Samstag, November 08, 2025

La resurrección de Don Beto

La semana pasada, entre mis desvelos y mi aburrimiento, y gracias a que tenía dinero en mi cuenta, pagué la suscripción premium para los servicios de Atresplayer, plataforma española donde puedo ver varios programas hispanos que desde hace años conocí y me encantan.

Ya tenía varios años sin pagarla. Tenía muchas ganas de ver algo diferente, y no tardé en ver nuevamente mi serie española favorita: El secreto de Puente Viejo. Ambientada a principios del siglo XX se ve la historia de un pequeño pueblo que va siendo cada vez más alumbrada por el modernismo, la tecnología y los eventos históricos sociales importantes de aquellos años.

Hace como dos o tres días decidí ver desde el inicio la serie. El primer episodio dura casi dos horas. Es en el segundo episodio donde el personaje de Tristán Montenegro cae desplomado en su casa debido a una enfermedad que contrajo de las islas de Filipinas, ya que él y sus soldados habían ido a la guerra contra Estados Unidos, donde se sabe que España perdió.

Es entonces que Pepa (la bellísima Megan Montaner) pone manos a la obra, y comienza a preparar una mezcla medicinal, para lo cual ocupaba una hierba que no se hallaba muy fácil en la región. Mientras una de las sirvientas estaría hirviendo y preparando la solución, Pepa se aventuró a los terrenos pedregosos donde se hallaría la planta faltante.

Efectivamente más tarde Pepa logra sanar al buen Tristán y todos contentos.

¿Y por qué narro este episodio del Secreto de Puente Viejo? Pues resulta que en esta ocasión soñé que fallecía alguien, un hombre ya grande de edad, y mi esposa y yo nos habíamos ofrecido a llevar el cuerpo, ya en el ataud, a la funeraria, donde sería velado.

¿Y quién era este señor? Si bien sí recuerdo la fisonomía del hombre (delgado, no muy alto, moreno, cabellos blancos y bigote prominente y blanco también) no coincidía con la de algún tío de mi esposa. Todo el tiempo (despierto) pensé que era algún familiar de ella, hasta que minutos más tarde di con el rostro del señor. Era uno de nuestros vecinos: Don "Beto", el esposo de "Yola".

Todos estábamos triste por el fallecimiento de esta persona. Pero fue justo cuando íbamos mi esposa y yo en el automóvil de la funeraria cuando noté que el cuerpo de Beto se movía, pues estaba respirando, a lo cual le grité a Bela Garima: "¡Preciosa! ¡Está vivo! ¡Está respirando!" A los pocos minutos el mismo Beto se levantó, pausadamente, sin tanto conocimiento de lo que había pasado, y para no espantarlo, le dije que se durmiera otro rato, que pronto llegaríamos a su casa con su familia.

Mi esposa y yo ahora nos encontrábamos muy contentos, llorando ahora de alegría. Decidimos entonces que yo me regresaría a la colonia, en An Edelfai, para avisarle a la familia que Don Beto está vivo y que ya venía de regreso, mientras que Bela Garim junto con Don Beto llegarían a la funeraria para aclarar las cosas y regresar victoriosos al hogar.

Ya estando yo en An Edelfai, avisé a dos conocidos, mientras buscaba con la vista al sacerdote que había visitado al cuerpo de Don Beto para darle la extrema unción. Yo me la pasaba diciendo que «¡Nuestrio Dios es un Dios de vivos y no de muertos», haciendo referencia a la resurrección de Lázaro, amigo de Jesús y hermanos de Marta y María.

Fue muy grato soñar con la resurrección de alguien y presenciar un milagro, pues ya se presumía que Don Beto había muerto. 

Montag, November 03, 2025

Resolviendo un examen de termodinámica

Hoy lunes, 3 de noviembre, apoyé a una alumna de la Universidad Iberoamericana de la carrera de ingeniería a contestar un examen parcial. Si bien sí cometimos un acto deshonesto, yo me vi motivado en ayudar a esta alumna, pues argumentaba que no tenía buen maestro, además de que no les compartía material de estudio ni ejemplos de problemas para resolver.

Yo como docente siempre les comparto el material de estudio. ¿Por qué no habría de hacerlo? Además, ni soy ni el primero, ni el último, ni mucho menos el único en apoyar a alguien de manera ilegal en resolver un examen. Esto siempre se ha realizado.

No quiero justificar un acto de deshonestidad. Yo sé, a lo mejor no seré la persona más legal del mundo. Pero tampoco puedo negar que me gusta ayudar a la gente en apuros. Y esto sucede también gracias a las exigencias altas de la academia y al poco apoyo a los alumnos que no han comprendido aún los contenidos, por las razones que sean.

Sí, suelen ser alumnos malos los que se ven envueltos en estas necesidades. Pero también hay que ubicar el contexto de cada situación. Esta niña está por acabar su carrera universitaria, por lo que le urgía salir bien en este examen.

La pregunta sería por qué ven materias tan pesadas (como termodinámica) al final del programa. Esta materia va a mediación de la carrera, no al final.

Ella me había contactado desde casi dos semanas previas, pues le preocupaba su examen. Ella me pagó con tiempo lo estipulado, días antes del examen, mostrando así su compromiso a nuestro proyecto escolar. Yo le ayudaría a resolver su examen, de forma virtual.

En los días previos al examen esta chica logró reunir documentos donde venían problemas muy similares a lo que ella encontraría en el examen. Poco a poco fui resolviendo algunos de estos problemas por mi cuenta. Ella no me pedía nada, mas que asegurara que la ayudaría en la fecha del examen.
 
Pocas veces me veía yo ante un estudiante comprometido con la ayuda, pues las últimas dos personas no me pagaron lo que habíamos acordado, además de no volverme a contestar mis mensajes. Por eso cuando noté que me pagó por adelantado, asumí mayor responsabilidad ante esta oportunidad.

Finalmente llegó el día. El examen constaba de dos problemas: Calcular la eficiencia energética de un proceso de una planta generadora de energía eléctrica, mientras que el segundo problema constaba en calcular unos coeficientes de una ecuación de estado virial para un gas.

El primer problema era el clásico proceso de caldera, turbina, condensador y bomba. Quiero decir que tardé casi una hora y media en resolverlo. ¡Sí! ¡Una hora y media en resolverlo!

 
Fue divertido y un trabajo muy arduo. Lo disfruté mucho. Reconozco que aún tengo cosas por mejorar. No había recibido tanta presión por resolver algún problema de ingeniería (propio o ajeno) desde hace ya buen tiempo.

El segundo problema no lo alcancé a resolver a tiempo. Para cuando había resuelto la primera parte del segundo problema ella ya había entregado el examen, por lo que dejé ahí mis procedimientos.