Montag, Februar 01, 2016

Subiéndome al tren del festivo laborado

Hoy fue día festivo, por lo cual la planta paró y no hubo producción, pero eso no fue motivo para que dejara de llegar materia prima a la planta, por lo que debía haber gente del área de almacén para recibir tales materiales, y también debía haber al menos una persona de control de calidad para liberar lo que se iba a recibir.

Y justamente, esta semana yo andaré en el turno de mixto, el cual se encarga principalmente de liberar las materias primas y analizar los productos (mezclas y pastas) de producción. Así que hoy fui a laborar, en día festivo.

En teoría, la materias prima que se suponía que iban a llegar era, además del sulfato de sodio que llega en vagones del tren, el laurilsulfato de sodio, el cual es uno de los varios ingredientes activos que se utilizan en los detergentes que fabricamos.

Yo pensaba llegar a la planta a las ocho de la mañana, por lo que tenía tiempo de comprar unos tacos a medio camino para comer en el trabajo. Fui a Beauvêttes, sobre la avenida Miguel Alemán, y ahí compré dos o tres órdenes de tacos de harina. Poco después ya tomaría el autobús de la ruta 218 y pronto estaría arribando al trabajo.

La mañana era fresca, nublada, había llovido la noche anterior. Al llegar a la recepción de la empresa la guardia de la entrada me comentó que los guardias de la otra caseta de entrada querían ver si podía hacerles un favor, me estaban esperando en la línea del teléfono.

Tomé la llamada y me comentaron que si podía quitar la espuma que se encontraba en el techo de lo que sería la recepción. Ellos pensaban que yo era de la área de sulfonación, la cual está contigua a la recepción, y por tal motivo me pedían ese favor. Les respondí que en un momento lo haría. ¡Claro!, primero llegar a mi área de trabajo y comer.

Llegué al laboratorio, el cual estaba cerrado desde el domingo por la mañana. Conecté casi todos los equipos, o al menos los que serían necesarios para los análisis que probablemente realizaría. Prendí la computadora de la parte superior del laboratorio y comencé a ambientar el lugar con algo de música.

Poco antes de comer, fui a revisar el techo de la recepción. Yo no lo encontré tan lleno de espuma como lo platicaban los guardias de seguridad. Me había llevado, por si acaso, una piseta de plástico con alcohol etílico, pero al final de cuentas no fue necesario. Entonces me regresé al laboratorio para poder almorzar a gusto.

Poco antes de las nueve de la mañana le hablé por teléfono al técnico de la área de sulfonación para avisarle que ya me encontraba en mi área de trabajo, por lo que ya podía traerme las muestras de ácido sulfónico. Minutos más tarde este compañero arribaría al laboratorio con cuatro muestras, tres que correspondían a las muestras del domingo y una a la del turno de día de hoy. Ahora ya tenía trabajo.

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