Hace días me sentía satisfecho porque había encontrado, según yo, una oportunidad laboral en una empresa de la industria del plástico. Yo me encontraba muy ilusionado, definitivamente perdí el piso y me encontraba entre quimeras y mil sueños.
Había incluso dormido temprano, levantádome temprano, anduve sin prisa, mi esposa me tomó algunas fotos mientras yo posaba muy feliz y contento de que había encontrado trabajo tras dos meses de espera. ¡Pobre tonto!
En la mañana yo salí tan motivado y tranquilo hacia la bodega de la
empresa. Al llegar sí noté que entraban y salían jóvenes hombres.
Faltaban algunos minutos antes de las nueva de la mañana cuando decidí
salir, por querer saber de qué iba todo.
El chico al que alcancé en la entrada de la recepción me preguntó que si yo trabajaba ahí, a lo cual le respondí que era mi primer día (también). ¡Vaya sorpresa! La recepcionista nos comentó que la empresa no estaba buscando a ningún supervisor de producción, que la vacante no existe y que lo que vimos en internet era una mentira. Que no debimos haber hecho ningún pago.
Me dio tristeza ver a jóvenes que a lo mejor están comenzando su trayectoria profesional y ya fueron engañados. Más pena doy yo al ser ya un profesionista con diez años en mi experiencia y haber caído de esa forma por alguien, o varios, entregar ciegamente dinero por una maldita prueba PCR fantasma. ¡Diablos!
Según hace días me habían aceptado para una vacante de supervisor de producción en una empresa al norte de Harlzbornn, casi llegando al sur del centro de Klairebeaux. Fuimos tan tontos, ya que incluso mi esposa, quien tuvo más dudas de la vacante, también cayó en la trampa junto conmigo.
Me pidieron enviarles por correo electrónico mi papelería (INE por ambos lados, comprobante de domicilio, mi CURP), y para terminarla de amolar, el comprobante de pago de los exámenes médicos (prueba PCR), lo cual terminó siendo una estafa, pues ese dinero nos fue robado, pues la vacante nunca existió, y alguien utilizó la imagen y datos de la empresa para engañar, no sólo a mí, sino a muchos jóvenes llenos de esperanza e incluso con menos recursos.
Hubo señales que sí observé y aún así no logré quitar el velo de la mentira. El que nunca me llamaran ni por teléfono o WhatsApp y que nunca me llamaran por mi nombre, esas son señales claras. Nunca hubo un contacto personalizado.
También el hecho de que no posean un dominio privado para su correo electrónico, sino uno público (@gmail.com). Creo que eso fue lo que más me dolió, que fue una gran alarma y aún así fui tan ingenuo. ¡Maldita sea!
Como llevo dos meses sin trabajar, sin generar ingresos y más bien acumulando deudas, mi esposa me ha apoyado en varios de mis pagos, y en esta ocasión no fue la excepción. Ella fue quien transfirió el dinero para la estafa.
Bela Garim se sintió tan molesta que lloró varias veces del coraje, de que se hayan aprovechado de mucha gente. Se dio el tiempo de investigar directamente con la empresa sobre la situación.
Mi esposa investigó el nombre de la persona cuya cuenta fue a la que depositamos, buscó su cuenta de Facebook y le dio pena ver que parecía ser una buena persona, un buen esposo. ¿Será que él sea una de las personas defraudadoras?
A mí lo que me da rabia, más que el fraude, es el hecho de que sigo sin trabajo, que sigo teniendo deudas, y que pude haber dejado pasar otras mejores oportunidades por haberme ilusionado con tal oferta estúpida, además de entregar dinero de mi esposa a desconocidos. ¡Malditos!
No volverá a pasar. Seremos más listos, menos ingenuos. ¡No dejaremos que se burlen de nosotros!
¡Queremos justicia!
¡Quiero un trabajo!