Hoy asistí a trabajar como cualquier día. Llegué muy apenas a las siete de la
mañana, ya que en la noche me desvelé para terminar y avanzar unos datos que yo
más tarde utilizaría en la junta de las once de la mañana. Relevé a mi compañero
[César] y nos informamos de los eventos que hubo en su turno y de lo que podría
pasar en mi turno.
Ya anteriormente había platicado, como muchas veces, con
[César], de mi posible despido de la empresa. Todo esto basado en tres puntos,
los cuales describiré a continuación:
El primer punto fue que nuestro contrato
se termina mañana sábado, 13 de agosto, siendo así noventa días naturales de
nuestro contrato firmado el día 16 de mayo del presente año.
Segundo, hace días, específicamente, una semana atrás, descubrí que en la página para buscar empleo de la OCC estaba ya publicada la vacante para Supervisor de turno.
Y tercer punto, el causante de todo: La tarde del 2 de agosto, durante el paro de la planta, ocurrió un incidente.
Personal de mantenimiento pidió autorización para realizar un trabajo de mantenimiento en una bomba centrífuga, cuya línea de alimentación proviene de un tanque evaporador, el cual aún tenía nivel (un 25 % aproximadamente) de una solución corrosiva, sulfhidrato de sodio (NaHS).
Para estos trabajos se llenan un formato de permiso de trabajo y un análisis de riesgo. Ya que yo no había aprobado el examen sobre estos formatos, yo no podía firmar estos documentos. Por tal motivo, durante mi turno siempre firmaba mi compañero súper operador.
El error fue de mi compañero, y de todos (incluyéndome), al no percatarse de que el tanque evaporador de sulfhidrato de sodio aún tenía nivel. Desde el fin de semana, el domingo, habían parado el proceso de evaporación, pero en ningún momento vaciaron el tanque, y aparentemente no se comunicó de manera efectiva que el tanque tenía nivel aún, a parte de que nosotros en el turno no verificamos nada.
Al día siguiente del accidente, en la tarde del miércoles 3 de agosto, el gerente de operaciones nos llamó a mí y a mi compañero supervisor de turno (súper operador) para hablar con nosotros, inquiriendo sobre cómo fue que sucedió el evento trágico del día anterior. Nos mencionó que por cosas menores se ha ido gente en las empresas donde él ha trabajado. O sea, casi nos dijo que nos iban a correr.
Juntando todos los tres puntos yo ya tenía claro que me iban a correr. [César] como buen compañero quería animarme a que no pensara eso, que incluso podría ser él u otro compañero a quien fueran a correr.
El día de hoy marchaba con tranquilidad (aparente), pues seguían ocurriendo los mismos problemas de casi todos los días, fallas en todas partes. Un futuro paro en el área de evaporación posiblemente después del horario de la comida, fallas en el área de precipitación (como en las últimas semanas), además de las juntas que hay durante el día (al menos cuatro).
Tras haber terminado la junta de operaciones, que comenzó a las once de la mañana y duró poco más de media hora, me dirigí hacia el área de evaporación para estar al pendiente de los movimientos que habría que realizar. Estando ya en el cuarto de control de dicha área me habló mi jefe por teléfono diciéndome que me presentara en las oficinas generales y que llevara mi computadora conmigo, jamás pensando a qué se refería.
Tomé mis cosas, fui por mi computadora y me dirigí al edificio de las oficinas generales. Ya que no especificó a qué oficina, me fui hacia la oficina del gerente de operaciones. Alcancé a divisar que se encontraba con dos personas del departamento de ingeniería y proyectos viendo algunos temas, pero alcanzando a escucharme preguntar por mi jefe, desde su asiento en su oficina el gerente me comentó con voz alta que se encontraba en recursos humanos.
¡Ya! Ya todo estaba perfilándose. No podía tener más duda de lo que iba a pasar.
Una vez arribando a la sala de capacitación de recursos humanos noté a mi jefe, y sentados cada quien frente a una mesa se encontraban el gerente de recursos humanos junto con el contador de la empresa. Tras unas breves palabras me dieron la gran noticia: Ya no se me iba a renovar el contrato.
¡Estoy sin trabajo ya!
Tuvimos un tiempo para ellos darme sus opiniones de el por qué ya no me renovaron. Era obvio que por el incidente fue la razón principal. De no haber pasado nunca, o haber sido con otra persona, no me hubiesen recortado.
Pero por algo, para algo, providencialmente, sucedió así. Fui yo quien iba a salir de la empresa.
Me dijeron cosas que no me parecieron justas. Que cuando sucedió el incidente yo no estaba presente, que incluso mis compañeros ingenieros de turno ([César] y [Humberto]) sí se encontraban al tanto, a pesar de ya no estar en turno. ¡O sea! Era obvio que no tenían otra cosa que hacer, por lo que podían quedarse ahí el tiempo que ellos quisieran. Si yo no me encontraba cerca, al igual que mi compañero súper operador, era porque teníamos cosas que revisar en el turno, además de los trabajos en el área de evaporación.
Otro detalle fue el que cuestionaron el por qué había reprobado yo el examen sobre los permisos de trabajo y los análisis de riesgos. Argumentaron que yo "no era tonto", por lo que no debí haber reprobado el examen. Comenté que por alguna distracción. Eso les dejó aún más una mala impresión mía.
En lo personal, se me hace injusto que tu resultado dependa de lo que hayas aprendido en menos de cuatro horas para poder así firmar los permisos de trabajo y análisis de riesgos. Eso se debió haber hecho con mayor anticipación, no cuando ellos ya querían que nosotros, los ingenieros de turno, entrábamos en el organigrama con toda la responsabilidad del turno.
Yo en ningún momento quise discutir nada. No les iba a ganar, además de que no le encontraba sentido.
Me pidieron retroalimentación de lo que yo pienso en qué podían mejorar ellos. Les comenté que mejoraran las capacitaciones del lado de operaciones, que dejaran todo bien establecido y detallado, de tal manera que no le quitáramos el tiempo a nadie. Les comenté que entendí que todos están muy ocupados, pero que al mismo tiempo todos tienen, según, las disposición de enseñar o aclarar dudas.
La verdad es que nos tocó a [César] y a mí un ambiente pesado los primeros dos meses, donde se notaba que había quienes no querían apoyarnos del todo, ni explicarnos ni nada; sólo hacían su trabajo ignorándonos. Eran pocos los que por iniciativa propia nos apoyaban, algunos otros, por indicación de nuestro jefe, nos brindaban ayuda, explicaciones y muestras de cómo realizar alguna actividad.
Agradecí el tiempo y la dedicación que me dieron. Se me cortaba la voz, ya estaba triste. El cubrebocas sí que es un buen elemento para ocultar los sentimientos. Mi jefe me veía algo fríamente, sin decir mucho. Si a caso el que pudo notarse un poco más sensible fue el contador.
Al final nos quedamos él y yo para ver los números de mi finiquito. Gracias a Dios, a que duré más de sesenta días, logré alcanzar utilidades, las cuales me entregarán si Dios quiere el año que viene en los meses de mayo o junio.
Una vez que me entregaron mi cheque me dieron instrucciones de recoger mis cosas y entregar lo último que tuviera yo en mi haber. Tras haber llegado a la oficina vacía de mi jefe y recoger mi mochila y demás pertenencias me dirigí hacia los vestidores. Me alcancé a despedir a unos pocos que me encontré en el camino.
En las bancas de los vestidores ya estaba casi llorando. Solo una persona se detuvo, [Juan Manuel Martínez]. Tuvo la caridad de darme unas palabras de aliento: "Es solo un trabajo. Hay más trabajos."
Y vaya que sí. Sólo fue un trabajo, no una vida. Estos tres meses que estuve en Kandellez me era muy pesado el día a día, tener que estar en la planta un promedio de diez horas, no recibir tiempo extra por el tiempo adicional invertido, además de tener que dedicarle más tiempo en casa, durmiendo pocas horas, sin poder disfrutar el tiempo libre con mi esposa o conmigo mismo.
¡Eso no es vida!
Yo quiero vivir, disfrutar mi matrimonio, tener una familia, leer, ver la televisión de vez en cuando, salir a pasear: ¡Vivir!
Salí de la empresa y me fui manejando. No niego que durante el trayecto tenía muchas ganas de llorar. Tanta injusticia recibida. No pensaba que fuera a estar peor que mi anterior trabajo. Vaya que la vida me sorprendía cada vez más.
Fui a cobrar mi cheque a una plaza comercial cerca de mi hogar, y para desahogarme me compré dos hamburguesas Big Krunch de KFC, ya que tenía mucho antojo de una hamburguesa de ahí desde hace tiempo.