Montag, Juni 06, 2016

Sueños químicos

Todo sucedió en un fin de semana. Yo llegaba al trabajo aproximadamente a las dos y media de la tarde. Mi compañera [Melissa] se suponía que debía quedarse hasta las seis y media de la tarde, mientras que yo en teoría debí haber llegado cuatro horas después, ya que en este sueño nuestra compañera [Verónica] había pedido vacaciones, y la planta iba a trabajar todo el fin de semana, incluyendo el domingo.

[Melissa] y yo cubriríamos todo el día del sábado (trabajando cada quien doce horas), y ella todavía trabajaría el domingo mientras yo descansaría el domingo. Claro que yo no sabía que [Verónica] había pedido vacaciones ni que yo debía trabajar doce horas el sábado.

No sé por qué razón llegué temprano al trabajo, pero [Melissa] no lo pensó dos veces y se fue a descansar. Yo trabajé como normalmente lo haría durante el turno de tarde, el cual termina a las diez de la noche. A las diez de la noche yo estaba esperando a [Verónica], pero ella no llegaba. Pasaron los minutos y dieron las once de la noche. Yo ya tenía mucho sueño y pensé que ella ya no vendría.

Yo ya había cumplido con mi turno, pero ya era muy tarde para salir de la empresa y dirigirme a mi hogar en Laubax, por lo que decidí quedarme a dormir en el trabajo, a pesar que nadie estaría realizando las actividades laborales pendientes del turno de noche.

Justo cuando había tomado tal determinación, llegó un operador del área del almacén de materias primas avisándome que había llegado una carrotolva de carbonato de calcio. Yo, con demasiado sueño, le preguntaba al señor Don "Adgrei" (Adgrès) si había suficiente carbonato de calcio en las tolvas de almacén, a lo cual él me respondía que sí. "Entonces que lo descarguen mañana, Don "Adgrei", porque yo ya no voy a hacer ningún análisis. Tengo mucho sueño", y me dirigía yo a algún rincón solitario del laboratorio para dormir.

Yo sabía muy bien que no debería de hacer eso, pero mi cuerpo ya no podía mantenerse despierto por más horas y así lo que mi organismo me pedía. Estaba muy consciente que tenía muchos pendientes, como liberar en el sistema de SAP muchas materias primas, pero yo ya no haría nada. Fue así que dormí y no supe nada del trabajo sino hasta horas después, casi a las seis y media de la mañana, cuando [Melissa] llega para ver cómo estaba todo. ¡Un desastre!

[Melissa] se sorprendió que yo me había quedado dormido todo el turno de noche. Yo le comenté que me había quedado esperando a que llegara [Verónica], pero que ella nunca había llegado. [Melissa] me comentó que [Verónica] había pedido vacaciones, además de que la planta trabajaría  el fin de semana completo, por lo que debíamos trabajar doce hora cada uno de nosotros, y que incluso el jefe había dejado el rol de turnos para el fin de semana, y explícitamente venía que nuestra compañera se encontraría de vacaciones y que [Melissa] y yo deberíamos cubrir el sábado.

¡Maldita sea!

Al día siguiente, el lunes, el jefe en algún momento del día me llamó a su oficina para saber el por qué había llegado temprano el sábado, a las dos y media de la tarde, en lugar de las seis y media de la tarde, y por qué había dejado el turno de noche sin analizar la materia prima que llegó y las áreas de producción sin inspeccionar.

¡Seguro que me regañaron bastante en este sueño!

Después de varios minutos, yo me dirigía a la cafetería (comedor) de la empresa. Quería comer algo y además despejarme de tantos regaños y problemas laborales. No recuerdo qué llevaba yo para comer, pero recuerdo que pasó no mucho tiempo cuando entraron entonces dos químicas, desconocidas entonces para mí, que trabajaban ahí mismo en el laboratorio.

Estas dos químicas, supuestamente, ya habían trabajado en la empresa hace años, pero se habían salido antes de que yo entrara a trabajar a la empresa. Ambas regresaron a trabajar a esta empresa y ya se conocían. Yo no sabía cómo se llamaban.

Las dos platicaban de sus vidas actuales. Una ya estaba casada y tenía hijos; la otra no estaba casada pero sí tenía un novio. La química casada hablaba de las dificultades de ser una mujer profesionista, esposa y madre, además de trabajar en turnos, y cumplir con las tantas tareas domésticas, comparándose con las livianas cargas de ser una mujer profesionista soltera, sin algún compromiso de un matrimonio o relación formal, sin hijos y sin un esposo al que atender.

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