Mi jefe se comunicó conmigo porque quería que localizara a [Melissa], ya que eran ya más de las diez de la noche y ella no fue al laboratorio. Le comenté que le marcaría y vería qué me decía. Entonces intenté comunicarme con ella, pero no la localicé. Le dejé un mensaje por WhatsApp pero nunca respondió. Imaginé que porque ya era muy tarde, y como ella anda al igual que yo en transporte público, ya no le dieron permiso en su casa de salir tan tarde al trabajo, y mucho menos después de la tragedia ocurrida hoy.
Minutos después me volvió a llamar mi jefe por teléfono y le dije que no localicé a mi compañera. Entonces me pidió que si podía ir a cubrir yo el resto del turno de noche. ¡Pero si apenas estaba intentando dormir! Él pasaría por mí a mi casa y me llevaría al trabajo. Que ya no iría a trabajar el martes y regresaría, justamente, hasta el miércoles, en el horario que me correspondía esta semana. Le di mi dirección y quedamos en vernos dentro de unos minutos.
Al terminar la llamada hablé con mi mamá y le comenté que iría (otra vez) a trabajar. Iría a "doblar" turno, pues había ido de ocho de la mañana a cinco de la tarde y ahora volvería antes de las doce de la noche para salir a las seis y media de la mañana, y no había dormido prácticamente nada en el intervalo.
Me cambié de ropa, cené algo ligero y mi mamá me preparó un lonche de jamón y me dio unas barras nutritivas para que comiera en el trabajo. Poco después de las once de la noche arribó mi jefe al frente de mi casa. Me despedí y salí al encuentro con mi jefe.
Mi jefe no pudo evitar tocar el tema de las calles de mi colonia en Kristalia, pues todas son elementos químicos: Cobalto, platino, níquel, hierro, mercurio, magnesio, entre otros. "Entonces estabas destinado a estudiar en Ekimasce", me dijo bromeando.
Durante el trayecto hacia el trabajo platicamos brevemente de distintos temas: Mi familia, mi papá y su trabajo, el accidente del día de hoy, el por qué [Melissa] no fue y cómo se mantenía sorprendentemente informada de varias cosas que suceden en la planta.
Ya pronto nos encontrábamos en la entrada de la caseta dos, por donde normalmente entran los empleados con automóvil y los transportes de materias primas y producto terminado. Mi jefe se bajó de su auto y les explicó a los guardias de seguridad que yo estaría durante la noche trabajando. Pasé al interior de la empresa y nos despedimos mi jefe y yo con un "Hasta el miércoles".
No tardé más de media hora en abrir el laboratorio y encender nuevamente todos los equipos pues, cuando salimos mis compañeros y yo hacía varias horas, tuvimos que apagarlos y desconectarlos ya que no sabíamos si arrancaría la planta o no.
Y fue así como trabajé el lunes dieciséis horas, de ocho de la mañana a cinco de la tarde y más tarde de las once y media de la noche a seis de la mañana.






