Montag, Dezember 26, 2022

'La mujer' por Edith Stein. Parte 1. Introducción

La mujer
por Edith Stein

[Parte 1]

Introducción


1. Semblanza biográfica

Edith Stein nació el 12 de octubre de 1891 en Breslau (entonces Alemania, hoy ciudad polaca de Wroclaw). Era la más joven de los once hijos de una familia judía. En aquel tiempo cuatro de sus hermanos ya habían muerto siendo niños. El padre, Siegfried Stein, fue maderero de profesión. La pequeña Edith le perdió cuando tenía unos dos años. Desde entonces la madre Auguste se encargó de la tienda familiar y la sacó adelante, pasando de una situación de crisis a otra de gran prestigio. Era una mujer decidida, judía firme y fiel, que influía con energía en sus hijos. Edith tenía en ella el modelo de una madre de familia que sabía compaginar perfectamente las exigencias de la profesión con las de la casa, y que se dedicaba con esmero a la educación de sus hijos.

A los seis años Edith fue matriculada en un colegio de su ciudad. Como era una alumna excelente, los parientes le reprochaban ser ambiciosa y le llamaban "la niña inteligente". "Esto me dolía mucho", confiesa más tarde, "porque sabía ya desde pequeña que es más importante ser buena que ser inteligente". A pesar de la fuerte personalidad de su madre, la hija pequeña empezó pronto a recorrer su propio camino. A los catorce años declaró -contra la voluntad de todos sus profesores- que no le gustaba estudiar más, y se dio de baja en el colegio. Fue a Hamburgo para vivir con su hermana Else, que estaba casada con un médico. Ayudó a Else en las cosas del hogar y fue conociendo aquella gran ciudad del norte de Alemania. A partir de ese momento se retiró más y más del Dios de la Antigua Alianza, que su madre le había enseñado, siguiendo en esto el ejemplo de unos hermanos suyos. Decidió "con mucha conciencia y libertad" no rezar ya más. A la vez estaba convencida de haber nacido para algo muy grande.

Después de un año, Edith volvió a Breslau y entró de nuevo en el colegio. Simpatizaba entonces con los movimientos que luchaban por los derechos legítimos de la mujer: una formación profesional adecuada, la igualdad política y social, un trabajo realizable en condiciones humanas, etcétera. Sus inquietudes con respecto a estos temas se revelan en un pequeño poema que fue publicado por sus compañeras en el periódico del colegio cuando Edith hizo el bachillerato, en 1911. En un tiempo en el que las mujeres todavía no tenían el derecho de voto (sufragio), se caracterizó a la joven bachiller de esta manera:

"Igualdad para la mujer y para el varón,
así clama la sufragista.
Ciertamente la veremos algún día
en el ministerio".

Después del bachillerato, Edith se consideró atea durante diez años. Comenzó entonces para ella la gran búsqueda de la verdad, que quería lograr con las solas fuerzas de la razón. Todavía no comprendía lo que muchos años más tarde iba a afirmar: "Quien busca la verdad, busca a Dios, sea consciente, sea inconscientemente".

Por de pronto Edith se quedó en Breslau siendo una de las primeras universitarias de Alemania. Estudió germánicas, historia y también psicología. Sin embargo, aquella "ciencia sin alma", como se llamaba a la psicología de su tiempo, le decepcionó profundamente y se apartó rápidamente de ella. Interesada vivamente por las cuestiones femeninas se hizo miembro de la "Asociación prusiana para el sufragio  de las mujeres" (la meta del voto se consiguió sólo en 1918). "Siendo alumna y universitaria joven, fui una feminista radical", dice de ella misma. Cuenta en sus memorias que solía discutir fuertemente con su hermana Erna y sus dos mejores amigas sobre la tarea y misión de la mujer. Mientras que las otras tres estaban dispuestas a dejar la profesión en favor de una familia futura, sólo ella declaraba que jamás haría semejante cosa. Pero añade con buen humor que, años más tarde, cuando Erna y sus amigas estaban casadas, las tres trabajaban también fuera de casa; ella, en cambio, que siguió la vocación religiosa, contrajo un compromiso de amor al que sacrificó su profesión con alegría. Pero hasta entonces faltaba todavía mucho camino por recorrer.

En 1913, Edith se trasladó a Göttingen donde enseñaba Edmund Husserl (1859-1938), el famoso fundador de la fenomenología, que iba a ser su maestro por algún tiempo. Entre sus discípulos se encontraban también Max Scheler, Adolf Reinach, Hedwig Conrad-Martius y muchos otros pensadores jóvenes. En este círculo, Edith aprendió a estudiar filosofía sin prejuicios ni tabúes de ninguna clase. Quedó impresionada tanto por la objetividad de la fenomenología como por el rigor de su método científico; fue, en última instancia, "el ethos de la rectitud de intención" (para conocer la verdad) lo que le impulsó a seguir adelante en sus estudios. A raíz de este ethos, no pocos discípulos de Husserl llegaron a abrazar la religión católica. Entre ellos se encontró también Max Scheler, que inició este camino a la fe a partir de algunos pensamientos filosóficos, realmente fascinantes. Para Edith fue el primer contacto con el cristianismo, hasta entonces completamente desconocido. Su modo de pensar se estaba transformando ya notablemente cuando hizo la licenciatura en 1915.

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