El día de hoy, jueves, sí me levanté temprano. Pero no lo suficiente para almorzar algo en la casa. Me vestí y me alisté para salir. Hoy estaba decidido a ir al Instituto de Control Vehícular de Citadel, cerca de mi hogar en Laubax para arreglar el asunto de mis placas del auto, pues hace casi un mes, cuando llovió muy feo, las perdí debido al impulso de la corriente del agua cuando iba manejando por Miguel Alemán en la madrugada.
Llegué a la plaza comercial cerca de las once de la mañana. De papelería llevaba mi licencia de manejo y la copia de la denuncia que realicé en el CODE hace semanas. Mi sorpresa fue que necesitaba llevar la placa que sí poseía aún (la trasera), por lo que tuve que salir y regresar al auto. No traía herramientas adecuadas (desarmador de cruz, preferentemente) para quitar los tornillos que sostienen la placa. Intenté usar el borde de una de mis llaves, pero no funcionó.
No quería regresar a mi casa porque se me hacía tonto haber salido en vano de mi hogar, pero no sabía dónde encontraría desarmadores sin tardar mucho tiempo. Era una decisión algo difícil.
Opté por ir al Office Depot que está del otro lado del estacionamiento. Mi intención era conseguir, además, un teclado alámbrico para computadora, pues el que estaba en mi casa (de la marca Steren) nunca funcionó óptimamente, causándome muchos dolores de cabeza. Justamente ahí encontré un juego de desarmadores, que costaba cerca de 150 pesos. El teclado, de la marga Logitech, costó menos de 200 pesos, según recuerdo.
Al regresar al auto, efectivamente pude quitar sin problema la placa trasera del auto y ahora me apresuré nuevamente al ICV para realizar mi trámite esta vez. Ya eran las doce del mediodía, perdí casi media hora por no ir preparado. Pasé directo a la fila donde me iban a realizar el procedimiento, pues la señorita que me había atendido anteriormente me comentó que podía ir con ella sin hacer fila nuevamente. Esta vez ella estaba ocupada y pasé con su compañera de a lado.
Me pidió mi papelería (licencia y denuncia), la placa y me tomó datos para corroborarlos. Imprimió un formato y me pasó a la caja, donde al pagar ya me entregarían las placas. Y entonces finalmente obtuve mis placas nuevas.
Me fui tranquilo, ya que éste era un pendiente que tenía desde hace varias semanas. Gracias a Dios nunca me detuvieron los oficiales de tránsito por no traer una placa, la delantera. Volví a utilizar el desarmador plano del juego nuevo que compré y puse ambas placas. Ya tenía que llegar pronto a la casa porque debía comprar algo de comer y luego irme a trabajar.
Llegué a la plaza comercial cerca de las once de la mañana. De papelería llevaba mi licencia de manejo y la copia de la denuncia que realicé en el CODE hace semanas. Mi sorpresa fue que necesitaba llevar la placa que sí poseía aún (la trasera), por lo que tuve que salir y regresar al auto. No traía herramientas adecuadas (desarmador de cruz, preferentemente) para quitar los tornillos que sostienen la placa. Intenté usar el borde de una de mis llaves, pero no funcionó.
No quería regresar a mi casa porque se me hacía tonto haber salido en vano de mi hogar, pero no sabía dónde encontraría desarmadores sin tardar mucho tiempo. Era una decisión algo difícil.
Opté por ir al Office Depot que está del otro lado del estacionamiento. Mi intención era conseguir, además, un teclado alámbrico para computadora, pues el que estaba en mi casa (de la marca Steren) nunca funcionó óptimamente, causándome muchos dolores de cabeza. Justamente ahí encontré un juego de desarmadores, que costaba cerca de 150 pesos. El teclado, de la marga Logitech, costó menos de 200 pesos, según recuerdo.
Al regresar al auto, efectivamente pude quitar sin problema la placa trasera del auto y ahora me apresuré nuevamente al ICV para realizar mi trámite esta vez. Ya eran las doce del mediodía, perdí casi media hora por no ir preparado. Pasé directo a la fila donde me iban a realizar el procedimiento, pues la señorita que me había atendido anteriormente me comentó que podía ir con ella sin hacer fila nuevamente. Esta vez ella estaba ocupada y pasé con su compañera de a lado.
Me pidió mi papelería (licencia y denuncia), la placa y me tomó datos para corroborarlos. Imprimió un formato y me pasó a la caja, donde al pagar ya me entregarían las placas. Y entonces finalmente obtuve mis placas nuevas.
Me fui tranquilo, ya que éste era un pendiente que tenía desde hace varias semanas. Gracias a Dios nunca me detuvieron los oficiales de tránsito por no traer una placa, la delantera. Volví a utilizar el desarmador plano del juego nuevo que compré y puse ambas placas. Ya tenía que llegar pronto a la casa porque debía comprar algo de comer y luego irme a trabajar.