Segundo canto del Siervo
Del libro del profeta Isaías Is 49, 1-7
¡Oídme, islas,
atended, pueblos lejanos!
Yahvé me llamó desde el seno materno;
ya desde el vientre recordó mi nombre*.
Hizo mi boca como espada afilada,
en la sombra de su mano me escondió;
hizo de mí saeta aguda,
en su carcaj me guardó.
Me dijo: «Tú eres mi siervo (Israel*),
en ti se manifestará mi gloria.»
Yo decía: «Por nada me he fatigado,
en vano, por viento he gastado mi vigor.
Pero Yahvé se ocupaba de mi causa,
mi recompensa estaba en mi Dios.»
Ahora, pues, esto dice Yahvé,
que me hizo siervo suyo
ya desde el seno materno,
para hacer que Jacob vuelva a él,
y para que se le una* Israel
—y yo era valioso a los ojos de Yahvé,
mi Dios era mi fuerza—:
«Poco es que seas mi siervo,
para restaurar las tribus de Jacob
y hacer volver lo que quede de Israel.
Te voy a hacer luz de las gentes,
para que mi salvación alcance
hasta los confines de la tierra.»
Eso dice Yahvé,
el rescatador, el Santo de Israel*,
de aquel cuya vida es despreciada,
y es abominado de las gentes*,
del esclavo de los dominadores:
«Lo verán reyes y se pondrán en pie,
los príncipes se postrarán reverentes,
a causa de Yahvé, que es leal,
del Santo de Israel, que te ha elegido.»
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