Hoy por la mañana recordé lo que soñé. Fue algo muy feo. Si bien la primera parte del sueño no fue del todo mala, la segunda parte sí que lo fue.
En algún momento del sueño estábamos varias personas, entre ellas mi esposa y yo, visitando algún lugar, de valor arqueológico o histórico. Era un lugar que se encontraba algunos metros por debajo del mar. Era como una cueva, como un pasaje antiguo.
Estábamos en lo que era una capilla que se construyó en esa parte de la cueva. Y es que había una reja que separaba la capilla de un lugar tenebroso. Del otro lado de la verja había una entrada amplia, circular, que llevaba hacia un lugar prohibido.
Resulta que ésta era una entrada, entre muchas en el mundo, al infierno. Así es. Nos encontrábamos ante una puerta al peor de los lugares. Esta era una visita que estábamos haciendo como turistas. Nos la pasábamos en la capilla, rezando y viendo qué tan fácil era poder accesar al infierno.
Pues resulta que yo en el sueño ya había alguna vez atravesado esa reja y ya había caminado algunos metros, sin haberme atrevido a seguir más. Yo ya había visto en carne viva la aterradora apariencia de aquel lugar. Era una cueva enorme, oscura, iluminada por la lava subterránea y el fuego.
A continuación describiré el camino que los que accedían tenían que pasar. Tras la entrada uno caminaba varios metros por un pasaje circular y oscuro. Después aparecía un puente colgante, y debajo de ésta había lava y fuego. Era todo un peligro pasar por ahí.
A continuación se caminaba unos pocos metros para entonces llegar a una escalinata que bajaba otros tantos metros, al menos diez metros, pero podrían ser más. Era como si tuvieras que sumergirte en la lava. Tras salir de esa alberca de fuego, volvías a subir, pero ahora subías más del doble de lo que uno bajaba. Ahora uno se encontraba en un nivel superior, pero el camino continuaba.
Mientras uno caminaba en ese nuevo nivel, se veía una plataforma superior. Sobre tal superficie, el mismo diablo, o algún otro demonio menor pero de poder grande, recibía a los visitantes, defecando sobre ellos. Tras tal bautismo infernal, algunos metros adelante, se encontraba el tálamo diabólico, la habitación del demonio. Éste era un gigante, con cuerpo de color rojo oscuro, un par de cuernos como de cabra y una figura horrible. Aparentemente estaba dormido. Me imagino que recibiría a los visitantes haciendo más abominaciones con ellos.
Y al final del recorrido, se encontraba un ser con apariencia distinta. Nunca supe si era un ser bueno o malo. Parecía un ángel. Pero lo tenía atrapado, pues lo torturaban. Y unos metros después se encontraba una reliquia, no sé si santa o sacrílega. Era resguardado como un tesoro. No sé si fuera como una sacristía, pero en el infierno.
Yo en mi experiencia infernal sólo había llegado, por curiosidad, hasta donde comenzaba el puente colgante, pero nunca me atreví a cruzarlo.
No sé si este sueño sea para mí como una llamada de atención, o un mensaje para mi conciencia. Últimamente me he sentido muy tentado espiritualmente, y algunas veces he caído en pecados, incluso en algunos de los cuales tenía años de no verme tentado.
Sé que la curiosidad puede hacer a uno caer al pecado. Era muy fácil entrar ahí, pero obviamente en algunas secciones de ese lugar, si caías del puente colgante o si te atrevías a sumergirte en la lava, no creo que pudieras regresar. Y no quiero imaginarme los que eran bautizados infernalmente con los fluídos demoníacos, antes de ser devorados o torturados por el mismo diablo.
¡Qué horrible lugar!
Sabrá Dios por qué soñé con esto. Me sentí como los niños de Fátima, que visitaron el infierno.
En la capilla yo rezaba con mi esposa. Le daban a uno unas varillas que tenían unas puntas dobladas. Esta varilla no era muy larga, pues mediría como unos veinte centímetros a lo mucho. Eran para autoflagelarse, para mortificar los sentidos de uno.
Yo, mientras rezaba, me flagelaba, pero a mi esposa no le gustaba que hiciera eso. La verdad es que esos golpes no me hacían daño. Pero lo que no me gustó es que por más que yo rezaba, mi boca me traicionaba y decía las oraciones incorrectas, no logrando así rezar bien.
A veces me pasa eso y me siento mal. Siento como si el demonio no quiere que yo logre rezarle a Dios.
En la guía turística a esta cueva se nos informaba que en varias partes del mundo existen estas entradas al infierno. Que muchas veces se encuentran en otros lugares turísticos, como en pirámides.
La verdad no me sorprende que efectivamente existan lugares así.