Donnerstag, Februar 24, 2022

Consagración a San José. Día 10

Consagración a San José

Día 10

Luz de los Patriarcas
Ruega por nosotros


«¡Cómo me encanta llamar a San José Patriarca de los cristianos y de los elegidos de Dios! ¿Cómo podríamos no darle ese venerable título a quien de forma tan especial jugó un papel importantísimo en los misterios de nuestra regeneración espiritual?»
— Beato Guillermo José Chaminade

La palabra “patriarca” significa padre. Lo que todos los patriarcas del Antiguo Testamento prefiguraron, y lo que todos los padres cristianos están llamados a reflejar, es la luz paternal de Dios brillando a través de la paternidad de San José. Después de Cristo, San José es el más grande de todos los Patriarcas; ¡es el más grande de todos los padres!

«Imagina la santidad de todos los patriarcas antiguos, esa larga línea de sucesivas generaciones que es la misteriosa escalera de Jacob, culminando en la persona del Hijo de Dios. Ve cuán grande fue la fe de Abraham, la obediencia de Isaac, la valentía de David, la sabiduría de Salomón. Después de que te hayas formado la más alta opinión de estos santos, recuerda que San José está en la parte alta de la escalera, a la cabeza de los santos, los reyes, los profetas, los patriarcas. Que es más fiel que Abraham, más obediente que Isaac, más generoso que David, más sabio que Salomón; en una palabra, superior en gracia porque está cerca de la fuente, de Jesús que duerme entre sus brazos.»
— Beato Guillermo José Chaminade

SAN JOSÉ ES UN REFLEJO DEL PADRE DE LAS LUCES. En la carta de Santiago, leemos:

«Toda dádiva buena y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de rotación.»
— Sant 1,17

En el principio, Dios creó las grandes luminarias en los cielos: el sol, la luna y las estrellas. Sin luz, la creación estaría en tinieblas. En el Nuevo Testamento, el Padre estableció una nueva creación en Cristo. A través de Cristo, el Padre derrama su vida divina, amor y luz en nuestros corazones. San José y su paternidad juegan un rol muy importante en el maravilloso plan de Dios. San José es el reflejo perfecto del Padre de las luces, y nos ayuda a recibir la luz de Cristo. San José es un portador de luz; él nos trae a Jesús, la verdadera luz del mundo.

SAN JOSÉ TE AYUDARÁ A VIVIR EN LA LUZ DE DIOS. Tú eres hijo(a) de la luz. Como cristiano, Jesús te hace participar de su luz para que seas luz del mundo (ver Mt 5, 14-16).

«Todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas.»
— 1 Tes 5, 5

«Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad.»
— Ef 5, 8-9

EL “LUMEN PATRIARCHARUM” ATERRORIZA A SATANÁS. En la versión latina de la Letanía de San José, el título de “Luz de los patriarcas” aparece como “Lumen Patriarcharum.” El demonio odia a San José y su luz. El otro nombre de Satanás es Lucifer, que significa “portador de luz”. Lucifer perdió la luz por su soberbia y desobediencia a Dios. Ahora Satanás vive en perpetua oscuridad y aborrece la luz. Satanás le teme a tu padre espiritual porque San José es una humilde creatura de carne y sangre, el reflejo perfecto del Padre de las luces. San José es un verdadero y eterno portador de luz, un icono de Dios Padre. Después de Jesús y María, no hay ninguna persona que Satanás deteste más que a San José. ¡Mantente cerca de San José y camina en la luz!

«Deseo ofrecer una particular palabra de aliento a los padres para que tomen a San José como su modelo. Aquel que vigiló al Hijo del Hombre puede enseñarles el significado profundo de su propia paternidad.»
— Papa Benedicto XVI


Leer “¡Ite ad Ioseph!”

Ite ad Ioseph!


«Si quieres estar cerca de Cristo, hoy te volvemos a repetir, “Acude a José.”»
— Venerable Papa Pío XII

¿Cuál es la forma de estar más unido a Jesús en esta vida? La respuesta es fácil: recibirlo en la Santa Comunión. No existe mayor intimidad con Jesús en esta vida, que cuando lo recibimos en la santa Eucaristía durante la Misa. El Santísimo Sacramento es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo.

¿Sabías que sin la paternidad terrenal de San José no podrías recibir el Pan de Vida? A San José se le dio la misión de mantener y proteger al sagrado pan de vida para ti.

Permíteme explicarlo.

Probablemente conozcas la historia del Libro del Génesis sobre los hijos de Israel que vendieron a uno de sus hermanos a la esclavitud. El hermano vendido a la esclavitud se llamaba José. Los nuevos dueños de José se lo llevaron a Egipto, muy lejos de sus familiares. Lo que aquellos hombres le hicieron a su hermano fue horrible y vergonzoso, pero Dios tenía un plan.

Increíblemente, el Faraón, rey de Egipto, adoptó a José como miembro de su propia familia, por lo que se tenía a José como hijo del Faraón. El rey le dio gran autoridad a José poniéndolo al frente de todos los graneros de Egipto, que en aquella época estaba considerado como la canasta de pan del mundo. José realizó un trabajo muy eficiente almacenando trigo.

«Y así José juntó una cantidad de trigo tan enorme como la arena del mar, hasta tal punto que perdieron la cuenta, pues sobrepasaba todo cálculo.»
— Gen 41,49

Aunque los hermanos de José lo habían vendido a la esclavitud, Dios tenía planes maravillosos para José. Después de que José había almacenado una cantidad inconmensurable de trigo, una terrible hambruna azotó Egipto y los territorios circundantes. Como resultado de la escasez de comida, el Faraón instruyó a todos en Egipto: “¡Vayan a José y hagan lo que él les diga!” (Gen 41,55). La hambruna llegó a tal extremo, que los propios hermanos de José, los que lo habían vendido, viajaron a Egipto buscando comida.

Cuando los hermanos conocieron al hombre encargado de los graneros de Egipto, había pasado tanto tiempo que no se dieron cuenta de que estaban parados ante la presencia de su propio hermano a quien habían vendido en esclavitud años atrás. Como todos los demás, ellos también consideraban a José de la realeza egipcia, y se dirigieron a él como su señor. Sin embargo, José sí los reconoció.

Resumiendo, José ocultó su identidad, pero fue amable y misericordioso con sus hermanos llenándoles sus sacos de granos para que pudieran llevar bastante a su padre, Israel. Eventualmente, José les reveló su identidad y perdonó a sus hermanos. Gracias a José y su función como administrador del trigo, incontables vidas se salvaron de la hambruna y la muerte.

La historia del Antiguo Testamento es verídica y es una prefiguración de un José más grande aun que mantendría seguro a su Hijo, el Pan del cielo, en Egipto. ¡San José protegió una comida capaz de salvar a todo el mundo! San José, nuestro padre espiritual, es mucho más grande que el José del Antiguo Testamento. ¡Nuestro José fue el custodio del Pan del cielo! ¡Su deseo en el cielo es que todos sus hijos coman el Pan de vida eterna!

«El primer José (del Antiguo Testamento) era santo, recto, piadoso, casto, pero este José lo sobrepasa en santidad y perfección, como el sol eclipsa la luna.»
— San Lorenzo de Brindisi

Dios envió a San José a Egipto para que de allí San José pudiera llevar el Pan de Vida a las naciones. San José salvó a Nuestro Pan de Herodes; lo protegió y lo cuidó en Egipto; y ahora Él quiere que recibamos el Pan de Vida en la Santa Misa. A diferencia del José del Antiguo Testamento, el Pan celestial de San José es más numeroso que las arenas del mar. Este Pan celestial puede alimentar a todas las multitudes y satisfacer cada alma.

«El Faraón, el poderoso rey de Egipto, exaltó a José y lo hizo el príncipe más encumbrado de su reino porque almacenó el trigo y el pan salvando a la gente de todo su reino. Así José salvó y protegió a Cristo que es el Pan vivo y da vida eterna al mundo.»
— San Lorenzo de Brindisi

«Él (San José) diligentemente crio a Aquél a quien los fieles recibirían como el pan que bajó del cielo para que pudieran obtener la vida eterna.»
— Beato Papa Pío IX

«Si quieres hacerte una idea de la grandeza de San José, considera que por un privilegio divino mereció el título de “Padre de Jesús.” También reflexiona que su propio nombre, “José”, significa un incremento. Teniendo en cuenta al gran patriarca José vendido por sus hermanos en Egipto, comprende que nuestro santo ha heredado no sólo su nombre, sino más aún, su poder, su inocencia y su santidad. Así como el patriarca José almacenó el trigo no para sí sino para la gente en tiempo de necesidad, así José ha recibido una comisión celestial de vigilar el Pan vivo no para él sólo, sino para el mundo entero.»
— San Bernardo de Claraval

Sin José no tendríamos el Pan vivo de la Eucaristía. María “amasó la masa” en su sagrado vientre; San José amorosamente resguardó el Pan en Egipto, y continúa resguardando y preservando el Pan de vida en cada tabernáculo del mundo. San José hizo posible que todos sus hijos recibieran el Pan de vida eterna.

«¡A (San) José se le sigue atribuyendo la custodia del Pan vivo!»
— Venerable Fulton J. Sheen

Actualmente hay una hambruna espiritual y moral en todo el mundo. Las almas están muriendo por falta de alimento espiritual. Los corazones están destrozados, los matrimonios arruinados, las vidas destruidas, los niños son asesinados en el vientre de sus madres, y la verdad y el sentido común son escasos. La hambruna espiritual y moral del mundo está devastando a todas las naciones y arrasando con la humanidad. No hay un solo país que no se haya visto afectado por eso. ¿Qué debemos hacer? ¿A quién podemos acudir para encontrar alimento para nuestras almas?

«¡Acudan a José y hagan lo que él les diga!»
— Gen 41,55 

 

Rezar la Letanía de San José
 
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
—Cristo ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
 
Cristo, óyenos
—Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
—Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial
—Ten misericordia de nosotros
 
Dios Hijo , Redentor del mundo
—Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo
—Ten misericordia de nosotros
Santísima Trinidad, un solo Dios
—Ten misericordia de nosotros
 
Santa María
—Ruega por nosotros
San José
—Ruega por nosotros
 
Noble Retoño de David
—Ruega por nosotros
Luz de los patriarcas
—Ruega por nosotros
Esposo de la Madre de Dios
—Ruega por nosotros
Casto Guardián de la Virgen
—Ruega por nosotros
Padre Nutricio del Hijo de Dios
—Ruega por nosotros
Ferviente Defensor de Cristo
—Ruega por nosotros
Jefe de la Sagrada Familia
—Ruega por nosotros
 
José Justísimo
—Ruega por nosotros
José Castísimo
—Ruega por nosotros
José Prudentísimo
—Ruega por nosotros
José Valientísimo
—Ruega por nosotros
José Obedientísimo
—Ruega por nosotros
José Fidelísimo
—Ruega por nosotros
 
Espejo de Paciencia
—Ruega por nosotros
Amante de la Pobreza
—Ruega por nosotros
Modelos de los Obreros
—Ruega por nosotros
Gloria de la Vida Doméstica
—Ruega por nosotros
Guardián de las Vírgenes
—Ruega por nosotros
Pilar de las Familias
—Ruega por nosotros
Consuelo de los Afligidos
—Ruega por nosotros
Esperanza de los Enfermos
—Ruega por nosotros
Patrono de los Moribundos
—Ruega por nosotros
Terror de los Demonios
—Ruega por nosotros
Protector de la Santa Iglesia
—Ruega por nosotros
 
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Ten piedad de nosotros
 
V. Lo hizo Señor de su Casa
R. Y administrador de todas sus posesiones
 
Oremos: Oh, Dios, que en tu amorosa providencia elegiste a San José para ser esposo de tu santísima Madre, concédenos la gracia de tener como nuestro intercesor en el cielo a aquél que veneramos en la tierra como nuestro protector. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Mittwoch, Februar 23, 2022

Consagración a San José. Día 9

Consagración a San José

Día 9

Noble Retoño de David
Ruega por nosotros


«Él [Dios] dispuso que José naciera de la familia real. Quería que fuera noble, incluso de nobleza terrena; la sangre de David, de Salomón, y de todos los reyes de Judá fluye por sus venas.»
— San Pedro Julián Eymard

En los Evangelios de Mateo y Lucas se nos dice que San José es del linaje de los reyes davídicos. Los profetas del Antiguo Testamento siempre enseñaron que el Mesías provendría del linaje davídico. Es muy probable que María, nuestra Madre espiritual, también haya sido descendiente del Rey David, pero sus ancestros no se mencionan en el Nuevo Testamento. Mateo y Lucas presentan el linaje de José porque los ancestros davídicos del Mesías necesitaban ser mostrados a través del linaje paterno. Por lo tanto, Mateo y Lucas enfatizan que aun cuando Jesús no es el Hijo biológico de José, sí es su Hijo por ley y como tal, Jesús tiene derecho a ser llamado descendiente del Rey David.

«Los esponsales entre José y María son un episodio de gran importancia. José era del linaje real de David, y al contraer matrimonio con María le confiere al hijo de la Virgen — al Hijo de Dios — el título legal de “Hijo de David,” cumpliendo así las profecías.»
— Papa Benedicto XVI

SAN JOSÉ FUE REY DE LA SAGRADA FAMILIA. San José no fue rey de Nazaret, ni de Israel ni nada por el estilo, sino rey de su casa como lo es cualquier hombre de la suya. En la casa de Nazaret San José era el rey, María la reina y Jesús el príncipe a la espera del Reino que su Padre Celestial había preparado para Él. Por supuesto que Jesús es Rey de reyes y Señor de señores, pero el amor providencial de Dios desea que reconozcamos el reinado de San José en la Sagrada Familia. Jesús mismo nos dio un ejemplo de amor filial y reverencia que le debemos a San José, nuestro padre espiritual.

SAN JOSÉ ES UN “SEÑOR” DE LA NOBLEZA. Con gran frecuencia no pocos santos se han referido amorosamente a San José como a su “señor,” y Santa Teresa de Ávila se distingue especialmente por ello. Sin embargo, al utilizar este término ningún santo infiere ni remotamente que San José sea Dios, porque no lo es. Los santos en ocasiones utilizan este término de “señor” refiriéndose a San José con respeto, tal y como se dirige uno a dignatarios y gobernantes. Los santos se destacan por su piedad y expresan su relación filial con María y San José en un lenguaje devocional. Por ejemplo, a María se le llama “Madonna” (que se deriva del latín mea domina que significa “mi señora” y es la forma femenina de “señor.”)

«Ya que Dios ha querido obedecerte [San José], permíteme estar a tu servicio, honrarte y amarte como a mi señor y maestro.»
— San Alfonso María de Ligorio

«Toda la Iglesia reconoce a San José como patrono y guardián. Durante siglos muchas características de su vida han llamado la atención de los creyentes, y por eso ya desde hace muchos años me ha complacido dirigirme afectuosamente a él como “nuestro padre y señor.”»
— San Josemaría Escrivá

Referirse a San José como “señor,” también tiene fundamentos bíblicos. ¿Recuerdan a José del Antiguo Testamento, aquél que fue vendido como esclavo por sus hermanos? Bueno, sus hermanos terminaron llamándolo su “señor” (ver Gen 44) cuando al volver a encontrarlo él salva a su familia de la hambruna. Para nosotros, San José es más que un hermano; él es nuestro noble padre espiritual; es nuestro amado padre espiritual y señor.

«Noble San José, me alegra que Dios te haya hallado digno de realizar tan importante encargo, porque al ser elegido como padre de Jesús, pudiste ver a Aquél cuyas órdenes el cielo y la tierra obedecen sujetándose Él mismo a tu autoridad.»
— San Alfonso María de Ligorio


Leer “Hijo de David”

Hijo de David

«¡Qué grande es la dignidad de ese hijo de David, José, el esposo de María!»
— Beato Gabriele Allegra

Qué grande es realmente la dignidad de San José! En la Letanía de San José, se le da el título de “noble retoño de David.” En algunas traducciones el título se traduce como “prestigioso retoño de David.” De cualquier forma, el significado es el mismo: San José es un descendiente del Rey David.

«Él (San José) era descendiente en línea directa de una estirpe de patriarcas, reyes y príncipes, de allí es evidente que la dignidad de los patriarcas, reyes y príncipes terminaran en José.»
— Santa Bernardita de Siena

San José tiene sangre de reyes. En San José Jesús tuvo un padre de la nobleza y también nosotros, porque nuestro padre espiritual ¡es descendiente de la realeza! San José es el “hijo de David.”

El título “Hijo de David” es mesiánico. A Jesús se le llama “Hijo de David” 17 veces en el Nuevo Testamento. A diferencia de Jesús, San José no es el Mesías, pero él es la única otra persona en el Nuevo Testamento a quien se le nombra Hijo de David.

San José es llamado “Hijo de David” por el Ángel de Dios cuando le dice no tener miedo de tomar a María y llevarla a su casa (ver Mt 1,20). ¿Por qué el Ángel llama a San José “Hijo de David” especialmente a la luz del hecho de que es un título asociado con el Mesías? La razón es que San José necesitaba que el Ángel le recordara, en un momento crucial en la historia de la salvación, que él era descendiente de la realeza. San José acababa de enterarse del embarazo de su esposa, y no comprendiendo cabalmente el origen del Niño en el vientre de María, en su gran humildad había tomado la decisión de separarse de ella y del Niño, y por eso era necesario que el Ángel le recordara su linaje, hacerle saber qué papel le había encomendado Dios en la venida del Mesías, y pedirle que no se apartara de los divinos misterios, del llamado y la vocación para la que había sido creado. En otras palabras, Dios planeó que su eterno Hijo fuese conocido por los que le rodeaban como Hijo de un hombre de la casa de David, y ese hombre era San José.

«“José, hijo de David, no temas.” Porque de lo contrario, las tribulaciones mentales podrían hacer que no comprendieras este misterio. “José, hijo de David, no temas.” Lo que ves en ella es virtud, no pecado. Ésta no es una caída humana, sino un descenso divino. Aquí hay un premio, no culpa. Esto es un alargamiento del cielo, no un detrimento del cuerpo. Ésta no es la traición de una persona, sino el secreto del Juez. He aquí la victoria de Aquél que conoce el caso, no la penalidad de la tortura. Aquí hay no una obra silenciosa de algún hombre, sino el tesoro de Dios. Aquí hay una causa no de muerte, sino de vida. Por lo tanto, no temas.»
— San Pedro Crisólogo

Las palabras de San Pedro Crisólogo además de hermosas nos invitan a la reflexión, ya que él asume que San José desconfiaba de la fidelidad de María, pero como veremos en la sección “Hombre justo y reverente,” muchos otros santos nos dan una explicación más noble y virtuosa sobre el comportamiento de José. Esos santos sostienen que San José estaba reverentemente admirado de lo que sucedía en el vientre de María y se consideraba indigno de ser su esposo y padre putativo del Niño. Él jamás sospechó que María hubiese hecho algo malo o algo así, al contrario; San José sabía que estaba ante la presencia de un gran misterio. Humilde y justo, planeó separarse de María en silencio con el objeto de no interponerse en los divinos misterios. Sin embargo, antes de que pudiese hacer algo, Dios envió a su Ángel para recordarle a José de su linaje real, un linaje necesario para que el Salvador fuese considerado descendiente de David. El Rey David, ancestro de San José perteneciente a la realeza, alguna vez él mismo había tomado una decisión similar: considerándose indigno de tener el Arca de la Alianza en su cuidad, el Rey David envió el Arca lejos durante tres meses (ver 2 Sam 6). Para prevenir que algo parecido sucediera en el matrimonio de María y San José, el Ángel aseguró a San José que Dios lo había elegido para acoger al Niño y a su Madre en su casa. San José no debía enviar lejos al arca; no debía hacer lo que hizo el Rey David. “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer” (Mt 1,20).


Rezar la Letanía de San José
 
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
—Cristo ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
 
Cristo, óyenos
—Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
—Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial
—Ten misericordia de nosotros
 
Dios Hijo , Redentor del mundo
—Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo
—Ten misericordia de nosotros
Santísima Trinidad, un solo Dios
—Ten misericordia de nosotros
 
Santa María
—Ruega por nosotros
San José
—Ruega por nosotros
 
Noble Retoño de David
—Ruega por nosotros
Luz de los patriarcas
—Ruega por nosotros
Esposo de la Madre de Dios
—Ruega por nosotros
Casto Guardián de la Virgen
—Ruega por nosotros
Padre Nutricio del Hijo de Dios
—Ruega por nosotros
Ferviente Defensor de Cristo
—Ruega por nosotros
Jefe de la Sagrada Familia
—Ruega por nosotros
 
José Justísimo
—Ruega por nosotros
José Castísimo
—Ruega por nosotros
José Prudentísimo
—Ruega por nosotros
José Valientísimo
—Ruega por nosotros
José Obedientísimo
—Ruega por nosotros
José Fidelísimo
—Ruega por nosotros
 
Espejo de Paciencia
—Ruega por nosotros
Amante de la Pobreza
—Ruega por nosotros
Modelos de los Obreros
—Ruega por nosotros
Gloria de la Vida Doméstica
—Ruega por nosotros
Guardián de las Vírgenes
—Ruega por nosotros
Pilar de las Familias
—Ruega por nosotros
Consuelo de los Afligidos
—Ruega por nosotros
Esperanza de los Enfermos
—Ruega por nosotros
Patrono de los Moribundos
—Ruega por nosotros
Terror de los Demonios
—Ruega por nosotros
Protector de la Santa Iglesia
—Ruega por nosotros
 
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Ten piedad de nosotros
 
V. Lo hizo Señor de su Casa
R. Y administrador de todas sus posesiones
 
Oremos: Oh, Dios, que en tu amorosa providencia elegiste a San José para ser esposo de tu santísima Madre, concédenos la gracia de tener como nuestro intercesor en el cielo a aquél que veneramos en la tierra como nuestro protector. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Dienstag, Februar 22, 2022

Consagración a San José. Día 8

Consagración a San José

Día 8

San José
Ruega por nosotros



«Vemos que tanto al inicio del Nuevo Testamento como del Antiguo hay un matrimonio, pero mientras que Adán y Eva fueron la ocasión del mal que sobrevino al mundo, José y María son el pináculo desde el que se esparce la santidad sobre la tierra. El Salvador comenzó su obra de salvación a través de esta virginal y santa unión.»
— Santo Papa Pablo VI

El matrimonio está en el centro de la creación y de la redención. Como lo afirma el Santo Papa Pablo VI, Adán y Eva estaban presentes al comienzo de la creación (Antiguo Testamento), mientras que José y María estuvieron presentes al comienzo de la re-creación obrada por Dios (Nuevo Testamento). Jesús mismo describe el reino de los cielos como una fiesta de bodas (ver Mt 22, 2).

La afirmación del Santo Papa Pablo VI citada anteriormente es increíblemente profunda. En cierto sentido, él presenta la idea de que San José es la cabeza de la familia de la nueva alianza, así como Adán fue la cabeza de la familia de la primera alianza. Esta es una idea fascinante que ha sido escasamente explorada en los estudios teológicos, porque normalmente cuando pensamos en la nueva cabeza de la familia humana (el nuevo Adán), pensamos en Jesús (ver 1 Cor 15, 45), y con justa razón; Jesús es Dios y sólo Él regenera a la humanidad; sin embargo, como jefe de la Sagrada Familia, San José fue la cabeza de nuestra Cabeza. Él es el padre de Nuestro Salvador, Patrono de la Iglesia Universal y nuestro padre espiritual.

SAN JOSÉ ES UN NUEVO ADÁN. Después de Cristo, San José es la nueva cabeza de la familia humana. Como tal, estamos obligados a obedecer el Cuarto Mandamiento que nos dice: “Honrarás a tu padre y a tu madre” (Ex 20,12). El no amar y honrar a San José es una ofensa contra Dios. De hecho, la paternidad de San José es tan importante para nosotros, que nuestro crecimiento espiritual depende de ello. Si Jesús mismo creció en sabiduría y conocimiento mediante la paternidad de San José, necesitamos su paternidad para que nos ayude a adquirir “el traje adecuado” y necesario para entrar en el banquete de la boda celestial (ver Mt 22, 12).

SAN JOSÉ TE AYUDARÁ A LLEGAR AL BANQUETE DE BODAS CELESTIAL. Ya que sabemos que San José nos ama y por eso nosotros también lo amamos y honramos, podemos estar confiados de que nos ayudará a llegar al cielo. Lo más grande que puede hacer un padre por sus hijos es ayudarlos a llegar al cielo. Nuestro primer padre (Adán) arruinó esta posibilidad para todos sus hijos. La desobediencia de nuestro primer padre causó la caída de toda la creación y nos impidió la entrada al cielo. Por otro lado, la paternidad de San José nos elevará, nos ayudará a santificarnos y, gracias a su gran amor, nos guiará por el único camino que nos conducirá al cielo: Jesús.

SAN JOSÉ ES LA DELICIA DE LOS SANTOS. Todos los santos han amado a San José. Sería improbable encontrar a algún santo que no haya amado a San José. Si bien la devoción a San José se ha desarrollado lentamente con el correr del tiempo, ningún santo lo ha menospreciado. Es imposible tener un verdadero amor a Dios y al prójimo — es decir, ser santo — si se desprecia al esposo de María y padre terreno de Jesucristo. Para entrar al cielo necesitas imitar el amor firme de tu padre espiritual, y él te ayudará a adquirir el atuendo adecuado, que son las virtudes y la santidad, ¡absolutamente necesarias para entrar en el banquete de bodas celestial!

«Esto es lo que dice la Escritura: El primer hombre, Adán, fue creado como un ser viviente; el último Adán, en cambio, es un ser espiritual que da la Vida. Pero no existió primero lo espiritual sino lo puramente natural; lo espiritual viene después. El primer hombre procede de la tierra y es terrenal; pero el segundo hombre procede del cielo. Los hombres terrenales serán como el hombre terrenal, y los celestiales como el celestial. De la misma manera que hemos sido revestidos de la imagen del hombre terrenal, también lo seremos de la imagen del hombre celestial.»
— 1 Cor 15, 45-49


Leer “Delicia de los santos”

Delicia de los Santos

«A excepción de nuestra amorosa Madre, San José está por encima de todos los santos.»
— San Maximiliano Kolbe

San José es un santo único. Es honrado y amado como el hombre más cercano a Cristo. Sus virtudes y santidad son extraordinarias. Muchos Padres de la Iglesia — por ejemplo, San Jerónimo y San Agustín — alabaron a San José como un ejemplo de amor, humildad y dedicación a Jesús y María. San Gregorio Nacianceno consideraba a San José tan santo, que lo llamaba el más luminoso de todos los santos. Escribió:

«El Todopoderoso ha concentrado en San José, cual sol de brillo incomparable, la combinación de
luz y esplendor de todos los demás santos.»

Esta afirmación de San Gregorio Nacianceno es muy atrevida, y como Doctor de la Iglesia, su enseñanza es perenne. ¿Está afirmando que la santidad de San José excede incluso a la de Nuestra Señora? No, eso no es lo que está diciendo, sin embargo, sí hay algo muy importante que aprender de la exaltada alabanza que San Gregorio hace de San José.

Permítanme explicarlo.

Desde el inicio de la cristiandad, todos los seguidores de Jesús reconocieron la superlativa santidad de María, la Madre de Jesús. Sin embargo, era raro para cualquiera en la Iglesia primitiva referirse a María como una santa, y te preguntarás por qué. Bueno, los primeros cristianos consideraban a María tan santa, que le dieron una singular categoría de santidad. Su persona y privilegios son tan grandes, que le dieron el título de “Santísima Madre de Dios.” Incluso al día de hoy es extremadamente raro que un católico se refiera a la Virgen María como “santa” María. Cuando los católicos utilizan ese título, es generalmente utilizado para un edificio o una institución que se ha nombrado en honor de la Virgen María. Por ejemplo, muchas iglesias, escuelas y hospitales se llaman “de Santa María.” En una conversación diaria, sin embargo, casi no se escucha a un católico referirse a la Virgen María como “Santa María.” Si un católico la llama así, es muy probable que la persona sea convertida al catolicismo de una de las tantas denominaciones protestantes.

Esto nos ayuda a comprender por qué los santos a lo largo de la historia se refieren a San José como el más importante de todos los santos; entendiendo que la Virgen María está en una categoría completamente diferente. En el Reino de Dios, María es la más elevada de todas las creaturas, pero San José tiene mayor jerarquía que todos los demás santos. Es muy importante que tengas presente esta distinción a medida que avances con la lectura de este libro. En ocasiones, te puede parecer que los santos, beatos y Papas afirman en sus declaraciones que San José es más santo que María; sólo recuerda que no lo es.

Muy bien. Entonces la Iglesia primitiva comprendió que San José era la persona humana más santa después de María, pero ¿qué hay de la afirmación del mismo Jesús en relación a la grandeza de San Juan el Bautista? ¿Recuerdas eso? En el Evangelio de Lucas, Jesús dice: “Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan (el Bautista)...” (Lc 7, 28). ¿No está diciendo Jesús que San Juan Bautista es más grande que San José?

De hecho, eso no es lo que Jesús está diciendo en lo absoluto. En el siglo XVI, San Lorenzo de Brindisi ofreció una respuesta bien pensada y articulada sobre esta cuestión en particular, escribiendo:

«Aunque no fue su padre (de Jesús) biológico, fue su padre (San José) por la educación que le dio, sus cuidados y el cariño de su corazón. Por lo tanto, me parece que José es claramente el más santo de todos los santos, más santo que los patriarcas, que los profetas, que los apóstoles, que todos los demás santos. No se puede objetar que el Señor haya dicho de Juan el Bautista: Entre los nacidos de mujer, no hay ninguno mayor que Juan (el Bautista), (Lc 7, 28; ver también Mt 11, 11). Así como esto no puede entenderse como que Juan es incluso más santo que Cristo o la Santísima Virgen, tampoco puede entenderse en referencia a San José, el esposo de la Virgen María y padre de Cristo, porque así como esposo y esposa son una sola carne, así también José y María tenían un solo corazón, una sola alma, un solo espíritu, y de igual forma como en el primer matrimonio Dios creó a Eva para ser como Adán, así en este segundo matrimonio Él hizo a José para parecerse a la Santísima Virgen en santidad y justicia.»

El razonamiento de San Lorenzo es brillante e impecable. Después de todo, Jesús y María nacieron de mujeres. ¡No es posible que Jesús haya afirmado que San Juan Bautista es más grande que el Hijo de Dios y que su Madre Inmaculada!

Para entender de mejor manera por qué Jesús no está diciendo que Juan Bautista es más grande que San José, es importante examinar toda la declaración que hizo Jesús en el Evangelio de Lucas. Leemos: “Os digo: entre los nacidos de mujer, no hay ninguno mayor que Juan (el Bautista); sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él.” (Lc 7, 28, énfasis añadido). Cuando se lee todo el pasaje, uno se percata de que Jesús está haciendo esta afirmación antes de establecerse la Nueva Alianza.

San Juan Bautista es la figura más grande del Antiguo Testamento porque es el amigo del Novio. Es el más grande de los hombres no porque haya sido el hombre más santo que haya vivido, sino porque es el “mejor hombre” en la boda del Mesías (ver Jn 3, 29). Es el hombre más grande de la Antigua Alianza, no de la nueva.

¿Quién es la persona más importante en una boda: el mejor hombre o el novio? La respuesta es obvia: el novio es el más grande. Entonces, lo que Jesús está diciendo es que todos, aun la última persona en el Reino de los cielos (es decir, aquellos que celebran la boda del Cordero), está esposado con Dios y, por lo tanto, es más grande que el mejor hombre en la boda. En el cielo, incluso la última persona es más grande de lo que Juan el Bautista fue en la tierra porque están eternamente esposados con Dios.

Otra forma de entender la preeminencia de San José por sobre todos los santos, incluyendo a San Juan Bautista, es reconociendo la suprema dignidad de la paternidad de San José. Tan grande como pueda ser Juan el Bautista, no fue el padre de Jesucristo. La paternidad tiene derechos y privilegios que acompañan sus tareas y responsabilidades, y la misión paternal de San José requirió mayores gracias que ningún otro santo haya recibido jamás.

«En cualquier reino, el rey y la reina que brillan en el reino como el sol y la luna, así como las princesas o príncipes, los duques, gobernadores, etc. del reino, y especialmente los padres y familiares de sangre del rey que también brillan como estrellas en el cielo, todos ellos son honrados por los súbditos buenos y fieles del rey. Por lo tanto, amigos míos, la razón ciertamente exige que en el reino de Cristo no sólo Cristo y la Santísima Virgen sean dignos de alta estima, sino también todos los santos, y especialmente este santo hombre, José, el padre de Cristo y esposo de la Santísima Virgen, sean tenidos con el mayor honor por Cristo mismo como su padre y por la Santísima Virgen como su esposo.»
— San Lorenzo de Brindisi

¡San Lorenzo es un extraordinario apologista de San José! Por cierto, San Lorenzo también es Doctor de la Iglesia. En el mismo sermón, San Lorenzo ofrece otra razón por la cual el exaltado lugar de San José en el Reino de los cielos es más grande que el de cualquier otro santo:

«Si Cristo está sentado a la derecha de su Padre en la gloria del paraíso por encima del coro de Ángeles porque es el primero de todos los predestinados y fue el más Santo de los santos en este mundo, y si la Santísima Virgen por razón de su propia santidad se encuentra en segundo lugar después de Cristo porque ella también es segunda por razón de la predestinación desde la eternidad y gracia en el tiempo, me parece que en virtud de que José ocupa el tercer lugar después de Cristo en la eterna predestinación y gracia en el tiempo, por esa misma razón él también ocupa el tercer lugar en la gloria del paraíso.»

San José es el santo más grande en el Reino de los cielos porque Dios lo predestinó para ese puesto. ¡Esta realidad debería hacer que nuestros corazones se sintieran sumamente gozosos!

«Regocíjense, siervos devotos de San José, porque están cerca del paraíso; la escalera que llega hasta
allí sólo tiene tres peldaños: Jesús, María y José.»
— San Leonardo de Puerto Mauricio

«¿Quién no está consciente de que después de la Santísima Madre, San José es — de entre todos los
santos — el más querido por Dios?»
— San Alfonso María de Ligorio

La sublime posición en la que los Doctores de la Iglesia han puesto a San José ha permitido una forma particular de describir el amor y la reverencia que le es debida. Las siguientes distinciones fueron creadas por teólogos, y nos ayudan a comprender la reverencia que le debemos dar a Dios y a sus santos.

Latría (adoración) ➙ a Dios
Hiperdulía (la más alta veneración) ➙ María
Protodulía (primacía y superioridad) ➙ a San José
Dulía (reverencia) ➙ A todos los demás santos

En una posición única y por encima de todos los demás está Dios, ya que sólo Él es digno de adoración. En griego, la palabra para adoración es latría. Sólo Dios es digno de latría (adoración). A la Virgen María, seguida de Dios, pero por encima de todos los demás (incluyendo el más alto coro de ángeles), se le da una forma especial de veneración cuyo nombre en griego es hiperdulía, que significa “la más alta veneración.” San José, seguido de María, pero por encima de todos los demás santos, se le otorga una forma de veneración cuyo nombre en griego es protodulía, que significa “primacía y superioridad en la veneración” de entre todos los demás santos. Por último, pero no menos importante, están los santos cuya santidad reconocemos honramos con una especie de veneración que en griego es dulía, que significa “reverencia.”

Una santa que amó y reverenció a San José de una forma extraordinaria fue Santa Teresa de Ávila, otra Doctora de la Iglesia. En su autobiografía, Santa Teresa cuenta la historia de cómo fue sanada de una grave enfermedad por la intercesión de San José, y su sanación milagrosa la llevó a difundir con gran celo la devoción a este gran santo. Estaba tan convencida del poder y eficacia de la intercesión de San José, que desafió a la gente a poner a prueba esta devoción. ¡Santa Teresa de Ávila era una mujer atrevida! Esto fue lo que escribió en su autobiografía:

«Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos al glorioso San José, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que, así como le fue sujeto en la tierra (que como tenía el nombre de padre, siendo ayo, le podía mandar), así en el cielo hace cuanto le pide. Y esto lo han comprobado algunas personas, a quienes yo decía que se encomendasen a él, también por experiencia. Sólo pido, por amor a Dios, que el que no me crea pruebe la verdad de lo que digo, pues verá por experiencia la gran bendición que resulta encomendarse y ser devoto de este glorioso patriarca.»

Muchas personas han hecho caso del desafío devocional de Santa Teresa, pero la confianza de Santa Teresa en San José también se basa en firmes fundamentos teológicos. Varios siglos antes de Santa Teresa, Santo Tomás de Aquino, otro Doctor de la Iglesia y aclamado universalmente como el mayor teólogo de la historia de la Iglesia, afirmó que ¡el poder de intercesión de San José es ilimitado! Escribió:

«Hay muchos santos a quienes Dios les ha otorgado el poder de ayudarnos en nuestras necesidades
de vida, pero el poder otorgado a San José es ilimitado, extendiéndose a todas nuestras necesidades,
y todos aquellos que lo invoquen con confianza sin duda serán escuchados.»

A decir verdad, hay un número incontable de hombres y mujeres santos que han exaltado y se han deleitado en la grandeza de San José; hacer una lista de todos los que lo amaron y fueron devotos a él sería imposible, pero hay unos cuantos que podríamos resaltar:

San Bernardino de Siena
San Lorenzo de Brindisi
Santa Teresa de Ávila
San Francisco de Sales
Venerable María de Ágreda
San Alfonso María de Ligorio
Beato Guillermo José Chaminade
Beata María Repetto
San Pedro Julián Eymard
Beato Jean-Joseph Lataste
San Leonardo Murialdo
San Luis Guanella
Beata Ana Catalina Emmerich
San José Marello
Beata María Teresa de San José
Beata Petra de San José
San Andrés Bessette
Venerable Fulton J. Sheen
San Josemaría Escrivá
Beato Gabriele Allegra

Quizás estés familiarizado con algunos de los nombres de la lista, pero apuesto que hay algunos que jamás habías escuchado; no te preocupes. En este libro conocerás más de muchos de ellos. ¡Son los campeones de San José!

Los santos, beatos y místicos no son los únicos que han amado y se han deleitado en San José. Cantidad de papas también han alabado la grandeza de San José.

Beato Papa Pío IX
Papa León XIII
Papa Benedicto XV
Venerable Papa Pío XII
Santo Papa Juan XXIII
Santo Papa Juan Pablo II

La lista de papas es considerablemente más corta que la de los santos, ¿verdad? La razón es que la promoción papal de San José, aunque no es del todo nueva, llevó siglos en desarrollarse. Les tomó mucho tiempo a los líderes eclesiásticos reconocer plenamente la grandeza de San José y proclamarla en documentos oficiales. Sin embargo, una vez que el papado comenzó a promover a San José, ¡realmente eso se disparó! Después del Beato Papa Pío IX, no ha habido ni un solo papa que no haya alabado la grandeza y singular santidad de San José (ver aquí donde se describe el arte comisionado representando a los 26 campeones de San José arriba mencionados).

¿Sabías que el Papa León XIII enseñó que la dignidad de San José es tan grande que puede considerarse mayor que la de los Ángeles, incluso que la del coro más alto? Escribió:

«En verdad, la dignidad de la Madre de Dios es tan elevada que nada de lo creado puede estar por encima de ella, pero como José se ha unido a la Santísima Virgen por los lazos del matrimonio, no cabe duda que se acercó más que nadie a la dignidad eminente por la cual la Madre de Dios supera tan noblemente a todas las naturalezas creadas, porque el matrimonio es la más íntima de todas las uniones que, en esencia, imparte una comunidad de dones entre quienes se unen. Por lo tanto, al dar a José a la Santísima Virgen como cónyuge, Dios lo nombró no sólo compañero de su vida, testigo de su doncella, protector de su honor, sino también, en virtud del lazo conyugal, participante de su dignidad sublime.»

¡Wow! La declaración teológica del Papa León XIII es una de las más poderosas que jamás se hayan hecho sobre San José. ¡Tu padre espiritual es superior a los ángeles!

En la teología católica, siempre se ha enseñado que el amor de la Santísima Virgen María por Dios, y por lo tanto su dignidad y cercanía con Él, superan al de todas las demás cosas creadas, incluyendo a los Ángeles. Su cooperación con Dios es única porque colaboró materialmente (físicamente) en la Encarnación de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Durante siglos se pensó que, después de la gran dignidad de María, los nueve coros de Ángeles estaban más cerca de Dios que todas las demás creaturas por su rol y misión como siervos y ministros de la santa voluntad de Dios. Sin embargo, conforme se ha ido desarrollando la teología de San José haciéndose más prominente en la vida de la Iglesia, se ha ido haciendo más claro que hay otra persona humana que está por encima de todos los coros de Ángeles: San José.

«Oh Dios, la gloria de José es conocida sólo por ti y por tus Ángeles. Los hombres no merecen conocerla. Este admirable Santo está más arriba que los espíritus celestiales.»
— Beato Bartolo Longo

«La dignidad de San José es tan grande que nadie más puede ser más grande.»
— San Jorge Preca

San José tiene una dignidad y cercanía con Dios que sobrepasa a la de todos los santos Ángeles. Ellos están cerca de Dios porque son servidores de su voluntad; San José está cerca de Dios porque ¡él es el padre de Jesús! El rol cooperativo de San José en la redención requirió mayores gracias de las que ningún Ángel haya recibido jamás. Aunque no fue padre biológico de Jesús (y por lo tanto no es alguien que haya cooperado de la misma manera que lo hizo María en la Encarnación), San José, no obstante, cooperó moralmente en la Encarnación educando al Hombre-Dios con perfecto amor paternal. María no era una madre soltera cuando concibió al Salvador del mundo en su vientre; estaba desposada con San José. La Encarnación se llevó a cabo dentro del contexto del matrimonio de San José con María. El rol de San José fue planeado desde toda la eternidad, incluso antes de la creación de los Ángeles.

Además, Jesús jamás llamó a ningún Ángel “padre.” Ningún Ángel, no importa cuán encumbrado esté, jamás educó al Hombre-Dios; Dios no obedece a los Ángeles. San José, por otro lado, no sólo educó a Jesús, sino que tuvo el privilegio de dar órdenes al Hombre-Dios en su rol de padre del Mesías. Este amor, esta dignidad y autoridad paternal estaba reservada a San José. Es un admirable privilegio que Dios haya elegido a San José como padre espiritual de toda la humanidad, así como Patrono de la Iglesia Universal. Ningún Ángel, sin importar su jerarquía en los coros celestiales, ostentó tal dignidad.

La incomparable dignidad de la paternidad de San José es la razón por la cual el Papa Pío XI afirmó que la intercesión de San José es “todo poderosa” ante Dios, escribiendo:

«La intercesión de San José es la de un esposo, la del padre putativo, la de la cabeza de la familia de Nazaret que estaba compuesta por él mismo, María y Jesús, y como San José era realmente la cabeza o jefe de esa casa, su intercesión no puede ser más que todo poderosa. Porque, ¿qué cosa podrían Jesús y María negarle a San José quien durante toda su vida estuvo completamente consagrado a ellos y a quien realmente le debían los medios de su existencia terrena?»
— Papa Pío XI

San José es la alegría de santos y papas; también debería serlo para ti.

«Sin duda todos los santos glorificados merecen un honor y respeto particular, pero es evidente que, después de la Santísima Madre, San José posee un título justo en un lugar más dulce, íntimo y penetrante en nuestros corazones, que le pertenece sólo a él.»
— Santo Papa Juan XXIII

«San José, después de María, es el mayor de los Santos y el más querido por Jesús.»
— Beato Bartolo Longo


Rezar la Letanía de San José
 
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
—Cristo ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
 
Cristo, óyenos
—Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
—Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial
—Ten misericordia de nosotros
 
Dios Hijo , Redentor del mundo
—Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo
—Ten misericordia de nosotros
Santísima Trinidad, un solo Dios
—Ten misericordia de nosotros
 
Santa María
—Ruega por nosotros
San José
—Ruega por nosotros
 
Noble Retoño de David
—Ruega por nosotros
Luz de los patriarcas
—Ruega por nosotros
Esposo de la Madre de Dios
—Ruega por nosotros
Casto Guardián de la Virgen
—Ruega por nosotros
Padre Nutricio del Hijo de Dios
—Ruega por nosotros
Ferviente Defensor de Cristo
—Ruega por nosotros
Jefe de la Sagrada Familia
—Ruega por nosotros
 
José Justísimo
—Ruega por nosotros
José Castísimo
—Ruega por nosotros
José Prudentísimo
—Ruega por nosotros
José Valientísimo
—Ruega por nosotros
José Obedientísimo
—Ruega por nosotros
José Fidelísimo
—Ruega por nosotros
 
Espejo de Paciencia
—Ruega por nosotros
Amante de la Pobreza
—Ruega por nosotros
Modelos de los Obreros
—Ruega por nosotros
Gloria de la Vida Doméstica
—Ruega por nosotros
Guardián de las Vírgenes
—Ruega por nosotros
Pilar de las Familias
—Ruega por nosotros
Consuelo de los Afligidos
—Ruega por nosotros
Esperanza de los Enfermos
—Ruega por nosotros
Patrono de los Moribundos
—Ruega por nosotros
Terror de los Demonios
—Ruega por nosotros
Protector de la Santa Iglesia
—Ruega por nosotros
 
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Ten piedad de nosotros
 
V. Lo hizo Señor de su Casa
R. Y administrador de todas sus posesiones
 
Oremos: Oh, Dios, que en tu amorosa providencia elegiste a San José para ser esposo de tu santísima Madre, concédenos la gracia de tener como nuestro intercesor en el cielo a aquél que veneramos en la tierra como nuestro protector. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Montag, Februar 21, 2022

Consagración a San José. Día 7

Consagración a San José

Día 7

Santa María
Ruega por nosotros


«Todos los cristianos pertenecen a San José porque Jesús y María le pertenecieron.»
— San Leonardo de Puerto Mauricio

Perteneces a Jesús. Él quiere que crezcas en virtud y santidad; es decir, en verdadero amor a Dios y al prójimo. Para que eso sea posible, debes imitar a Jesús, particularmente en su total abandono a María y San José. Jesús no se ofende cuando la gente se encomienda a María y José. ¿Cómo podría hacerlo, si Él fue el primero en poner toda su confianza en ellos? Él, más que nadie, quiere que ames a María y San José. Quiere que los ames y te asemejes a ellos.

¿Qué hermano se sentiría ofendido si sus hermanos menores expresaran reverencia hacia su madre y padre? ¿Qué hombre se sentiría ofendido si otra persona escribiera una canción sobre su madre o pusiera rosas a sus pies? Asimismo, ¿qué hijo se sentiría perturbado si alguien alabara las virtudes de su padre? Si ese alguien honra a su padre, no sería condenado por el hijo de éste, al contrario, sería reconocido y recibiría grandes favores del hijo. Bueno, eso es exactamente lo que Jesús hará por aquellos que honren a María y a San José; Jesús les dará todo. ¡Jesús está listo para darte todo!

Ahora bien; si un hijo está dispuesto a recompensar a la persona que honra a su madre y a su padre, ¿qué clase de recompensa daría un esposo a quien honre a su esposa? Lo único que tenemos que hacer es mirar a San José y descubrirlo. San José vaciará el tesoro del cielo para aquellos que honren a María, ¡su esposa!

SAN JOSÉ BENDECIRÁ EN ABUNDANCIA A LOS QUE AMEN Y HONREN A MARÍA. La Virgen María es la esposa de San José, su reina y la delicia de su corazón. Ella era la única mujer que podía satisfacer su casto corazón. Así como Adán no podía sentirse pleno hasta tener una creatura similar a él mismo (Eva), José se sintió en paz solamente después de haber hallado a María. Cuando tomó la mano de María en matrimonio, se consagró a ella y prometió atesorar su femineidad, especialmente su bendita virginidad. Él fue su amado proveedor, protector y siervo. San José desea fervientemente que ella sea honrada y amada por todos.

SAN JOSÉ HARÁ QUE CREZCA TU AMOR POR LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. San José ama tanto a María, que quiere que todos reconozcan su belleza. ¿Qué esposo no querría esto para su esposa? ¿Acaso no desean todos los esposos que sus esposas sea amadas y honradas por los demás? ¿Qué esposo no haría todo lo que está en su poder para que crezca la reverencia debida a su esposa? Si tú permites que San José aumente tu amor por su Reina, él vaciará los tesoros del cielo para ti. ¡Él tiene acceso a todos los tesoros del cielo!

¡LA CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ TE CONVERTIRÁ EN UN CABALLERO DE LA SANTA REINA! San José sabe que por María vale la pena vivir, luchar y morir. Ella es la Reina del cielo, y luchar por ella es luchar por el Rey. San José, el más valiente de todos los caballeros, sabe que el camino más seguro, fácil y rápido para llegar al Rey es a través de la Reina. Su misión es revelar esta verdad a las almas.

Por su parte, María tiene plena confianza en el amor respetuoso de San José, su caballero, en quien confía totalmente. San José también te enseñará cómo ser un caballero de la santa Reina, haciéndote capaz de conquistar los corazones para el Reino de los Cielos.

«Un siervo de María tendrá una tierna devoción a San José, y mediante su piadoso homenaje de respeto y amor, se esforzará en merecer la protección de este gran santo.»
— Beato Guillermo José Chaminade

«Oh mi querido padre San José, quiero amarte con el amor que María te tiene.»
— Beato Bartolo Longo


Leer “El Caballero consagrado”

El Caballero consagrado

«Con gran amor, San José nos impulsa constantemente a amar, servir e imitar a la Reina de su corazón, la Inmaculada Madre de Jesús.»
— Beato Gabriele Allegra

San José es el santo más mariano de todos. Su amor por María es mucho más grande que el de San Bernardo de Claraval, San Luis de Montfort, San Alfonso María de Ligorio, San Maximiliano María Kolbe y San Juan Pablo II juntos. Jamás ha habido un santo mariano más grande que San José, y jamás lo habrá.

San José es el modelo de la consagración total a María. Mucho antes del evento del Calvario, cuando Jesús instruyó a todos sus discípulos a acoger a María en sus corazones y hogares (ver Jn 19,26-27), San José ya había acogido a María en su corazón y en su hogar. Ella es su corazón, ella es su hogar. Todo lo que él hizo fue por Jesús y María. Vivió y murió por Jesús y María.

«Como José, no teman acoger a María en su hogar.»
— Papa Benedicto XVI

San José fue la primera persona humana en haber estado totalmente consagrado a la Santísima Virgen María. Si tuvieses que preguntarle a Nuestra Señora qué persona de toda la cristiandad la ha amado más, que haya sido la más devota a ella, y que la haya servido con mayor fidelidad, sin duda te diría que San José. Él es el prototipo, el sello, y el modelo de cómo vivir una vida de total consagración a María.

Las varias formas de consagración mariana promovida por los santos a lo largo de los siglos — por ejemplo, la de San Luis de Montfort, el Beato Guillermo José Chaminade, San Maximiliano Kolbe, el Siervo de Dios José Kentenich, y otros — encuentran su plenitud y perfección en la persona de San José.

El programa de la consagración mariana de San Luis de Montfort enseña que hay que ser esclavos de Jesús y María; el Beato Guillermo José Chaminade enseña a los fieles que hay que ser como el talón de María que le aplasta la cabeza a Satanás; el Siervo de Dios José Kentenich instruye a la gente para que se conviertan en una “aparición” de María; y el método de la consagración mariana de San Maximiliano María Kolbe enseña cómo convertirse en propiedad de María. Todas estas son formas maravillosas de describir la única dimensión fundamental de todas las consagraciones marianas: ser otro José para María.

Los grandes movimientos marianos (la Milicia de la Inmaculada, Schoenstatt, la Legión de María, el antiguo Ejército Azul que ahora se llama Apostolado Mundial de Fátima, y tantos otros, tienen como esencia la caballería, porque ser caballeroso con María significa estar en el camino hacia la santidad. Una persona caballerosa es noble, de buenos modales, valiente en la batalla, y es un refugio para los débiles. San José es el más caballero de todos los cristianos y nos enseña que todos, incluyendo mujeres y niños, pueden ser caballeros espirituales de la Reina del cielo. Ciertamente, San José es el primer caballero consagrado de la Santísima Reina.

Durante siglos, los cristianos se han dirigido a la Virgen María como “Nuestra Señora.” Es un término que reconoce el gran amor, respeto, honor y reverencia que se le debe a María; un término caballeroso. No debería sorprender, pues, que San José sea el primer hombre que se refiera a María como su Señora. María es la mujer de San José quien, ante tal belleza y maravilla femenina, se inclina en amorosa reverencia, y su misión es hacer que todos los corazones hagan lo mismo. Por eso San José es el caballero más excelso de Nuestra Señora.

Durante la Edad Media hubo cantidad de historias y leyendas sobre caballeros que viajaban largas distancias involucrándose en heroicas aventuras en busca del Santo Grial, el cáliz que contuvo la Sangre de Jesús durante la Última Cena. En esa época de caballería medieval, nadie fuera del sacerdote podía beber la Sangre de Jesús en el cáliz durante la Misa. Por esa y muchas otras razones, las historias nos cuentan que los caballeros salieron en busca del Santo Grial extraviado con la creencia de que si tomaban del cáliz tendrían vida eterna. Si bien sus heroicas aventuras eran nobles y bien intencionadas, eran del todo innecesarias. Todos los católicos que en estado de gracia reciben el Cuerpo de Cristo durante la santa Misa tienen asegurada la vida eterna, aunque no beban del cáliz. Sin embargo, deben mantenerse en estado de gracia, observar los 10 Mandamientos y obedecer las enseñanzas de la Iglesia. Pero las aventuras históricas de los caballeros medievales también fueron innecesarias por otra razón, ya que lo único que tenían que hacer para encontrar el verdadero cáliz de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor era mirar a San José, ¡el primer y más grande caballero de Nuestra Señora! Él sabe en dónde encontrar el cáliz vivo que contiene la sangre de Jesucristo dadora de vida. El Santo Grial que posee San José no se ha perdido, y él está listo para dar este cáliz a todos sus hijos espirituales.

Lo que San José enseña a sus hijos es que ¡la Virgen María es el Santo Grial! Ella es lo que busca todo caballero cristiano. A diferencia del cáliz utilizado en la Última Cena, este vaso no se ha perdido. María, el Santo Grial, se encuentra fácilmente. Los que la encuentran a ella encuentran a Jesús, encuentran la religión católica y su mayor tesoro: Jesús en la Santa Comunión. María desea llevar a todas las almas a la Santa Misa en donde podrán recibir al Cordero de Dios y obtener la vida eterna. Todos los que imitan a San José descubrirán a María y el misterio salvífico de la santa Misa.

«María, Madre mía; José, padre mío, préstenme sus ojos para contemplar a Jesús. Préstenme sus corazones y espíritus para comprenderlo y sentirme apasionado por Él.»
— Venerable François-Xavier Nguyễn Văn Thuận

Desde el cielo San José se sigue esforzando por llevar a todas las almas a Jesús por María. Desde el cielo busca almas que estén dispuestas a ser caballeros de la Santa Reina. Desea suscitar amorosos defensores y campeones heroicos de Jesús, María y la fe católica. Quiere hombres, mujeres, niños, sacerdotes y monjas que sirvan a María y guíen a otros al Reino de los cielos. Hoy en día se necesitan almas valientes, almas que se parezcan a José, almas que se esfuercen apasionadamente por guiar a otros a la fuente de la vida eterna.

¡A Jesús por María y San José!

«Él (San José) siempre favorece y protege especialmente a las almas que se amparan bajo el
estandarte de María.»
— Santa María Magdalena de Pazzi

«¡La intercesión conjunta de la Santísima Virgen y San José es sumamente poderosa!»
— San Andrés Bessette

«Concédenos que siguiendo tu ejemplo (San José), mantengamos nuestros ojos fijos en nuestra Madre María, tu dulcísima esposa.»
— Venerable Papa Pío XII


Rezar la Letanía de San José
 
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
—Cristo ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
 
Cristo, óyenos
—Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
—Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial
—Ten misericordia de nosotros
 
Dios Hijo , Redentor del mundo
—Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo
—Ten misericordia de nosotros
Santísima Trinidad, un solo Dios
—Ten misericordia de nosotros
 
Santa María
—Ruega por nosotros
San José
—Ruega por nosotros
 
Noble Retoño de David
—Ruega por nosotros
Luz de los patriarcas
—Ruega por nosotros
Esposo de la Madre de Dios
—Ruega por nosotros
Casto Guardián de la Virgen
—Ruega por nosotros
Padre Nutricio del Hijo de Dios
—Ruega por nosotros
Ferviente Defensor de Cristo
—Ruega por nosotros
Jefe de la Sagrada Familia
—Ruega por nosotros
 
José Justísimo
—Ruega por nosotros
José Castísimo
—Ruega por nosotros
José Prudentísimo
—Ruega por nosotros
José Valientísimo
—Ruega por nosotros
José Obedientísimo
—Ruega por nosotros
José Fidelísimo
—Ruega por nosotros
 
Espejo de Paciencia
—Ruega por nosotros
Amante de la Pobreza
—Ruega por nosotros
Modelos de los Obreros
—Ruega por nosotros
Gloria de la Vida Doméstica
—Ruega por nosotros
Guardián de las Vírgenes
—Ruega por nosotros
Pilar de las Familias
—Ruega por nosotros
Consuelo de los Afligidos
—Ruega por nosotros
Esperanza de los Enfermos
—Ruega por nosotros
Patrono de los Moribundos
—Ruega por nosotros
Terror de los Demonios
—Ruega por nosotros
Protector de la Santa Iglesia
—Ruega por nosotros
 
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Ten piedad de nosotros
 
V. Lo hizo Señor de su Casa
R. Y administrador de todas sus posesiones
 
Oremos: Oh, Dios, que en tu amorosa providencia elegiste a San José para ser esposo de tu santísima Madre, concédenos la gracia de tener como nuestro intercesor en el cielo a aquél que veneramos en la tierra como nuestro protector. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Sonntag, Februar 20, 2022

Consagración a San José. Día 6

Consagración a San José

Día 6

Santísima Trinidad, un solo Dios,
Ten misericordia de nosotros



«Él [San José], es cabeza de la Sagrada Familia, padre de la trinidad terrena que es muy parecida a la Santísima Trinidad celestial.»
— San Pedro Julián Eymard

La Santísima Trinidad es una familia, una familia santa que desea que tú seas miembro de ella. Para hacer esto posible, ha establecido una réplica trinitaria en la tierra — una trinidad terrena. La trinidad en la tierra está formada por Jesús, María y San José. En cierto sentido, ellos son la primera iglesia. Pertenecer a esta familia te preparará para participar de la familia eterna de Dios en el cielo.

SAN JOSÉ ES EL PADRE DE LA TRINIDAD TERRENA. Muchos santos han comparado la trinidad terrena (Jesús, María y José) con la Trinidad celestial (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Por supuesto que la comparación tiene sus limitaciones: María y José no son divinos, y el Espíritu Santo no es una madre. Sin embargo, la comparación es importante porque nos enseña algo sobre la familia trinitaria de Dios. San Francisco de Sales nos ofrece una gran reflexión sobre este tema. Escribió:

«No hay duda de que San José fue revestido con todos los dones y gracias necesarias para el cargo que el Padre Eterno quiso encomendarle con respecto a todas las necesidades domésticas y temporales de Nuestro Señor y la dirección de su familia formada sólo por tres personas que representan para nosotros el misterio de la adorable Santísima Trinidad. No es que haya una verdadera comparación a este respecto, excepto en relación a Nuestro Señor quien es una de las Personas de la Santísima Trinidad porque los otros eran creaturas; con todo, podemos seguir afirmando que fue una trinidad terrena que representaba de alguna manera a la Santísima Trinidad.»

En esta afirmación, San Francisco de Sales nos enseña una verdad muy importante articulando hermosamente que la trinidad de Nazaret (Jesús, María y José) representa la Trinidad celestial (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y que, por lo tanto, se compone sólo de tres personas. En otras palabras, Jesús no tuvo ni hermanos ni hermanas biológicas, y esto es lo que la Iglesia Católica siempre ha enseñado; pero la Iglesia también ha enseñado siempre que la Trinidad celestial y la trinidad terrena desean que seas miembro de su familia ¡a través de la adopción!

Hay que aclarar, sin embargo, que jamás serás una persona divina. Tú y yo no somos Dios y jamás lo seremos, pero Dios quiere atraernos hacia su vida familiar trinitaria y divina mediante la adopción espiritual, lo cual sucede cuando somos bautizados. Como miembros del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, quedamos insertados en la familia terrena de Dios, la Sagrada Familia, y esta participación nos prepara para pertenecer a la Sagrada Familia celestial.

SI QUIERES SER MIEMBRO DE LA FAMILIA TRINITARIA CELESTIAL, TIENES QUE SER HIJO(A) DE SAN JOSÉ EN LA TIERRA. San José, tu padre espiritual, te ayudará a convertirte en un verdadero hijo del Padre celestial. San José te enseñará a amar, a rezar, a hacer sacrificios y a trabajar. Te enseñará a hacer la voluntad de Dios. El camino al cielo se construye con virtudes, y San José te dará un ejemplo paternal de santidad. Con su santa asistencia, tu transición a la Trinidad celestial será fácil. Pertenecer a la familia de Nazaret — aceptando a San José como tu padre, a María como tu madre, y a Jesús como tu Hermano — es la forma más segura, fácil y rápida de pertenecer a la familia trinitaria celestial.

«Qué honor fue [para San José] entrar en una alianza con la familia del Padre celestial, convertirse en la tercera persona de la trinidad creada.»
— Beato Guillermo José Chaminade


Leer “Oratorio de San José”

Oratorio de San José


«Mi única gran devoción es hacia San José, quien me guía y me da plena confianza.»
— San Andrés Bessette

Los santos son héroes, y cada héroe merece un lugar de honor. Esto es especialmente cierto de San José. Él es el mayor santo, el héroe más grandioso y ¡merece una basílica en su honor!

La realidad es que hay muchos santuarios alrededor del mundo dedicados a San José. Sin embargo, hay uno que se destaca sobre todos los demás: El Oratorio de San José en Montreal, Canadá. El Oratorio de San José es una basílica mundialmente aclamada como el principal centro internacional de devoción a San José.

El Oratorio de San José fue fundado por San Andrés Bessette (también conocido como hermano Andrés). Este increíble santo nació cerca de Montreal en 1845. Su nombre de pila era Alfred, y sus padres eran católicos devotos; él fue el hijo número ocho de doce hijos. Años más tarde cuando entró a la vida religiosa, tomó el nombre de Andrés.

El padre de Alfred era leñador de oficio, y murió trágicamente al caerle encima un árbol cuando el pequeño tenía sólo 9 años. Dos años después, la madre de Alfred falleció de tuberculosis, por lo que el niño quedó huérfano a la edad de 12 años. Habiendo perdido tanto a su padre como a su madre a tan corta edad, Alfred desarrolló una fuerte devoción a San José y le encomendó totalmente su vida. Nunca gozó de buena salud y tampoco tuvo una buena educación. Cuando era joven se trasladó a los Estados Unidos y pasó algún tiempo en Connecticut trabajando en varias fábricas de textiles.

Después de un tiempo, ingresó a la Congregación de la Santa Cruz y se convirtió en hermano lego; nunca fue ordenado sacerdote. Debido a su falta de educación, al hermano Andrés (Alfred) se le dio la sencilla tarea de portero de un colegio administrado por su comunidad religiosa en Quebec. Se mantuvo en ese puesto durante más de 40 años. Era un hombre tan humilde, que con frecuencia se refería a sí mismo como “el perrito de San José,” pero Dios tenía grandes planes para él.

Aunque era un humilde portero, el hermano Andrés rápidamente fue conocido en todo Canadá como un hombre muy santo y piadoso. Pasaba incontables horas rezando con la gente que se acercaba a la puerta a verlo. A todos les ofrecía aceite devocional que colectaba de la lámpara que estaba al lado de una estatua de San José, y recomendaba que le encomendaran a San José todas sus necesidades. Por la intercesión del hermano Andrés ocurrieron incontables milagros, pero él siempre los atribuyó a la amorosa intercesión de San José.

Frecuentemente el hermano Andrés sufría burlas y era ridiculizado por su sencillo amor a San José, su piedad y devoción. Tristemente, incluso miembros de la Iglesia expresaban disgusto por él, especialmente por la atención que daba a todas las personas enfermas que llegaban a verlo. Muchos miembros de la Iglesia se sintieron celosos del hermano Andrés porque no pocos lo consideraban un santo. En promedio, el hermano Andrés recibía más de 80,000 cartas al año de la gente que le pedía oraciones. Las cartas eran tan numerosas, que necesitaba cuatro personas para ayudarlo con el correo. La sabiduría contenida en su correspondencia siempre fue sencilla y directa: ¡Acudan a José!

«Cuando uno invoca a San José, no hay que hablar mucho, porque el Padre celestial sabe lo que necesitamos y también lo sabe su amigo San José. Hay que decirle, “Si tú estuvieras en mi lugar San José, ¿qué harías?”»
— San Andrés Bessette

En agradecimiento por todas las maravillas que ocurrían a través de la intercesión de San José, el hermano Andrés quiso establecer un santuario en su honor. Sus superiores religiosos le otorgaron el permiso para el proyecto, y con ayuda de otras personas se erigió una pequeña capilla dedicada a San José en 1904. En 1924, comenzó la construcción de una basílica en el lugar donde había construido su pequeña capilla en 1904. La basílica quedaría terminada en 1967 y se conocería en todo el mundo como el Oratorio de San José, el santuario más grande del mundo dedicado a este gran santo.

Desafortunadamente, San Andrés no vivió para ver terminada la basílica; murió en 1937 a la edad de 91 años. Sin embargo, gracias a sus esfuerzos para difundir la devoción a San José, se le conoce en todo el mundo como el más grande “Apóstol de San José” del siglo XX. Fue tan amado y respetado, que más de un millón de personas pasaron frente a su ataúd abierto antes de que la Misa fúnebre se celebrara. Fue beatificado por San Juan Pablo II en 1982 y canonizado por el Papa Benedicto XVI en el año 2010. En el calendario litúrgico universal, la festividad de San Andrés se celebra el 6 de enero, el día que falleció. En Canadá, su fiesta se celebra el 7 de enero porque la solemnidad de la Epifanía siempre es celebrada el día 6 de enero y las solemnidades tienen prioridad.

Actualmente, más de 2 millones de personas visitan el Oratorio de San José anualmente. La gente viaja en peregrinación al Oratorio de San José de todas partes del mundo pidiendo gracias especiales por la intercesión de San José y de San Andrés Bessette. Ya sea que pidan por la salud, asistencia en matrimonios difíciles, la conversión de hijos extraviados, o cualquier otra situación que pesa en el corazón humano, todos los que visitan la basílica encuentran paz, esperanza y consuelo en San José.

Los restos mortales de San Andrés están preservados en la basílica y un relicario especial contiene su corazón. En 1984, San Juan Pablo II visitó el Oratorio de San José como peregrino mientras hacía una visita papal a Canadá, y ante la tumba del santo, el Papa ofreció su corazón a San José y San Andrés. Transcribimos una parte de la hermosa oración que San Juan Pablo II ofreció en esa ocasión:

«Beatísimo [santo] hermano Andrés Bessette, portero del colegio y custodio del Oratorio de San José: dales esperanza a todos aquellos que siguen buscando tu auxilio. Enséñales la confianza en la virtud de la oración, y con ello, el camino a la conversión y a los Sacramentos. A través de ti y de San José, que Dios continúe derramando sus bendiciones. Amén.»


Rezar la Letanía de San José
 
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
—Cristo ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
 
Cristo, óyenos
—Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
—Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial
—Ten misericordia de nosotros
 
Dios Hijo , Redentor del mundo
—Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo
—Ten misericordia de nosotros
Santísima Trinidad, un solo Dios
—Ten misericordia de nosotros
 
Santa María
—Ruega por nosotros
San José
—Ruega por nosotros
 
Noble Retoño de David
—Ruega por nosotros
Luz de los patriarcas
—Ruega por nosotros
Esposo de la Madre de Dios
—Ruega por nosotros
Casto Guardián de la Virgen
—Ruega por nosotros
Padre Nutricio del Hijo de Dios
—Ruega por nosotros
Ferviente Defensor de Cristo
—Ruega por nosotros
Jefe de la Sagrada Familia
—Ruega por nosotros
 
José Justísimo
—Ruega por nosotros
José Castísimo
—Ruega por nosotros
José Prudentísimo
—Ruega por nosotros
José Valientísimo
—Ruega por nosotros
José Obedientísimo
—Ruega por nosotros
José Fidelísimo
—Ruega por nosotros
 
Espejo de Paciencia
—Ruega por nosotros
Amante de la Pobreza
—Ruega por nosotros
Modelos de los Obreros
—Ruega por nosotros
Gloria de la Vida Doméstica
—Ruega por nosotros
Guardián de las Vírgenes
—Ruega por nosotros
Pilar de las Familias
—Ruega por nosotros
Consuelo de los Afligidos
—Ruega por nosotros
Esperanza de los Enfermos
—Ruega por nosotros
Patrono de los Moribundos
—Ruega por nosotros
Terror de los Demonios
—Ruega por nosotros
Protector de la Santa Iglesia
—Ruega por nosotros
 
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Ten piedad de nosotros
 
V. Lo hizo Señor de su Casa
R. Y administrador de todas sus posesiones
 
Oremos: Oh, Dios, que en tu amorosa providencia elegiste a San José para ser esposo de tu santísima Madre, concédenos la gracia de tener como nuestro intercesor en el cielo a aquél que veneramos en la tierra como nuestro protector. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Samstag, Februar 19, 2022

La Transfiguración. La venida de Elías

Del evangelio según San Marcos Mc 9, 2-13


La Transfiguración

Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. Tomó Pedro la palabra y dijo: «Rabbí, está bien bien que nos quedemos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías» —es que no sabía qué responder, pues estaban atemorizados—. Entonces se formó una nube que los cubrió con su sombra, y llegó una voz desde la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadle.» Al momento miraron en derredor y ya no vieron a nadie más que a Jesús con ellos.


La venida de Elías

Cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos.» Y le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?» Él les contestó: «Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado? Pues bien, yo os digo: Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido, según estaba escrito de él.»

Salmo 12 (11) Contra el mundo mentiroso

Contra el mundo mentiroso*

Salmo 12 (11)

 

Del maestro de coro. En octava. Salmo. De David.

 

¡Sálvanos, Yahvé, que escasean los fieles,

que desaparece* la lealtad entre los hombres!

Falsedades se dicen entre sí,

con labios melosos y doblez de corazón.


Acabe Yahvé con los labios melosos,

con la lengua que profiere bravatas,

los que dicen: «La lengua es nuestra fuerza,

nuestros labios nos defienden, ¿quién será nuestro amo?»

 

Por la opresión del humilde, por el gemido del pobre,

me voy a levantar, dice Yahvé,

a poner a salvo a quien lo ansía.

Las palabras de Yahvé son palabras limpias,

plata pura a ras de tierra*, siete veces purgada.

 

Tú, Yahvé, no guardarás,

nos librarás de esa gente para siempre;

los malvados que nos rodean se irán,

colmo de vileza* entre los hombres.

Contra la intemperancia en el hablar

Contra la intemperancia en el hablar

De la epístola de Santiago St 3, 1-10

Hermanos míos, no queráis ser maestros* muchos de vosotros, pues habéis de saber que tendremos* un juicio más severo, pues todos caemos muchas veces.

Si alguno no cae al hablar, puede ser considerado un hombre perfecto, capaz de refrenar todo su cuerpo*. Si* ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, podremos dirigir todo su cuerpo. Lo mismo pasa con las naves: aunque sean grandes y las empujen vientos tempestuosos, basta un pequeño timón para dirigirlas adonde quiere el piloto. Otro tanto ocurre con la lengua: aunque es un miembro pequeño, puede alardear de grandes cosas. Pensad que un fuego insignificante puede destruir un bosque enorme. También la lengua es fuego, todo un mundo de iniquidad. En efecto, la lengua, que es uno de nuestros miembros, puede contaminar todo el cuerpo y, encendida por la gehenna, prender fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos*. Los hombres podemos domar toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos; y de hecho han sido domados. En cambio, ningún hombre ha podido domar la lengua, pues es un mal turbulento y está llena de un veneno letal. Con ella bendecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios; de una misma boca proceden la bendición y la maldición*. Esto, hermanos míos, no debe ser así. ¿Acaso la fuente mana por el mismo caño agua dulce y amarga? ¿Acaso, hermanos míos, puede la higuera producir aceitunas y la vid higos? Tampoco el agua salada puede producir agua dulce.

Consagración a San José. Día 5

Consagración a San José

Día 5


Dios Espíritu Santo,
Ten misericordia de nosotros


«¡Qué grandiosa su unión [de San José] con Dios, qué sublime su don de oración, qué maravillosa la dirección del Espíritu Santo!»
— Beato Guillermo José Chaminade

El Espíritu santo quiere que conozcas y ames a San José. Con excepción de la de Nuestra Señora, el Espíritu Santo estuvo más activo en la vida de San José que en la de cualquier otro santo. El padre terreno de Jesús jamás hizo nada sin buscar la dirección del Espíritu Santo. La docilidad de San José al Espíritu Santo hizo posible que se pudiera comunicar con Dios ¡incluso mientras dormía!

SAN JOSÉ QUIERE QUE SEAS DÓCIL AL ESPÍRITU SANTO PARA QUE PUEDAS SER CONDUCIDO POR LOS CAMINOS DE LA SANTIDAD. ¿Y qué es la santidad? ¿Es acaso una cima espiritual inalcanzable para nosotros? No, de ninguna manera. La santidad es una íntima y amorosa comunión con Dios. Más específicamente, la santidad es observar los dos grandes mandamientos de amar a Dios y al prójimo evitando el pecado, llevando una vida virtuosa, permaneciendo en estado de gracia, pero nada de eso es posible sin la ayuda del Espíritu Santo.

Donde San José esté presente, allí estará el Espíritu Santo, y él mismo te diría que si quieres estar lleno del Espíritu Santo, hay una sola cosa que es absolutamente necesaria: la oración. Sin la oración jamás podrás tener intimidad con Dios. Sin la oración, no podrás seguir la dirección del Espíritu Santo.

Para ser santo necesitas imitar a San José. Necesitas mantener un corazón ardiente de amor por Dios y por el prójimo a través del compromiso de una vida interior devota. No entres en pánico después de leer esto. No tienes que convertirte en monje o monja ya que todos estamos llamados a la santidad. Sin embargo, no importando cuál sea tu vocación en la vida, la santidad sólo la adquieren los que oran, los que llevan una vida interior activa, enardecida de amor, sostenida por los Sacramentos, y los que practican una vida de oración y caridad.

SAN JOSÉ ES UN MODELO DE VIDA INTERIOR PARA TODOS SUS HIJOS. San José no fue sacerdote y, sin embargo, es más santo que todos los sacerdotes, incluyendo al santo Patrono de los sacerdotes parroquiales, San Juan María Vianney.

Después de Jesús y de María, San José es la persona más santa, devota y virtuosa que jamás haya vivido. Evitó cualquier cosa que pudiese disgustar al Espíritu Santo. ¿Cómo lo hizo? Con la oración. A través de la oración, San José ejercitó perfectamente las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, así como las virtudes morales de la prudencia, la templanza, la justicia y la fortaleza.

«Consideren que San José llevó una vida totalmente interior y escondida en Dios, tan poco conocida por el mundo, que sólo unos cuantos escritores santos lo mencionan en algunos lugares, y de su muerte no dan ninguna información. La suya fue una vida de oración, trabajo silencioso y constante sacrificio, pero al mismo tiempo, una vida radiante con el esplendor de todas las virtudes.»
— San José Sebastián Pelczar

Jamás ha habido nadie que se parezca a San José, y jamás lo habrá. Sin embargo, tú puedes ser “otro José” en el mundo. Puedes convertirte en una “aparición” de José para los demás. Si imitas la dedicación de San José a la oración y la vida interior, podrás asemejarte a tu padre espiritual.

LA CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ HARÁ QUE CREZCA LA PRESENCIA DEL ESPÍRITU SANTO EN TU VIDA. A través de la consagración a San José, el Espíritu Santo reconocerá a San José en ti y derramará gracias extraordinarias en tu corazón, tu mente y tu alma. ¡Puedes alcanzar la santidad! Pídele al Espíritu Santo que te convierta en “otro José.” Pídele al Espíritu Santo que te colme de gracias semejantes a las que se le otorgaron al corazón paternal de San José.

«Las almas más sensibles a los impulsos del amor divino han identificado con toda certeza en José un brillante ejemplo de la vida interior.»
— San Juan Pablo II


Leer “Los dones del Espíritu Santo”

Los dones del Espíritu Santo

«Hay una regla general en relación a las gracias especiales que se conceden a cualquier ser humano. Siempre que el favor divino elige a alguien para recibir una gracia especial o aceptar una vocación sublime, Dios adorna a la persona elegida con todos los dones del Espíritu necesarios para realizar la tarea encomendada. Esta regla general se cumplió de manera muy especial en el caso de San José.»
— San Bernardino de Siena

San José tuvo la más sublime de las vocaciones, la más grandiosa de las misiones. Fue llamado para ser esposo de la Virgen María y padre de Jesucristo. Su misión requirió de los siete dones del Espíritu Santo (sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, piedad, fortaleza y temor de Dios).

«Considera que el Espíritu Santo eligió únicamente a José para que fuera el protector de la Santísima Virgen, para ser su verdadero esposo y, por lo tanto, ningún ser creado puede igualar la gloria de este gran santo.»
— Beato Guillermo José Chaminade

San José no sólo fue elegido para ser el protector de María, sino también para ser el protector de Jesús, ¡y de ti! Jesús y María están en el cielo, pero tú no. Eso significa que la misión de José es continua. Desde el cielo él vigila a los que se le han encomendado a su cuidado amoroso y le pide al Espíritu Santo que derrame gracias sobre sus hijos.

Tienes una misión: santificarte amando verdaderamente a Dios, y a tu prójimo con misericordia. Necesitas en tu vida los siete dones del Espíritu Santo que te ayudarán a parecerte a tu padre espiritual y llegar al cielo.

¿Pero qué es lo que específicamente hacen en nosotros los siete dones del Espíritu Santo? La Congregación de los Padres del Espíritu Santo nos dan la respuesta. Los Padres del Espíritu Santo (también llamados espiritanos) es una comunidad religiosa dedicada a difundir por todo el mundo una novena muy poderosa al Espíritu Santo que contiene un excelente resumen de lo que son los dones y lo que hacen en nosotros. Con la autorización de los Padres del Espíritu Santo, transcribimos la descripción de los siete dones del Espíritu Santo que se incluyen en la novena, así como una hermosa oración:

El don de ciencia permite al alma valorar las cosas creadas por lo que valen en su relación con Dios. El conocimiento desenmascara la pretensión de las creaturas, revela su vacío y apunta a su único y verdadero propósito como instrumento al servicio de Dios. Nos muestra el amoroso cuidado de Dios incluso en la adversidad, y nos dirige a glorificarlo en todas las circunstancias de la vida. Guiados por su luz, ponemos lo más importante en primer lugar y apreciamos la amistad de Dios por encima de todo lo demás.

El don de entendimiento nos ayuda a comprender el significado de las verdades de nuestra santa religión. Por la fe las conocemos, pero al comprenderlas aprendemos a apreciarlas y disfrutarlas. Nos permite penetrar el significado profundo de las verdades reveladas y, a través de ellas, apurarnos a renovar nuestra vida. Nuestra fe deja de ser estéril e inactiva, pero inspira una forma de vida que da un testimonio elocuente de la fe que está en nosotros.

El don de consejo confiere al alma una prudencia sobrenatural permitiéndole discernir rápida y correctamente lo que ha de hacerse, especialmente en circunstancias difíciles. El consejo aplica los principios proporcionados por la ciencia y el entendimiento a los innumerables casos concretos que nos confrontan a lo largo de nuestras tareas cotidianas como padres, maestros, servidores públicos y ciudadanos cristianos. El consejo es un sentido común sobrenatural, un tesoro invaluable en la búsqueda de la salvación.

El don de fortaleza sostiene al alma contra el miedo natural y nos impulsa a cumplir nuestras tareas. La fortaleza le transmite a la voluntad perseverancia y firmeza para que realice, sin dilación, las tareas más difíciles, enfrentar peligros, pasar por encima de los respetos humanos, y a soportar sin queja el lento martirio de, incluso, toda una vida de tribulaciones.

El don de piedad engendra en nuestros corazones un afecto filial por Dios como Padre amoroso. Nos inspira a amar y respetar, en su nombre, a personas y cosas consagradas a Él, así como aquellos que están investidos con su autoridad, a su Madre, a San José, los santos, la Iglesia y su cabeza visible, a nuestros padres y superiores, a nuestro país y sus gobernantes. El que está colmado con el don de piedad, considera la práctica de su religión no como una carga pesada, sino como un servicio muy preciado.

El don del temor nos llena de un soberano respeto por Dios y hace que nuestro mayor temor sea ofenderlo por el pecado. Es un temor que surge no del pensamiento del infierno, sino de sentimientos de reverencia y sumisión filial a nuestro Padre celestial. El temor es el comienzo de la sabiduría que nos desprende de los placeres mundanos que pueden, de una u otra forma, separarnos de Dios.


Rezar la Letanía de San José
 
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
—Cristo ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
—Señor ten piedad de nosotros
 
Cristo, óyenos
—Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
—Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial
—Ten misericordia de nosotros
 
Dios Hijo , Redentor del mundo
—Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo
—Ten misericordia de nosotros
Santísima Trinidad, un solo Dios
—Ten misericordia de nosotros
 
Santa María
—Ruega por nosotros
San José
—Ruega por nosotros
 
Noble Retoño de David
—Ruega por nosotros
Luz de los patriarcas
—Ruega por nosotros
Esposo de la Madre de Dios
—Ruega por nosotros
Casto Guardián de la Virgen
—Ruega por nosotros
Padre Nutricio del Hijo de Dios
—Ruega por nosotros
Ferviente Defensor de Cristo
—Ruega por nosotros
Jefe de la Sagrada Familia
—Ruega por nosotros
 
José Justísimo
—Ruega por nosotros
José Castísimo
—Ruega por nosotros
José Prudentísimo
—Ruega por nosotros
José Valientísimo
—Ruega por nosotros
José Obedientísimo
—Ruega por nosotros
José Fidelísimo
—Ruega por nosotros
 
Espejo de Paciencia
—Ruega por nosotros
Amante de la Pobreza
—Ruega por nosotros
Modelos de los Obreros
—Ruega por nosotros
Gloria de la Vida Doméstica
—Ruega por nosotros
Guardián de las Vírgenes
—Ruega por nosotros
Pilar de las Familias
—Ruega por nosotros
Consuelo de los Afligidos
—Ruega por nosotros
Esperanza de los Enfermos
—Ruega por nosotros
Patrono de los Moribundos
—Ruega por nosotros
Terror de los Demonios
—Ruega por nosotros
Protector de la Santa Iglesia
—Ruega por nosotros
 
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
—Ten piedad de nosotros
 
V. Lo hizo Señor de su Casa
R. Y administrador de todas sus posesiones
 
Oremos: Oh, Dios, que en tu amorosa providencia elegiste a San José para ser esposo de tu santísima Madre, concédenos la gracia de tener como nuestro intercesor en el cielo a aquél que veneramos en la tierra como nuestro protector. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Freitag, Februar 18, 2022

Condiciones para seguir a Jesús

Condiciones para seguir a Jesús

Del evangelio según San Marcos Mc 8, 34 - 9, 1


Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿Qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.»

Les decía también: «Yo os aseguro que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios.»

Salmo 112 (111). Elogio del justo

Salmo 112 (111)

Elogio del justo*


¡Aleluya!

¡Dichoso el hombre que respeta a Yahvé,

que encuentra placer en todos sus mandatos!

Su estirpe arraigará con fuerza en el país,

la raza de los rectos será bendita.


Su casa abundará en riqueza y bienestar,

se afianzará su justicia* para siempre.

En las tinieblas ilumina a los rectos,

tierno, clemente y justo*.


Feliz el hombre que se apiada y presta,

y arregla rectamente sus asuntos.

Nunca verá su existencia amenazada,

el justo dejará un recuerdo estable.


No habrá de temer las malas noticias,

con firme corazón confiará en Yahvé.

Seguro y animoso, nada temerá,

hasta ver humillado al adversario.


Da con largueza a los pobres,

su justicia permanece para siempre,

alzará su frente con honor*.


Lo ve el malvado y se enfurece,

rechinando sus dientes, se consume.

Los afanes del malvado fracasan.

La fe y las obras

La fe y las obras

De la epístola de Santiago St 2, 14-26

¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: «Id en paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Pues así es también la fe; si no tiene obras, está realmente muerta*.

Y al contrario, alguno podrá decir*: «¿Tienes tu fe? Pues yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras y yo te mostraré por las obras mi fe». ¿Crees que hay un solo Dios? Estupendo. Pero también los demonios creen, y tiemblan*. ¿Te enterarás de una vez, insensato, que la fe sin obras es estéril*? Abrahán, nuestro padre*, ¿no alcanzó la justificación por las obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por las obras, la fe alcanzó su perfección*? Así alcanzó pleno cumplimiento la Escritura, cuando dice: Creyó Abrahán en Dios y se le consideró como justicia, y fue llamado amigo de Dios.

Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras, y no por la fe solamente. ¿No ocurrió lo mismo con Rajab, la prostituta, que quedó justificada por las obras al dar hospedaje a los mensajeros* y hacerles marchar por otro camino? Porque así como el cuerpo sin espíritu está muerto, también la fe sin obras está muerta*.

Consagración a San José. Día 4

Consagración a San José

Día 4