La verdad no me molesté que no haya querido ir. Le dije que luego iríamos juntos. Comprendo que mi novia es temerosa del virus, obviamente cuidándose y cuidando a su familia.
Salí poco después de las seis y media de la tarde de mi casa, pero gracias a Dios, o mejor dicho, gracias a la Divina Providencia, providencialmente llegué a las siete de la tarde con un minuto afuera de la parroquia que queda frente a los condominios Constitución. Por fin pisé una iglesia tras cuatro meses y tanta falta me hacía.
Una de las cosas que admiro mucho de la comunidad de aquí de la Divina Providencia es que una comunidad provida, sin esconderlo. En una de las puertas de la entrada hay un anuncio que nos recuerda que oremos por el fin del aborto. Ojalá más iglesias, si no es que todas, sean providas.
Ya una vez dentro del templo y tras mi reverencia al altar, tomé un asiento de la banca del lado derecho a la entrada. Ya habían unas dos personas más en la misma banca, son la sana distancia.
A los pocos minutos comenzó la esperada celebración. Me gustó mucho la primera lectura, la cual corresponde al libro del profeta Jeremías, pues incluye los siguientes versículos:
Del libro del profeta Jeremías 2,2
Ve y grita a los oídos de Jerusalén:
Esto dice Yahvé:
De ti recuerdo tu cariño juvenil,
el amor de tu noviazgo;
cuando tú me seguías por el desierto,
por tierra no sembrada.
Me encanta demasiado cuando en la Palabra de Dios podemos ver el amor de Dios hacia su pueblo como una pareja de amantes, del Novio y la Novia, de un par de enamorados. A mi parecer, es lo más real y aterrizado a nuestra relación con Dios.
Durante la homilía, cuando ya me encontraba con algo de sueño, pues no había dormido en la tarde y estaba despierto desde las cinco de la mañana, el sacerdote mencionaba cómo era el lenguaje técnico y la importancia de ciertos conceptos, mencionando por ejemplo, las integrales del cálculo para los ingenieros. Lamentablemente no puse tanta atención ya a la homilía por mi cansancio.
A la hora de la liturgia eucarística, el sacerdote dijo cómo sería la recepción del Cuerpo de Cristo: Recibiendo la hostia en la mano izquierda y tomándola para consumirla con la mano derecha, siempre frente al sacerdote, y tras todo esto ponerse gel antibacterial. ¡Maldito virus!
Poco después terminaría la celebración eucarística y al menos la mitad de los que asistimos a misa nos quedamos a la hora santa. Extrañaba mucho el estar frente a frente con mi Jesús.
Pronto vi que una mujer se había formado en la fila de la confesión y no tardé en formarme después de ella. Tanto que quería recibir de nuevo la Gracia de Dios y por fin la obtendría ya.
Cuando finalmente fue mi turno de pasar a confesarme pude notar que tienen una mesita al fondo del confesionario, sobre la cual hay una El sacerdote al confesar fue muy objetivo y claro, además de ser muy atento, pues al preguntar mi nombre y escucharlo mencionó al santo que más se conoce con tal nombre: Hènnard do Klairebeaux.
Casi al final de la confesión me preguntó que si seguía las misas por internet, a lo cual respondí que últimamente no. Le comenté que, naturalmente, no me gustaba esta situación (de la contingencia, la sana distancia y las restricciones en las iglesias), como seguramente a nadie le ha gustado, pero que me ha costado seguir las transmisiones de las misas los domingos.
La verdad es que no le he dedicado el tiempo a la Palabra de Dios últimamente, ni a las celebraciones litúrgicas en línea. Parece que extraño más ir a misa y a los templos, y más con mi novia. He caído mucho en las distracciones de las redes sociales y en el cansancio de trabajar tantas horas los fines de semana.
Me propongo seguir más de cerca la Palabra de Dios e ir a misa entre semana en la medida de lo posible, pues en la zona metropolitana de Harlzbornn han suspendido nuevamente las misas los fines de semana.
Esta noche fue linda estar frente a Jesús Eucaristía. Lo necesitaba tanto y gracias a Su Misericordia que he recibido Su Gracia. ¡Muchas gracias, Dios! ¡Te amo!




