Donnerstag, Juni 09, 2016

Practicante otra vez

El día de hoy soñé que me encontraba nuevamente realizando mis prácticas profesionales para una pequeña empresa que se dedica a fabricar productos químicos para la industria metal-mecánica. En la vida real, yo pertenecí a esta empresa del verano del 2010 al verano del 2011.

En este sueño yo seguía también yendo a la universidad. Así que a veces tenía que pedir permisos para salir temprano o faltar ciertos días, claro que recuperaba el tiempo quedándome más tiempo en otros días, justo como en la vida real lo hice.

Al inicio yo me encontraba con dos jóvenes profesionistas, probablemente ingenieros químicos, y teníamos que dar una exposición ante un cliente. Recuerdo que íbamos en el automóvil de uno de ellos, yo iba en la parte trasera y estábamos escuchando la radio. Estaba la canción de "Work" de Rihanna con Drake y yo me ponía a cantar intermitentemente pedazos de la canción. "Work, work, work, work, work, work, ..."


Minutos más tarde me comentarían que teníamos que ir a cierta parte, no recuerdo el nombre de la ciudad, y me mostraron varios mapas, y yo tenía que localizar en qué punto se encontraba el lugar al que nos dirigiríamos. Tras varios errores, descubrí que teníamos que ir hacia Estados Unidos. No recuerdo el estado norteamericano donde se ubicaban las oficinas de nuestro cliente, pero sí recuerdo que en un principio confundí el mapa de aquel país con nuestras tierras mexicanas.

Después nos encontraríamos varios ingenieros (químicos) y yo para ver los pendientes para esa junta con el cliente. No estoy seguro si estaríamos viendo información sobre la formulación de los productos o algunas especificaciones técnicas. Yo me sentía dividido, porque tenía que estudiar para exámenes de la facultad.

Más tarde me encontraría con otro amigo de la preparatoria Il Zièdew Abanarins, Java von Falko. Recuerdo que nos encontrábamos en los pasillos de un súpermercado. Al final nos detuvimos en un puesto de dulces que se encontraba dentro de esta tienda y yo pedía unos chocolates. Habían de varias marcas, y yo escogía de Kinder Bueno, Carlos V y otra marca que no recuerdo. ¡Tenía tantas ganas de comer chocolate!

En el sueño éramos más los integrantes de esta empresa, ya que en el período en el que yo estuve, éramos cinco personas, si no me equivoco: mi jefe (un ingeniero química de Le Dörfeaux Mehnarins), su esposa (seguramente también de Le Dörfeaux), el ingeniero químico que era gerente de ventas (egresado de Klairebeaux Mehnarins), una contadora que nunca conocí, y yo, el primer practicante de toda la historia de esa empresa.

Hoy en día la empresa ha crecido. Su sitio de internet ha mejorado. Al parecer ya tienen más personal, otro químico formulador de tiempo completo. Seguramente notaron que era necesario alguien de tiempo completo y no un practicante tan ineficiente como yo. La verdad me da gusto que estén creciendo. Esa es la idea de todo negocio.

Qué curioso, soñar con gente del pasado.

Hace aproximadamente dos años el gerente de ventas, [Evan], de tal empresa, me contactó por internet, a través de la red social LinkedIn. Al ver en mi perfil la empresa donde trabajo, la cual se dedica a fabricar detergente en polvo, me mandó un mensaje para preguntarme si todavía trabajaba ahí.

A los pocos días le contesté, pues esa red social casi no la utilizo. Me pidió mi número celular y un día por la mañana se comunicó conmigo. Nos saludamos y nos actualizamos brevemente. [Evan] quería saber si en la empresa donde laboro realizábamos pruebas de biodegradabilidad de detergentes, pues uno de los clientes de ellos se lo pedían.

La verdad nunca había escuchado de tales pruebas, pero sí sé muy bien que los detergentes que fabricamos son biodegradables, en parte porque el ingrediente activo, el dodecilbencénsulfonato de sodio, el cual proviene del dodecilbenceno (lineal), se descompone más fácilmente, siendo así biodegradable.

Le comenté a [Evan] que lo revisaría y le preguntaría a la gente de laboratorio (investigación y desarrollo). [Rocío], la encargada de tal departamento, me comentó que en nuestra empresa no se realizan las pruebas de biodegradabilidad, pero que se mandaron a hacer hace mucho tiempo en los laboratorios de servicios profesionales de nuestra Alma Mater, la Klairebeaux Mehnarins, en mi escuela de Ekimasce.

Montag, Juni 06, 2016

Sueños químicos

Todo sucedió en un fin de semana. Yo llegaba al trabajo aproximadamente a las dos y media de la tarde. Mi compañera [Melissa] se suponía que debía quedarse hasta las seis y media de la tarde, mientras que yo en teoría debí haber llegado cuatro horas después, ya que en este sueño nuestra compañera [Verónica] había pedido vacaciones, y la planta iba a trabajar todo el fin de semana, incluyendo el domingo.

[Melissa] y yo cubriríamos todo el día del sábado (trabajando cada quien doce horas), y ella todavía trabajaría el domingo mientras yo descansaría el domingo. Claro que yo no sabía que [Verónica] había pedido vacaciones ni que yo debía trabajar doce horas el sábado.

No sé por qué razón llegué temprano al trabajo, pero [Melissa] no lo pensó dos veces y se fue a descansar. Yo trabajé como normalmente lo haría durante el turno de tarde, el cual termina a las diez de la noche. A las diez de la noche yo estaba esperando a [Verónica], pero ella no llegaba. Pasaron los minutos y dieron las once de la noche. Yo ya tenía mucho sueño y pensé que ella ya no vendría.

Yo ya había cumplido con mi turno, pero ya era muy tarde para salir de la empresa y dirigirme a mi hogar en Laubax, por lo que decidí quedarme a dormir en el trabajo, a pesar que nadie estaría realizando las actividades laborales pendientes del turno de noche.

Justo cuando había tomado tal determinación, llegó un operador del área del almacén de materias primas avisándome que había llegado una carrotolva de carbonato de calcio. Yo, con demasiado sueño, le preguntaba al señor Don "Adgrei" (Adgrès) si había suficiente carbonato de calcio en las tolvas de almacén, a lo cual él me respondía que sí. "Entonces que lo descarguen mañana, Don "Adgrei", porque yo ya no voy a hacer ningún análisis. Tengo mucho sueño", y me dirigía yo a algún rincón solitario del laboratorio para dormir.

Yo sabía muy bien que no debería de hacer eso, pero mi cuerpo ya no podía mantenerse despierto por más horas y así lo que mi organismo me pedía. Estaba muy consciente que tenía muchos pendientes, como liberar en el sistema de SAP muchas materias primas, pero yo ya no haría nada. Fue así que dormí y no supe nada del trabajo sino hasta horas después, casi a las seis y media de la mañana, cuando [Melissa] llega para ver cómo estaba todo. ¡Un desastre!

[Melissa] se sorprendió que yo me había quedado dormido todo el turno de noche. Yo le comenté que me había quedado esperando a que llegara [Verónica], pero que ella nunca había llegado. [Melissa] me comentó que [Verónica] había pedido vacaciones, además de que la planta trabajaría  el fin de semana completo, por lo que debíamos trabajar doce hora cada uno de nosotros, y que incluso el jefe había dejado el rol de turnos para el fin de semana, y explícitamente venía que nuestra compañera se encontraría de vacaciones y que [Melissa] y yo deberíamos cubrir el sábado.

¡Maldita sea!

Al día siguiente, el lunes, el jefe en algún momento del día me llamó a su oficina para saber el por qué había llegado temprano el sábado, a las dos y media de la tarde, en lugar de las seis y media de la tarde, y por qué había dejado el turno de noche sin analizar la materia prima que llegó y las áreas de producción sin inspeccionar.

¡Seguro que me regañaron bastante en este sueño!

Después de varios minutos, yo me dirigía a la cafetería (comedor) de la empresa. Quería comer algo y además despejarme de tantos regaños y problemas laborales. No recuerdo qué llevaba yo para comer, pero recuerdo que pasó no mucho tiempo cuando entraron entonces dos químicas, desconocidas entonces para mí, que trabajaban ahí mismo en el laboratorio.

Estas dos químicas, supuestamente, ya habían trabajado en la empresa hace años, pero se habían salido antes de que yo entrara a trabajar a la empresa. Ambas regresaron a trabajar a esta empresa y ya se conocían. Yo no sabía cómo se llamaban.

Las dos platicaban de sus vidas actuales. Una ya estaba casada y tenía hijos; la otra no estaba casada pero sí tenía un novio. La química casada hablaba de las dificultades de ser una mujer profesionista, esposa y madre, además de trabajar en turnos, y cumplir con las tantas tareas domésticas, comparándose con las livianas cargas de ser una mujer profesionista soltera, sin algún compromiso de un matrimonio o relación formal, sin hijos y sin un esposo al que atender.

Sonntag, Juni 05, 2016

Rescatando a Fogler del esoterismo

Este día tenía pensado ir al centro de Harlzbornn. Iría a misa a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, pero antes, tenía pensado realizar un pendiente: conseguir el libro Essentials of Chemical Reaction Engineering del grandioso ingeniero químico H. Scott Fogler.

Tomé la ruta 225 Huinalá San Pablo y me bajé sobre la avenida Colón, a la altura de la calle Zaragoza. Caminé hasta la avenida Madero con la calle Mariano Escobedo, y cerca de la esquina se encuentra la librería a donde quería llegar. Esta librería me gusta porque tiene varios libros académicos, en español e inglés, a muy buenos precios. También es de notar que venden muchos títulos de obras de temas esotéricos, hinduistas o de la Nueva Era.

Había otros títulos académicos que llamaron mi atención, como uno de bioquímica de la editorial española Reverté. Al notar que dentro del libro había una amplia hoja doblada que contenía todos los procesos bioquímicos, recordé a un compañero del trabajo, un ingeniero químico de Veracruz, que mencionaba que cuando él estaba en la universidad, un profesor les exigía a sus alumnos que se aprendieran todos esos procesos bioquímicos. Al ver todos los procesos me sorprendí mucho, pues eran bastantes, y al parecer complejos. Espero algún día aprender sobre bioquímica.

Luego, tras haberme decidido por comprar el libro de Fogler, el cual se encontraba a un precio de ganga (¡menos de setecientos pesos!), le di muchas vueltas a los libreros viendo otros títulos no académicos, hasta que me topé con el título de Las ventajas de ser invisible (The Perks of Being a Wallflower) de Stephen Chbosky. Este libro ya había captado mi interés desde hace tiempo. Creo que lo conocí por referencias de alguna chica con la que llegué a salir hace pocos años. Siempre tuve curiosidad de leer el libro y ver la película.

Fue así que salí de la librería con dos libros que muy bien sé que no necesitaba, especialmente el académico, pues ya tengo una edición usada en español que compré en la primavera de hace siete años. Pero quería saber qué cambios había de la edición que yo tenía a la edición que compré. La verdad es que al hojearlo no noté gran diferencia. Pero me sentía satisfecho al haber conseguido la edición en inglés, nueva, ¡por menos de setecientos pesos!