Samstag, März 20, 2021

Introducción a las epístolas católicas. Primera carta de San Pedro

Primera epístola de San Pedro


Dos epístolas católicas reivindican la paternidad de San Pedro. La primera, que lleva en el saludo el nombre del príncipe de los apóstoles, 1 1, fue admitida sin oposición desde los comienzos de la Iglesia: utilizada probablemente por Clemente de Roma y ciertamente por Policarpo, es atribuida explícitamente a San Pedro a partir de Ireneo. El apóstol escribe desde Roma (Babilonia, 5 13), donde se encuentra con Marcos, a quien llama «su hijo». Aunque sabemos muy poco acerca del fin de su vida, una tradición bien atestiguada le hace venir efectivamente a la capital del imperio, donde murió mártir bajo Nerón (¿64 ó 67?). Se dirige a los cristianos «de la Dispersión» precisando los nombres de cinco provincias, 1 1, que prácticamente representan el conjunto del Asia Menor. Por lo que dice de su pasado, 1 14.18; 2 9s; 4 3, da a entender que se trata de convertidos de la gentilidad, si bien no se excluye la presencia de judeocristianos entre ellos. Por eso les escribe en griego; y si este griego, sencillo, pero correcto y armonioso, parece demasiado bueno para el pescador galileo, conocemos el nombre del discípulo-secretario que le pudo ayudar en su redacción: Silvano, 5 12, a quien comúnmente se identifica con el antiguo compañero de San Pablo, Hch 15 22+.

El propósito de esta epístola es sostener la fe de sus destinatarios en medio de las tribulaciones que les asaltaban. Se ha querido ver en ellas persecuciones oficiales como las de Domiciano o aun las de Trajano, lo que supondría una época muy posterior a San Pedro. Pero nada parecido exigen las alusiones de la epístola. Más bien, se trata de violencias privadas, de injurias y calumnias que la pureza de vida de los convertidos les concita de parte de aquellos cuya conducta desarreglada abandonaron, 2 12; 3 16; 4 4.12-16.