gracia!
Estos días había perdido la gracias por algunos pecados repetitivos. Se suponía que el domingo pasado, el 29 de diciembre, me iba a confesar, pero la noche anterior mi novia y yo nos despedimos tarde y ya no me levanté a tiempo para ir al templo de San José donde normalmente voy a confesarme.
Así que no iba a perder la oportunidad de hoy, la cual para mí fue única, pues normalmente en las fiestas de precepto hay menos confesiones, a comparación de los días regulares. Doy muchas gracias a Dios que me haya regalado esta posibilidad de recuperar Su gracia.
Salí del trabajo poco después de la una y media de la tarde. Me fui por Nogalar, continué por la avenida Fidel Velázquez y di vuelta en Lincoln donde está la clínica 25 del IMSS. Toda esa avenida me fui varios kilómetros hasta llegar a la avenida Colosio.Casi a las dos y cuarto de la tarde me encontraría llegando a la parroquia de Santa Teresa de Ávila.
Junto con la parroquia del Rosario de la colonia Roma, Santa Teresa de Ávila es de las iglesias con mayor cantidad de misas dominicales. La verdad admiro mucho que en una iglesia haya gran cantidad de misas. Eso refleja mucho de la comunidad y del compromiso de los sacerdotes y demás servidores por llevar la celebración eucarística a cabo para todos los feligreses.
Cuando entré al templo noté que había gente sentada en unas bancas haciendo fila. Me acerqué a una mujer preguntándole sobre si esta era la fila de la confesión, a lo cual asintió. Me puse a lado de ella y comencé a esperar mi turno. No había divisado muy bien, pero el sacerdote que estaba confesando se encontraba a unas pocas bancas más adelante de nosotros.
Al ser mi turno, noté que el sacerdote quería que las confesiones fueran breves y concisas, pero al yo mostrarle, por segunda vez, mis tan recurrentes pecados, asumió darme consejos llenos de sabiduría y misericordia. Necesito ser un hombre más maduro.
Como penitencia me pidió ir al Santísimo y pedirle a Dios el don de la pureza. Tanto es lo que necesito mejorar como persona que debo cuidar mucho mis acciones, por más mínimas que sean, y ser muy constante en la oración.
Al entrar al Santísimo, noté que tienen una imagen de María Siempre Virgen y una figura de San Miguel Arcángel. Me arrodillé unos minutos y estuve adorando y platicando con nuestro Señor. Es hermoso poder estar frente a Él, con tanta paz y tranquilidad. Me gustaría frecuentarlo más este nuevo año.
Al salir del templo, me sentí muy aliviado de que finalmente me encontraba en gracia otra vez. La verdad se siente muy padre poder terminar el año de tal manera. Se los recomiendo mucho.
Tras esto, me dirigí hacia mi hogar, regresándome nuevamente por la avenida Lincoln, para más tarde incorporarme a Gonzalitos. Llegaría a mi casa cerca de las tres y media. Tenía hambre y un poco de dolor de cabeza, además de cansancio. No había comido nada desde la noche anterior, pero quise ofrecerlo a Dios, para hacer mi sacrificio penitencial para recuperar la gracia.
Ahora sí puedo decir que terminé muy bien este año 2019: ¡en gracia!